Zermeño, una historia de tráfico de influencias

Zermeño, una historia de tráfico de influencias

Por: Marcela Valles

La trayectoria política de Jorge Zermeño, cuya conclusión podría ser esta tercera alcaldía caracterizada por la opacidad administrativa y el desdén al reclamo popular, obliga a un análisis sobre cómo el panista ha hecho carrera cobrando favores y buscando en sus influencias el acomodo laboral y político de sus hijos mayores.

El primero de diciembre de 2006, por primera vez desde que existe el actual sistema político mexicano, la transición presidencial se encontraba en riesgo. La Cámara de Diputados era un pandemónium en el cual los partidos opositores estaban tratando de evitar la toma de posesión de Felipe Calderón Hinojosa como legítimo presidente de la república.

Por esas cosas de las circunstancias, Jorge Zermeño Infante, presidía la Cámara y luchaba, sin mucho éxito, por calmar la agitadísima sesión.

Finalmente, en una maniobra penosa, Felipe Calderón entró por una puerta trasera y, con un grupo de panistas haciendo las veces de fuerza de contención y de choque, se pasó por encima de la mesa un pequeño atril, para que el nuevo presidente jurara sobre la constitución su toma de posesión y, acto seguido, se retirara del recinto.

Felipe Calderón, hombre de rencores pero también generoso en el uso del poder para hacer favores a sus incondicionales, cerró ahí una deuda de honor muy grande con Zermeño Infante, quien podía haber estado o no ahí, pero el caso es que estaba en el lugar adecuado a la hora adecuada.

A partir de ese día, del 2007 al 2012, el gobierno calderonista no podía ser más generoso con el diputado panista y ex alcalde de Torreón.

Apenas instalado como presidente de la Cámara de Diputados, Zermeño Infante inició los preparativos para contraer matrimonio con Astrid Casale, una modesta conductora de televisión del Grupo Multimedios Estrellas de Oro de Torreón, a quien casi le doblaba en edad (tienen una diferencia de 26 años entre sí).

La noticia podría haber sido un acontecimiento social discreto, dado que no era el primer matrimonio de él ni la primera relación de ella (él tres hijos de su primer matrimonio; ella madre de una niña), pero la revista española Hola, considerada la publicación de sociales más vendida en el mundo de habla hispana, dedicó la portada de su edición del primero de febrero de 2007 a la pareja Zermeño-Casale, con un reportaje de cinco páginas a interiores.

Surgió así el cotilleo y las bromas en el medio político, lo que se remató con una fastuosa boda realizada en Torreón el 9 de febrero de ese 2007, con la asistencia de Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala como padrinos y, en calidad de testigos, Diego Fernández de Cevallos y Ricardo García Cervantes, además de la presencia de una parte de la cúpula panista nacional, todos custodiados por el estado mayor presidencial.

No fueron los medios, sino él, quien hizo ostentación de su boda y la convirtió también en un fastuoso acto político. Zermeño Infante se posicionaba así como el político del momento; el amigo personal del presidente de la república, quien accedía a ser su padrino de boda.

En la segunda semana de junio de 2007 Zermeño Infante, en compañía de su nueva esposa y con un grupo de allegados, realiza un viaje a Japón y Corea, con los pretextos que siempre se ponen a los viajes de los legisladores, con servicios de primera y, por supuesto, con cargo al erario de la Cámara de Diputados.

En ese viaje se le da forma a una decisión que se había tomado un poco antes, por la cual, animado por Astrid Casale, Jorge Zermeño decide pedirle al presidente Felipe Calderón que le haga embajador de México en España.

La Cámara de Diputados tenía una dinámica conflictiva, sin una mayoría para el partido del presidente, con un PRD muy agresivo y un PRI en posición de revancha. Las tensiones eran muchas, lo mismo que el trabajo, aunque se tuviera a disposición todo el presupuesto y las relaciones, pero finalmente la presidencia de la Cámara iba a durar para Zermeño sólo un año.

Irse a Europa todo el sexenio, a una de las embajadas más cómodas y más suntuosas para un diplomático mexicano, era un plan bastante atractivo, porque implicaba, entre otras cosas, un  sueldo excelente, superior a los 200 mil pesos mensuales, una mansión o más bien palacete equipado de lujo en la zona más cara de Madrid y todo un cuerpo de servicio, que implicaba desde cocineras hasta choferes, viajes por toda Europa y más allá, porque nadie le iba a negar nada al amigo del presidente.

Para Astrid Casale, una muchacha que había llevado económica y socialmente una dificultosa vida, sobreviviendo con su madre, dos hermanos y su pequeña hija en una casita de clase media baja en la calle Comonfort, en la parte vieja de Torreón, al grado de que uno de los hermanos le tenía que cuidar a la pequeña para poder ir a trabajar, en un empleo que sólo le daba lo suficiente para medio pasar la quincena, irse a Europa era un sueño de hadas y así se lo manifestaría a la prensa española.

Había un aparente problema: Zermeño Infante jamás había pertenecido al servicio diplomático mexicano y no tenía la más mínima preparación para desempeñar un cargo así, pero el servicio diplomático fue pasado por alto por indicaciones de la presidencia.

¿Esto es honesto políticamente? Para todos los observadores fue un claro tráfico de influencias; el hacer algo porque el presidente de la república te debe un favor.

Durante su estancia en España como embajador, Zermeño Infante cobró no menos de 15 millones de pesos solo por ingresos directos, pues no tenía que gastar absolutamente en nada; todo corría con cargo a la embajada.

Muy probablemente para darle un revés a la comunidad española de La Laguna, Astrid Casale, promovió que la revista Hola le volviera a dedicar un muy extenso reportaje, en su edición del 15 de noviembre de 2007, donde fue cuidado cada detalle, como el que Astrid Casale posara con ropa y zapatos de diseñadores, a los cuales se les da el respectivo crédito; el maquillaje y la fotografía también fueron minuciosamente cuidados, porque finalmente Hola es el escaparate del jet-set internacional y la nobleza europea.

¿Todo esto fue gratis? No suele ser así y lo ordinario es que se cobre en dólares, y carísimo, pero lo cierto es que se puso ante la opinión pública la forma ostentosa de vida del embajador y su esposa, lo que levantó la crítica en México, pero había que volver a que era el amigo del presidente, el que lo apoyó en aquellas horas angustiosas en que estuvo a punto de no tomar posesión, lo que por cierto marcaría todo su sexenio.

TRES HIJOS: ORGULLO DE SU NEPOTISMO

Cuando a Jorge Zermeño lo entrevistan, se enoja si le tratan con cuestionamientos típicos para un político. “Yo no soy como los demás”, le increpa al reportero, pero realmente es el estereotipo de aquellos políticos panistas que explotaron, por todos los medios, los dos sexenios de Acción Nacional en el poder federal.

Desde el año de 1991, en que se convierte en diputado federal, Jorge Zermeño comenzó a vivir de la política, lo que le permitió regresar a la Ciudad de México para radicar en ella la mayor parte de su tiempo.

En 1996 un grupo de mujeres de clase alta, impulsadas por políticos del propio priismo que estaban enfrentados con Mariano López Mercado, quien fue destituido después de una larga pugna con el gobernador Rogelio Montemayor Seguy, llevaron a Jorge Zermeño por primera vez a la presidencia municipal.

María del Carmen Fernández era la cabeza visible y ocupó la primera regiduría, convirtiéndose en una especia de vice-presidenta municipal. Sin su consentimiento pocas decisiones se tomaban en aquel gobierno.

Terminado su periodo en la presidencia municipal, Jorge Zermeño se convirtió en senador de la república del 2000 al 2006, que comprendió el periodo de Vicente Fox. Nuevamente se radica la mayor parte del tiempo en la ciudad de México.

En ese mismo 2006 se convierte nuevamente en diputado federal y vienen los acontecimientos referidos, sobre su periodo como embajador de México en España, donde sigue gozando de las bondades del poder lejos, muy lejos, de una región lagunera convulsionada por la violencia que desató Felipe Calderón en la llamada “guerra contra el narcotráfico”.

Pero antes de irse a España tenía otra tarea: colocar en la nómica federal a sus tres hijos y tratar de que uno de ellos, Alfonso, iniciara una carrera política.

A Jorge Zermeño González, lo coloca nada menos que como Director Nacional de Sistemas de la SAGARPA, con un sueldo y prestaciones equivalentes a la de un alto ejecutivo.

Alfonso Zermeño González es colocado como asesor del Secretario de Economía, Bruno Ferrari, de donde pasa a secretario privado del nuevo Secretario Gerardo Ríos Mateos. De ese cargo pasaría a Director Coordinador General de la Comisión Nacional Bancaria y de Seguros. Todo lo anterior sin tener ni experiencia ni méritos profesionales previos, sólo por la recomendación de su padre.

Siempre con un perfil más discreto, Eduardo Zermeño González es colocado también en un alto cargo de la burocracia federal.

Al mismo tiempo, toda la familia Zermeño González estaba en la nómina, lo cual se llama nepotismo y es una forma de corrupción, que no diferencia en nada a Zermeño Infante de otros políticos.

Antes de que termine el periodo de Felipe Calderón, Jorge Zermeño Infante mueve sus relaciones en la cúpula panista-calderonista para convertir a su hijo Alfonso como candidato a diputado local por el VII distrito local de Torreón. Su campaña es un completo fracaso.

Cuando vuelve de España, Jorge Zermeño quiere regresar a la ciudad de México y pide ser senador de la república, lo cual se lo niega la nueva camarilla que controla al panismo estatal, lo que le lleva a sostener un conflicto director con Luis Fernando Salazar Fernández, el hijo de Carmiña Fernández, cabecilla visible del movimiento que había colocado a Zermeño en 1996 como presidente municipal. Cosas del destino.

De 2012 a 2017 Zermeño Infante no desempeña trabajo alguno, pues no tiene necesidad de ello. La familia en general ya se encontraba en una posición más que desahogada económicamente.

El 22 de junio de 2015 se casa Alfonso Zermeño González en una lujosa boda realizada en la Hacienda San Agustín en Atlixco, Puebla, con al menos 400 invitados.

El invitado especial a la boda fue Felipe Calderón Hinojosa, quien por cierto se presentó solo, sin Margarita Zavala. La presencia del ex presidente atrajo la atención de los medios de comunicación locales.

Ya para este año Alfonso Zermeño gozaba de una muy holgada posición económica, aunque después de su fracaso electoral en Torreón no pudo hacer una carrera política como la que deseaban él y su padre.

En 2017, con 68 años de edad y ya en el aparente retiro, Jorge Zermeño logra regresar a la política electoral y se hace de la candidatura a la presidencia municipal de Torreón, en una coyuntura que le era muy propicia, debido a la pésima imagen política que habían heredado los hermanos Moreira al PRI local y estatal.

Apenas en el 2015 había sido derrotado en las urnas como candidato a diputado federal por el VI Distrito de La Laguna, frente a un candidato de bajo perfil, en lo que parecía su retiro de la política, pero nuevamente las circunstancias le presentaban su mejor cara en 2017.

Con 70 años cumplidos, luego de la reelección de 2018, Zermeño inicia su tercer gobierno municipal, el cual terminaría con 73 años, cuando el propio Felipe Calderón se ha retirado del PAN y su camarilla.

Este tercer gobierno se avizoraba, ahora sí, como su retiro, pero, sin importarle el hacer un cierre del compromiso adquirido, ha dejado a un suplente al frente del ayuntamiento para buscar, por cuarta ocasión, una diputación federal y retornar a la ciudad de México, donde ha vivido mucho más tiempo que en Torreón.

EL PROYECTO: LA FAMILIA ZERMEÑO

Todas las filtraciones políticas apuntan en una sola dirección: el principal propósito de Jorge Zermeño Infante es consolidar la posición económica de sus tres hijos mayores, pues él ya ha acumulado el suficiente patrimonio para sí mismo.

Durante todo 2018, 2019 y 2020, Zermeño ha realizado uno de los gobiernos municipales más opacos en su rendición de cuentas que haya habido en los últimos años.

La casi totalidad del dinero público destinado a obras y servicios se ha gastado por medio de la asignación de contratos a modo, sin dar a conocer detalle de los proveedores, entre los cuales aparecen empresas y personajes foráneos, algunos de ellos de la ciudad de México.

La corrupción no sólo se ha negado sino que se ha solapado, tanto en la administración general como en organismos tan importantes como el SIMAS.

Cada vez es más abierto el señalamiento de que los hijos del alcalde pueden estar interviniendo de manera directa en el manejo de asuntos municipales, pero desde una muy cómoda posición de anonimato. El último señalamiento está relacionado con el intento de asignación de un contrato por casi 60 millones de pesos para limpiar los lotes baldíos de la ciudad, según lo han filtrado los regidores y síndico de oposición.

Desde el pasado gobierno, que sólo duró el año de 2018, la entonces síndica de vigilancia, Dora Elia Salinas, en compañía del regidor Sergio Sarmiento, denunciaron la existencia de una empresa proveedora del ayuntamiento, denominada Laguna Global Business, a la cual se hicieron adquisiciones hasta por 10 millones de pesos, de artículos como cosméticos, transportaciones, despensas, entre otros, cuando su giro era de electrónica.

Nunca existió una explicación satisfactoria al respecto por parte de la tesorería municipal.

Uno de los productos que más adquirió el gobierno municipal de Torreón durante estos tres años fue pintura, tanto de tráfico como de varios tipos para “hermoseamiento” de canchas y espacios públicos. Había una especie de compulsión por pintar.

Debido a la mala calidad de la pintura de tráfico, los regidores de oposición solicitaron los montos gastados en pintura por el ayuntamiento y las empresas proveedoras. La Dirección de Mantenimiento Urbano y otros funcionarios mintieron sobre el proveedor, señalando a la distribuidora de una conocida marca de pintura, que se encargó de desmentir públicamente que fuera la proveedora.

Nunca se puso a disposición la información de cuántos millones se han gastado en pintura y quiénes son realmente los proveedores.

El principal contratista del ayuntamiento en obras menores, que son la mayoría, es una persona de la Ciudad de México que es completamente desconocida en el medio local y regional de la industria de la construcción.

El 3 de mayo de 2019, los integrantes de la fracción priista del ayuntamiento, encabezados por la síndica de vigilancia, Dulce María de las Mercedes Pereda Ezquerra, pusieron una denuncia contra Jorge Zermeño Infante ante el Congreso del Estado, por las presuntas irregularidades que favorecieron con contratos por cerca de 181 millones de pesos a la empresa “Supervisión Técnica del Norte, SA de CV”.

Esta empresa, a la cual se le asignaron contratos por 93 millones 844 mil pesos en el año de 2018 y en el primer trimestre de 2019 otros 86.6 millones de pesos, presenta un domicilio fantasma en la ciudad de Torreón, ubicado en la calle Torre de Londres número 183, de la colonia Las Torres.

Los contratos a esta empresa incluyeron desde sistemas de radiocomunicación hasta servicio integral de motocicletas, además de puntos de monitoreo inteligente, servicio integral de administración de flotillas y equipo de radiocomunicación, principalmente.

Hasta el 2 de mayo de 2019 y por presiones de la oposición, el gobierno de Jorge Zermeño integró el Comité de Compras, obligado por requisitos de transparencia, lo que le da una gran opacidad a las adquisiciones realizadas hasta ahora.

En la última licitación pública nacional, CE-805035999-E06, para la contratación de “prestación del servicio integral de administración de flotillas”, se programó para el día 17 de abril la presentación y apertura de proposiciones y el fallo del procedimiento se programó para el día 19 de abril, el cual fue el viernes de la semana santa, inhábil para todos los trabajadores del ayuntamiento, lo que levantó aún más suspicacias y reforzó las anomalías que están debidamente documentadas

Toda la opacidad generada en 2018 y parte de 2019, generó una presión que hizo crisis el 8 de mayo, con la renuncia del tesorero municipal, Jaime Hernán Sirgo Ortiz, quien para presentar su renuncia al cargo argumentó motivos personales de salud y necesidad de atender sus negocios y asuntos familiares, dejando toda una serie de asuntos sin explicación y lo que ya se percibe como un desorden en el manejo de las finanzas municipales, que se da en buena medida por la intervención de personas externas en la toma de decisiones de la administración municipal.

Desde 1994, hace 25 años, la familia Zermeño González comenzó a vivir del erario público y ahora se ha convertido en cuatro familias, que estaban teniendo un gran ingreso, especialmente en el gobierno calderonista, pero hoy su única fuente económica importante es el gobierno municipal de Torreón, a menos que se demuestre lo contrario con hechos concretos.

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