Sobrevivir el 2021

EDITORIAL

El año de 2020 fue un año oscuro, no sólo para México sino para todo el mundo. Tuvo un inicio ya difícil en lo económico, pero normal en todos los demás aspectos. De no ser por la brusca caída del crecimiento económico nacional y los conflictos que se comenzaron a generar por las decisiones del nuevo gobierno federal, su inicio hubiera sido como el de cualquier otro año.

Pero en el mes de febrero comenzó una pesadilla terrible con la aparición de la pandemia del coronavirus, que llevó al confinamiento y al trastorno de toda la vida social y económica. De pronto el escenario se oscureció para darle paso al temor y a la angustia de perder el ingreso con el que se sustentaba a la familia o, por lo menos, su disminución.

A medida que el 2020 se adentró en la pandemia, que inicialmente se veía como un periodo mucho más corto y transitorio, se fue convirtiendo en un problema mayor, para terminar con cifras de contagios y mortandad enormes, como no se habían visto desde el periodo revolucionario de principios del siglo pasado.

Este año de 2021 inicia con augurios de penalidades económicas, sociales y de salud previstas. Aunque será también un año oscuro, extremadamente difícil, a nadie tomará por sorpresa y sí con la experiencia de lo vivido en 2020.

La gran esperanza de recuperar la normalidad en la vida social es la vacuna, pero ésta llegará con lentitud y muy probablemente con complicaciones para su eficiente aplicación a toda la población del país. Es un proceso que se extenderá hasta ya bien entrado el 2022, pero finalmente todo indica que, en materia de salud, es la luz al final del túnel.

En lo económico las cosas son muy diferentes: el 2021 se muestra como un año en el que las inversiones, el empleo y las posibilidades de consumo de los mexicanos caerán en una severa crisis, que se puede prolongar por años, en la cual es muy importante la política económica de un gobierno que, hasta ahora, desgraciadamente, ha mostrado graves desaciertos.

El periodo de gracia para este gobierno se ha terminado; las palabras y las promesas no alcanzarán, por muy floridas que éstas sean. La sociedad mexicana tendremos que exigir, a través de las urnas y por todos los medios al alcance, decisiones eficientes y resultados, sin más demagogia sobre el pasado político o futuro del país, porque lo que importa es el presente que estamos viviendo, en el cual los más pobres no pueden esperar y las clases medias están en el inminente riesgo de perder un bienestar que ha costado generaciones construir.

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