Martín Dihigo Llanos, beisbolista inmortal del Unión Laguna

Martín Dihigo Llanos, beisbolista inmortal del Unión Laguna

Por: Eduardo Rodríguez

Para hablar de una leyenda bien podía uno comenzar como en las fábulas y decir: “Hubo un tiempo en que existieron hombres cuya grandiosidad los hacía parecer gigantes…”. Pues bien, en el beisbol de la Comarca Lagunera hubo una vez, hace ya casi 80 años, hubo un hombre que jugó, entrenó y dirigió el equipo Unión Laguna, que es considerado por la crítica más severa como el mejor jugador de beisbol que ha existido en todos los tiempos: el cubano Martín Dihigo Llanos, quien le dio al equipo su primer campeonato, de tan solo dos que ha logrado conseguir en sus 80 años de historia.

Era un hombre físicamente portentoso: 1.93 metros de estatura y 100 kilogramos de peso, “sin una sola onza de grasa”, como lo refiere la crónica de la época; un atleta superdotado que podía jugar las nueve posiciones que existen en este deporte, pero que se destacó como un jardinero derecho espectacular, con un cañón por brazo derecho, un lanzador extraordinario y un bateador que dejó un récord de .307 de por vida, pero tuvo varias temporadas con promedios inclusive por encima de .400 y lanzó el primer juego perfecto en la historia del beisbol mexicano.

Era un cubano que amaba su país, nacido en 1906 en Limonar, provincia de Matanzas, hijo de un militar que combatió en la guerra de independencia de su país. Fue de esa generación que vivió en la Cuba anterior al dictador Fulgencio Batista, al cual rechazaba, que ayudó a la revolución y al ascenso de Fidel Castro, y murió en 1971, en los primeros años de la nueva dictadura, antes de tener que ver la decadencia en que ésta sumió a una patria que amaba tanto.

Su grandeza era tal que forma parte del salón de la fama de cinco países diferentes: Estados  Unidos, México, Cuba, República Dominicana y Venezuela.

Comenzó a jugar como profesional en su país en 1922, de donde se pasa a las llamadas Ligas Negras, en los Estados Unidos, y se convierte en toda una figura, iniciando con los Cuban Stars como primera base y luego en otros equipos, de 1923 a 1936 y un periodo breve en 1945.

Mientras él rompía récords en los estadios, la sociedad norteamericana vivía el peor periodo de una segregación racial brutal, que obligaba a los jugadores a dormir en hoteles astrosos, de tercera, donde tenían prohibido usar la ducha y tenían que comer en fondas miserables, porque les estaba prohibido ingresar a los restaurantes o utilizar el transporte público donde viajaran blancos.

Era frecuente que los jugadores, la mayoría de ellos verdaderos talentos, completaran su sueldo pasando sus gorras entre el público para pedir su cooperación.

Es muy probable que estas terribles experiencias le motivaron a incursionar en el beisbol de México y de los países caribeños, donde fue tratado como lo que era: un prodigio al que se referían como “El maestro” y posteriormente como “El inmortal”.

Dos años después de su última temporada en Estados Unidos, en 1945, ingresó en medio de una gran controversia el primer jugador de raza negra a las grandes ligas: Jack Robinson, en 1947, un extraordinario jugador, pero no al nivel excepcional de Martín Dihigo.

SU ESTANCIA EN MÉXICO Y LA LAGUNA

Dihigo Llanos se traslada a la Liga Mexicana en 1937 y jugaría hasta el 1944, para regresar nuevamente en 1946, 1947 y 1950.

La mejor temporada de su carrera la jugó en 1938, mientras el mundo vivía la segunda guerra mundial. Fue con Los Rojos del Águila de Veracruz y sus números son impresionantes: .387 promedio de bateo; 18 ganados y 2 perdidos como lanzador; .90 de carreras limpias y 184 ponches, para hacer campeón a los veracruzanos que le idolatraban, ganando su primera triple corona como lanzador.

En los periodos de invierno jugaba en Cuba, República Dominicana y Venezuela, para luego regresar a la Liga Mexicana.

Además de tener el don excepcional de poder jugar todas las posiciones, fue entrenador, manager y comentarista radial en la época de oro de la radiodifusión cubana.

Después de haber ganado gran fama en la Liga Mexicana, el Unión Laguna logra contratar a Martín Dihigo como jugador, entrenador y manager del equipo, por cuatro temporadas, cuando el prodigio cubano tenia ya 35 años y venía de una lesión en el brazo.

Una vez que logró integrar la que los cronistas reconocían como una escuadra plagada de talentos, en 1942 lleva al nuevo equipo norteño a ganar el campeonato de la Liga Mexicana, en una temporada irrepetible, donde el propio Dihigo ganó por segunda ocasión la triple corona como lanzador y Jesús “El Chanquilón” Díaz es designado como el novato del año.

Un equipo que puso en el mapa a lo que era entonces una modesta ciudad norteña, sólo famosa por su algodón.

La herencia de Martín Dihigo se prolonga hasta 1950, año en que Guillermo Garibay Fernández, como manager, lleva el equipo a obtener su segundo campeonato y después, penosamente, han transcurrido 70 años sin que el equipo vuelva a subir al podio de campeón y, en los últimos tiempos, sería una pena si fuera visto por aquellos grandes peloteros de la década de los cuarenta, en especial “El Inmortal”.

Dihigo muere en su natal Cuba en 1971, por infarto cerebral, cuando tenia solamente 66 años de edad. La dictadura castrista no le ha hecho memoria como es debido a su enorme legado, pero en 1977 es electo al Salón de la Fama en Cooperstown, New York, además de formar parte del salón de la fama de su propio país y de los otros tres países donde jugó: México, República Dominicana y Venezuela.

En la discusión sobre quién ha sido el más grande jugador de todos los tiempos a nivel mundial, en 1988, para su libro “Blackball Stars”, el autor John Holway entrevistó al beisbolista Buck Leonard, miembro del salón de la fama y quien pudiera haber sido el primer afroamericano en jugar en las grandes ligas de haber nacido años después, según analistas. Leonard declaró sobre el cubano: “Si él no es el mejor, no se quién es. Toma tus Ruths, Cobbs y D. Maggios. Dame a Dihigo”.

Comentarios de Facebook
Facebook
Twitter
LinkedIn

Lo más visto

Te podría interesar: