Leer la música

Daniel Herrera

Escritor y músico lagunero
twitter: @puratolvanera

Siempre sucede. Cada dos, cuatro o seis meses, aparece alguna serie, documental o película que consigue hacer mucho escándalo en medios digitales. Las opiniones explotan y los expertos declaran que estamos ante la obra más grande del año. Después, al paso de las semanas, esa obra se diluye y el público está presto a esperar el nuevo más importante evento del año.

Normalmente sucede esto en Netflix, la nueva Televisa, aunque cualquier plataforma es proclive a crear estas burbujas de interés.

He decidido no dejarme arrastrar por la avalancha. Observo que un producto televisivo causa emoción a muchos y me alejo de eso hasta que la euforia pasa. Entonces, a veces, decido ver algo que elevaron al Olimpo y, casi siempre, termino confirmando que el público mexicano tiene una exigencia a la altura de las telenovelas de TVAzteca.

Mientras escribo estas líneas, he observado la euforia que causó la docuserie Rompan todo, en la cual, supuestamente, se aborda la historia del rock latinoamericano. No iré más allá, no he visto ni un capítulo y no sé si lo haré en el futuro. En realidad, todo esto es una excusa para hablar de mis lecturas. Lo digo porque se me ocurrió tuitear una frase insufrible, lo sé, pero real para mí: No necesito ver una serie de Netflix para aprender sobre rock mexicano. Para eso ya leí a José Agustín.

Tuve una serie de respuestas muy divertidas, desde aquel que quería convencerme a fuerza de que tenía que ver la docuserie, pasando por quien me insultó directamente, hasta quienes decidieron participar en la burla de alguna manera. Incluso ya convirtieron el tuit en meme. Creo que fue un buen día.

Todo esto para explicar que algo fundamental sobre la acción de escuchar música: leer sobre ella puede dar más datos y abrir la mente de forma tanto o más efectiva que sólo oyendo.

Parte fundamental de mi gusto por la música es lo que me han dado los libros. Desde autores de ficción que recurren una y otra vez a la música como parte de la obra, hasta las biografías y autobiografías de un montón de músicos que he leído desde hace años.

Estos libros han funcionado como vasos comunicantes entre distintos grupos. Por ejemplo, gracias a José Agustín descubrí, muy chavo, apenas entrando a la adolescencia, la música que se escuchó en Avándaro. También me llevó por la historia del rock de los sesentas más allá de los típicos grupos de siempre y fue él quien primero que me habló de The Cars.

Gracias a la lectura también pude entender al jazz. De mis primeros libros sobre el género fue, por supuesto, un clásico: El Jazz, de Joachim Berendt. A partir de ahí fueron llegando otros, aunque mi autor favorito de jazz es Ted Gioia. Estas lecturas me guiaban en la búsqueda de la música, pero también me hacían soñar con aquella que no podía encontrar. Ésa era una de las desventajas de vivir en esta ciudad: leía más sobre ciertos discos que jamás podría encontrar. Hasta que llegó el Internet.

Desde entonces, mi problema es al revés. Ahora avanzo lentamente con las lecturas porque puedo escuchar cada una de las canciones que son mencionadas por sus autores. No puedo saber cuál manera es más ventajosa.

Entre las biografías y autobiografías que han pasado por mis manos destacan la de Ozzy Osbourne, Bruce Springsteen, Keith Richards, Miles Davis, Charlie Mingus y Elvis Presley. Hay otras que de plano son aburridas y muchas que no he podido leer o conseguir. La mejor, sin duda es la de Ozzy. Es divertida, inverosímil y creíble al mismo tiempo. Está llena del Ozzy más entretenido. También rezuma cocaína y alcohol, justo como era la vida de rockstars hasta hace poco. Es un testimonio de un gran momento en la música. Además, la vejez del cantante no lo convierte en un anciano retrógrada, sólo en un viejo alcohólico. Termina uno convencido de que Ozzy fue, bueno, es el rockstar más interesante que ha pisado este planeta.

Luego está la autobiografía de Keith, en donde entendí por qué la música de los Stones suena como suena. O el libro de El Jefe, quien explica de dónde surge su música y cómo ha luchado por mantener cierta honestidad en cada álbum, durante todos esos años de carrera.

Uno de los libros que más han transformado la forma en que escucho y pienso la música es Yeah! Yeah! Yeah! de Bob Stanely. En esta obra se explica los mecanismos del pop y su funcionalidad en la sociedad contemporánea. En este caso, pop es aquella música que se comercializa masivamente, no importa si el género es rock, metal o jazz. El autor hace una revisión histórica del pop y sus múltiples raíces y ramas en Estados Unidos. Este libro me liberó de ciertos prejuicios y me hizo comprender ese constante reciclaje que existe en la música popular más como un acierto que como un defecto.

También tengo libros sobre rock mexicano, como Guaraches de ante azul de Federico Arana o El otro rock mexicano de David Cortés. Me faltan, por supuesto, porque el rock hecho aquí y su historia parecen estar siempre en una perpetua construcción cultural. Así que siempre aparecerán nuevos volúmenes sobre el género.

Debo tener algunos libros más sobre otros géneros y sobre música en general, pero no he podido revisarlos todos. Estoy consciente de que es un espacio infinito y que mis posibilidades de comprender a la música son tan pequeñas que es ridículo mi intento. Pero eso no me detiene, porque justo de eso se trata. Escuchar música y leer hasta el día de mi muerte.

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