La nueva guerra: del Chapo al fentanilo

La nueva guerra: del Chapo al fentanilo

Por: La redacción

En su más reciente libro, “La nueva guerra. Del Chapo al fentalino” (Grijalbo, 2020), el periodista Jorge Fernández Menéndez hace un estudio sobre el panorama actual de las organizaciones del narcotráfico en México, con dos temas centrales: el reacomodo de los cárteles debido tanto a sus cambios internos y alianzas como a las políticas obradoristas de combate al narco, y la introducción de una nueva droga ideal para el negocio, el fentalino.

En México se ha dado un reacomodo de las grandes organizaciones criminales, del cual han surgido dos enormes organizaciones, siete de menor tamaño y decenas de bandas criminales relacionadas con éstas, todas ellas de muy alta peligrosidad y expandiéndose ante la ausencia de una estrategia gubernamental de seguridad, donde la política de abrazos no sólo ha fracasado, sino que se ha convertido en un estímulo para el crimen en todo el país.

El fentanilo, una droga sintética hasta 10 veces más poderosa que la heroína y de una letalidad aterradora, al grado que ha prendido las alarmas en los organismos de seguridad y salud en Estados Unidos, es la droga nueva con la cual los cárteles, especialmente el de Sinaloa, están atacando el mercado norteamericano, con un rendimiento económico altísimo y muy grandes facilidades para su producción y su tráfico.

Estos son los dos temas centrales desarrollados por el periodista y especialista en el tema del narcotráfico, Jorge Fernández Menéndez, en su más reciente libro, titulado “La Nueva Guerra, del Chapo al Fentanilo”, publicado a finales de 2020 por Grijalbo. Este libros es la revisión más reciente al sórdido mundo del narcotráfico en México, uno de los problemas más graves y que no está siendo atendido por el nuevo gobierno federal y tampoco lo tiene como prioridad, lo que tendrá que cambiar con la llegada del demócrata Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos.

En su análisis, Fernández Meléndez expone, desde su perspectiva, el panorama general que se está presentado a nivel nacional:

“En el tema del narcotráfico, sigo pensando que hay dos grandes cárteles solamente, como cárteles. A mitad del gobierno de Calderón había hasta siete cárteles muy importantes. Cuando decimos cárteles, estamos hablando de una organización criminal que en términos del narcotráfico va desde el primer ámbito, hasta el último. O sea, desde la producción de la droga, hasta el lavado de dinero, el tráfico y la compra de armas, la colocación en el mercado y demás.

“Ahora hay como dos grandes soles: el Cártel de Sinaloa y el CJNG. En torno a esos soles hay distintos planetas, vamos a llamarlo así, que son distintas organizaciones, que a veces se les llama cárteles, que siguen existiendo, pero de alguna forma giran en torno a la órbita de esos dos soles. Entre ellos están los Guerreros Unidos, los Beltrán Leyva y otras organizaciones, que son siete aproximadamente en ese ámbito. Y luego, en torno a los planetas hay muchos satélites, muchas bandas que de una forma u otra terminan trabajando en algún capítulo de la producción, o de las actividades de esos grandes cárteles. Terminan trabajando con ellos”, expone Fernández.

Después del Cártel de Sinaloa y del CJNG, las organizaciones de alto impacto son el Cártel del Golfo, Cártel de Juárez, Los Viagra, Guerreros Unidos y los Beltrán Leyva, a los cuales Santiago Nieto, director de la Unidad de Inteligencia Financiera, UIF, habría que agregar a grupos como el Cártel Independiente de Acapulco (CIDA), Los Rojos, Cártel del Noreste y a los autodenominados cárteles que operan en Ciudad de México.

Sobre estos últimos, Fernández Menéndez asegura que “hay grupos de los que se les denomina cárteles y en términos reales no lo son. El Cártel de Tepito, por ejemplo, en la Ciudad de México, no es un cártel. Es un grupo criminal peligrosísimo que se dedica a muchas actividades ilícitas, pero depende de otros grupos, la Anti Unión (Tepito) depende del CJNG. El autodenominado Cártel del Marro o de Santa Rosa de Lima, no es un gran cártel, es una organización criminal dedicada al robo del combustible y otras actividades como la extorsión, robo y secuestro, pero no es un cártel como tal. Lo que queda de los Arellano Félix son grupos que se han disuelto y trabajan sobre todo para el Cártel de Sinaloa o Jalisco. Lo mismo ha pasado con Los Zetas”.

Vendrían, enseguida de esas organizaciones que operan en todo el país, al menos cerca de cien organizaciones criminales “que trabajan cotidianamente de una, alguna, u otra forma, relacionadas con estos grupos, pero son organizaciones diferentes, mucho menores. Eso no las hace ni más, ni menos peligrosas, pero así es como está distribuido, digamos, el escenario criminal”.

Reitera que los cárteles sólo son dos y actualmente pasan por transiciones generacionales debido al debilitamiento de sus líderes, no así de las organizaciones.

Del Cártel de Sinaloa, Jorge Fernández, detalla que nunca estuvo aniquilado, ni remotamente con la captura y extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Sólo terminó una época, y para él, sigue siendo el cártel más poderoso en México. “Más que un cártel, yo lo digo, es un holding que tiene una estructura más flexible. Hay cuatro o cinco grandes grupos que están en disputas entre ellos también, pero que se coordinan para realizar sus actividades. Eso les da mayor posibilidad de trabajar. No está tan centralizado como las otras organizaciones criminales, como el Cártel Jalisco Nueva Generación, por ejemplo. Yo creo que es una realidad, es una organización criminal que está y va a estar muy presente”.

La situación actual del líder de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada, que ya tiene más de 70 años de edad, con sus hijos y hermano detenido, le han dado un rol con una suerte de “padrino” entre las distintas agrupaciones de ese cártel, asevera el analista, lo que ha motivado una transición generacional para la futura sucesión. Menciona a “Los Chapitos”, al hijo de Juan José Esparragoza “El Azul” (recientemente fallecido a causa de la COVID-19) y paradójicamente a Rafael Caro Quintero, que también forma parte de ese grupo.

“Creo que están en un proceso de transición, y en ese proceso, de manera similar, también se encuentra el Cártel Jalisco, por otras razones, pero básicamente porque su líder, ‘El Mencho’, está enfermo. No de tan extrema gravedad, como se publicó en alguna ocasión, que estaba a punto de morir, pero ya se están disputando la sucesión dos operadores. Uno, es supuestamente un hijo que tiene fuera del matrimonio, que le dicen ‘El 03’, y otro personaje que es un muy poderoso, que le dicen ‘El Sapo’”.

 

 

ANÁLISIS DE LA DEA

 

En la Evaluación Nacional de Amenazas de Drogas 2020, la DEA estadounidense considera que el Cártel Arellano Félix continúa con su operación, principalmente en Tijuana, sosteniendo un resurgimiento de la violencia en esta frontera, al forjar una alianza con el CJNG.

Sobre el CJNG, el informe destaca que “a pesar de las pérdidas de liderazgo, ha ampliado su alcance geográfico y mantenido su propia cohesión mientras explota la escisión de la organización de Sinaloa. Se considera un cartel extremadamente poderoso, con presencia en 27 de los 32 estados mexicanos en 2020. Su reputación de violencia extrema e intimidante continúa”.

Por lo que ve al Cártel de Sinaloa, la DEA refiere que se trata del clan criminal más antiguo establecido en México y está compuesto por una red de organizaciones más pequeñas. El análisis refiere que esta agrupación está en declive, citando su desintegración en facciones y la violencia de las tensiones inter e intraorganizacionales, por lo que el CJNG ha aprovechado sus falencias para expandirse. La fricción entre las dos principales partidas del Cártel de Sinaloa “se intensificó en mayo y junio de 2020, con violentas luchas internas entre una facción liderada por los hijos de El Chapo Guzmán (Los Chapitos) y aquellos alineados con una facción bajo ‘El Mayo’ Zambada”.

Del Cártel de Juárez se advierte un debilitamiento en su actividad por la pérdida de la plaza desde 2016 ante la batalla por el control que presuntamente ejercen los cárteles de Sinaloa y CJNG. En cuanto al Cártel del Golfo, la DEA sostiene que se mantiene en el comercio de cocaína y marihuana, pero se ha expandido a heroína y metanfetamina, contrabandeando al sur de Texas la mayoría de sus envíos de droga.

Por su parte, Los Zetas se han fragmentado ante las escisiones que dieron pie a la formación del Cártel del Noreste y Los Zetas Vieja Escuela, aunque continúan traficando una variedad de drogas, incluida la heroína y la cocaína, a través de centros de distribución en Laredo, Dallas y Nueva Orleans.

De los Beltrán Leyva se señala un posible desmoronamiento ante el arresto de muchos de sus líderes, por lo que se estima que las facciones disidentes de esta organización dependen de alianzas flexibles con el CJNG, el Cártel de Juárez y elementos de Los Zetas para trasladar drogas a través de la frontera.

En lo que corresponde a los grupos de Michoacán, como Los Caballeros Templarios, se aprecia que, tras la detención de su líder, Servando Gómez Martínez “La Tuta”, la suerte del clan se desplomó. Y de La Familia Michoacana, el informe revela que, aunque se creía una organización disuelta, sigue activa tanto en Michoacán como en Guerrero, especializándose en la producción y el contrabando de metanfetamina, junto con el tráfico de otras drogas sintéticas. También trafica marihuana y cocaína, además de regular la producción de heroína.

EL FENTANILO

Para Jorge Fernández Menéndez, en el predominio y expansión de los cárteles hay un factor de despegue, sobre todo para los de Sinaloa, pues a su parecer, se adelantaron a otros grupos criminales “y les permite operar, quizá con una lectura equivocada de algunos grupos, de que son menos violentos o que son menos narcotraficantes que otros, vamos a decirlo, y no es así, la realidad no es ésa. Todos estos grupos utilizan o dejan de utilizar la violencia de acuerdo a sus necesidades, de coyuntura, momentáneas a la capacidad de control que tienen en un territorio u otro”.

En todos los sentidos, el fentanilo es un gran negocio para los cárteles. Es mucho más barato, más fácil de tener, de producir y de traficar. Es una droga que está de moda. Entonces, se puede vender a precios relativamente baratos a comparación de otras, pero con una enorme utilidad.

Fernández asegura que la utilidad por la producción y destino final de esta droga es diez veces superior a la heroína, “pero no solamente diez veces superior gramo por gramo, sino que para producir heroína necesitas tener terreno, cultivar amapola, tener campesinos, luego hay que cortarla y sacar la goma de opio; esa goma hay que llevarla a un laboratorio donde hay que tener una serie de productos químicos para transformarla en heroína y luego llevarla al mercado”.

En el caso del fentanilo, los traficantes importan el producto en estado puro, que es un farmacéutico de uso universal. Se recibe en algún puerto marítimo o aeropuerto de México, y con unos pocos kilos, se producen miles de dosis. Lo único que se requiere es una máquina para hacer pastillas y algunos otros productos que se consiguen fácilmente.

“No solo la utilidad es muchísimo mayor para los narcos, sino todo el costo de producción, de transporte y además es muy sencillo. Algo de lo que se está viendo y se va a ver en los próximos meses en Culiacán, es la enorme cantidad de laboratorios que están en simples cocinas de casas y departamentos, y desde ahí se trabaja. No es como con las metanfetaminas, hemos estado en este tipo de laboratorios que se huelen a kilómetros, por ello tienen que estar en lugares de la sierra y en despoblado. Aquí no, lo tienen en la cocina de una casa y desde ahí trabajan”, detalla Jorge Fernández.

El fentanilo llega por el Océano Pacífico. Hay otras rutas, pero los embarques más relevantes se registran en los puertos de Lázaro Cárdenas y en Manzanillo, situación que explica la violencia que hay en esas regiones, entre Michoacán, Jalisco y Colima. En ocasiones también arriba a Sinaloa, a través del puerto de Mazatlán, y “es muy fácil su manejo y transporte. Lo que decíamos, no necesitas una tonelada de fentanilo. Con 10 kilos de fentanilo, que se pueden esconder en cualquier parte de un vehículo, de un contenedor, pues no huele y no se percibe a simple vista, hacen miles y miles de dosis. La cantidad que hay que utilizar para una dosis de consumo es muy baja, son miligramos simplemente, entonces, es muy fácil transportarlo, sigue esas rutas terrestres”.

Y cuestiona: “¿Por qué no entra tanto por Tamaulipas y Chihuahua? Ahí existe otro tipo de consumo, como es cocaína y otras drogas que van por allá. La razón es sencilla, queda más lejos, y el tráfico que hay en los laboratorios, están sobre la costa del Pacífico y sobre esa zona”.

Para finalizar, el autor de varias obras relacionadas con el narcotráfico aludió el tema de Tamaulipas, “siempre fue un poco diferente Tamaulipas que Jalisco, Sinaloa o que Baja California, y en este ámbito, me parece que lo sigue siendo”.

La Nueva Guerra del Chapo al Fentanilo, Jorge Fernández Menéndez, Editorial Grijalbo.

Periódico Zeta.

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