Querido Kurt

Por: Daniel Herrera

Escritor y músico lagunero

Twitter: @puratolvanera

Nevermind: un regalo con 30 años

No es por ser irrespetuoso, en realidad quería escribirle una carta a Nevermind, pero supe que parecería Homero Simpson. Ya sabes, el capítulo de la temporada 15 donde el FBI revisa sus cartas. Espera, la temporada 15 fue transmitida en el 2003. Creo que no la conoces. 

En fin, te escribo porque es algo que te debo desde que tenía 14 años. Porque fue tu segundo disco el que me acompañó durante mi adolescencia. A partir de los 12 me llené de odio hacia todo y todos. Normal en una adolescente que venía de una familia fracturada y que se sentía atascado en una ciudad pequeña y con pocas expectativas. 

Sí, era adolescente, pero también me sentía un bicho extraño. A veces me sigo sintiendo así. En aquel entonces, no me gustaba nada de lo que amaban mis contemporáneos. Tampoco sabía qué debía hacer. Los videojuegos me aburrían y las muchachas no me hacían caso. Leer era uno de mis refugios, pero necesitaba algo más y la vieja música de mis padres ya no era suficiente. Entonces llegó el grunge a mi vida. Más específicamente, llegaste tú a través de un video en donde salía tu grupo tocando en una cancha de básquet y unas porristas con tatuajes y un signo de anarquismo en su uniforme y un grupo de jóvenes brincando como nunca antes había visto.

¿Quiénes eran esos? Decía que se llamaban Nirvana y la canción Smells Like Teen Spirit. Por supuesto, quería ese álbum, pero no tenía dinero. Pude conseguirlo después de juntar dinero aquí y allá. Tomó tiempo, quizá no tanto, pero más de lo que yo hubiera querido. No lo compré en CD, fue un cassette que ahora está desaparecido. Aunque, es probable que ya no sirviera a estas alturas, porque lo escuché una y otra vez hasta que la cinta comenzó a arruinarse.  

Hace poco compré Nevermind en CD y creo que debería conseguir también el vinil. ¿Qué más puedo hacer por ese disco que en septiembre cumple 30 años y que me abrió la mente a la música de mi generación? Después llegaron muchos grupos más: Alice in Chains, Stone Temple Pilots, Soundgarden, Pearl Jam, Mudhoney, Melvins, Butthole Surfers, Black Flag, Jane’s Addiction, Morphine. Fue la manera que conseguí de escuchar algo más que a Metallica o Guns y formó en mí cierto gusto por un rock menos complaciente que el que siempre piden en los bares a los grupos de covers. 

Mientras tú ibas construyendo tu segundo disco en la mente, también te dedicaste a escribir una especie de autobiografía, pero te salía mejor la música. También, mientras comenzaba la promoción de Nevermind terminaste enamorado de Courtney Love. Algunos dirán que ella fue quien te mató, pero sabemos bien que fue la fama y tu propia ineptitud para lidiar con el éxito. A lo mejor tuvo algo que ver el desprecio que mostraron hacia ti algunos músicos que se mantuvieron fieles al under y que vieron a Nirvana como traidores a la causa punk. 

Lo ideal, tal vez, es que fueras como Calvin Johnson y su grupo Beat Happening, o como Ian MacKaye y Fugazi y que Nirvana se hubiera mantenido como una gloria del indie. Pero, si así hubiera sucedido creo que a mi generación le habría faltado algo, atrapados entre AC/DC y los remanentes del hair metal. Y mira que me encanta AC/DC.

Porque una cosa era la red independiente en Estados Unidos, con sus tiendas punks, sus estaciones de radio universitarias y los múltiples lugares donde giraban y giran los grupos sin disqueras gigantes.  Otra es este país, donde lo más que podía aspirar era a escuchar algún oscuro programa de metal los sábados por la noche o ver MTV en la madrugada para encontrar algo de rock y metal que me dijera algo. 

Por eso me alegro que hayas conseguido el éxito tan repugnante y que el grunge se volviera el último gran momento del rock antes de retirarse de las listas de éxitos. Soy feliz porque yo estuve ahí, casi con 15 años, fascinado y encontrando la música que me definía en ese momento. Si no fuera por eso, por esos apenas tres o cuatro años en que el grunge reinó, no sé qué habría pasado conmigo. Por eso escribo esta carta, Kurt, para agradecerte que hiciste Nevermind, a pesar de que eso te llevó a la muerte, de alguna u otra manera. 

Después de ese álbum, casi no te seguí la pista. Escuché In Utero, pero no conecté igual. Además, tenía toda esa otra música por escuchar que me estaba esperando. No había manera de que pudiera mantenerme como fan from hell de Nirvana. En realidad, jamás tu grupo fue mi favorito, pero fue el primero. Y los primeros amores se quedan ahí hasta la muerte. 

En septiembre cumplimos 30 años, Kurt, tu disco y yo, de conocernos. He vuelto a él varias veces a lo largo de este tiempo. Ahora que me siento a la mitad de mi vida, y que, tal vez, esté en esa crisis de la edad mediana, he vuelto a escucharlo y no le movería ni una nota. Aquellas canciones que no podía comprender por ser demasiado joven, hoy me parecen nostálgicas porque ya pasé por ahí, pero algo ha quedado de mi juventud. 

Cierro esta carta esperando que dentro de diez o veinte años tu disco siga funcionando como hasta hoy. Si no es así, entonces nada habrá valido la pena, Kurt, ni siquiera el esfuerzo de levantar esa escopeta y volarte la cabeza el cinco de abril del 94 a las 11:30 de la mañana. Pero sé que dentro de muchos años, todo habrá valido la pena. Lo sé.

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