Los políticos y la historia

Por: Álvaro González

En la mayoría de las culturas modernas se tiene un concepto de la historia lineal, como si los sucesos de la humanidad siguieran la línea del tiempo sólo dividida por el antes y después de Cristo. Toda la historia occidental está recopilada y narrada en este sentido, pero los mayas, una cultura prehispánica que se desarrolló en aislamiento del resto del mundo, tenía, como otros pueblos de este periodo en América, un concepto circular de la historia.

El comportamiento humano está regido por el comportamiento cósmico y éste es circular, como el giro diario de la tierra sobre su propio eje; la elipse de la tierra alrededor del sol y la repetición puntual de los fenómenos cósmicos observados, que vuelven cada cierto tiempo.

En este pensamiento histórico circular se completan ciclos que se cierran para volver a iniciar uno nuevo.

Para los occidentales, a los cuales nos hemos integrado como cultura, la historia humana es un referente que avanza desde un inicio (la creación del mundo) hasta llegar a un punto final (el juicio final) lo que está inspirado en la doctrina cristiana.

La discusión en torno a si la historia es lineal, circular, finita o infinita, parece íntimamente relacionada a la discusión de si la humanidad avanza hacia un progreso ilimitado, pensamiento que dominó mucho todo el periodo moderno y contemporáneo, pero que hoy está sujeta a una revisión, sobre todo en dos sentidos: un mayor pesimismo sobre el futuro de la humanidad, que plantea como posible su desaparición, y también un mayor pesimismo sobre el progreso, no sólo en sentido material de la generación de bienes y riqueza, sino en el comportamiento de las sociedades.

En un pensamiento lineal, que apunta hacia un progreso ilimitado, la aparición de figuras como las de Adolfo Hitler resultan una contradicción, como también es una contradicción la aparición de figuras como la de Donald Trump, un sátrapa que, en tan solo cuatro años, sacó lo peor que hay en el subsuelo de la sociedad y la cultura norteamericana, trayendo de vuelta el racismo colonial, el absolutismo medieval y ciertas formas de ejercer el poder político que se supone estaban desaparecidas de la sociedad norteamericana; la democracia más vieja y estable del mundo.

Los hechos muestran que el mundo vive y vivirá cambios muy drásticos en el transcurso de esta década que inicia, donde los políticos juegan un papel central, protagónico, que puede ser para el bien de sus respectivos países o para el daño de los mismos.

Aprender del pasado es un adagio que pareciera inicialmente de sabiduría, pero esto depende de lo que aprendan del pasado los políticos.

Latinoamérica es una región del mundo donde parece haber una gran dificultad para que los políticos dirijan gobiernos que avancen hacia modelos más progresistas y nuevos. Los siglos cambian y las formas de pensamiento que en su momento fueron una desgracia se repiten. Todo parece que la forma de caminar es dar dos pasos hacia delante y uno hacia atrás.

Ahora mismo los políticos mexicanos que han llegado al poder parecen estar hurgando en el siglo pasado y antepasado sus modelos de referencia; hombres viejos con ideas viejas que se quieren imponer a una sociedad y cultura que ya es diferente, pero esto no sólo pasa en México, acaba de pasar en el país más poderoso y rico del mundo, nuestro vecino.

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