¿La FGR tras Rubén Moreira?

Por: Gerardo Lozano

Rubén Moreira era un funcionario público de tercera fila antes de la aparición de su hermano Humberto en la política. El cargo más alto que había alcanzado era el de secretario privado del Secretario General de Gobierno.

Tal vez, pese a su arrogancia, nunca hubiera pasado de ese nivel, pero al llegar su hermano Humberto a la presidencia municipal de Saltillo, a la Secretaría de Educación Pública, la gubernatura del estado y la dirigencia nacional del PRI, la suerte le cambió de modo radical.

Más que preferir un cargo alto en el gabinete, Rubén pidió la dirigencia del PRI estatal y se dedicó a formarse una estructura electoral para, en su momento, hacer su propia campaña por la gubernatura.

Además de manejar el PRI estatal, en los pasillos del palacio de gobierno estatal se manejaba la idea de que Rubén se encargaba, de facto, de la política interna en el estado, que hacía muchas de las funciones que le eran propias al Secretario General de Gobierno.

Aunque hermanos, los Moreira son dos personalidades completamente distintas: Humberto es un sujeto festivo, carismático, muy poco eficiente como administrador y con una disipación personal en muchos sentidos, lo que le llevó a cometer errores graves en su desempeño como gobernador, cuando ya no se encontraba bajo la tutela de Enrique Martínez y Martínez.

La enorme deuda pública que le heredó a la población coahuilense es parte de esa disipación personal, por la cual muchas cosas sumamente delicadas, como la seguridad y las finanzas públicas, las manejaba con una irresponsabilidad de escalofrío.

Por su parte, Rubén es una persona de mal carácter, prepotente en ciertos momentos, arrogante casi siempre, mucho más dado que su hermano a la cuestión ideológica y también más racional, sin el carisma y la festividad de Humberto y, a diferencia de la mayoría de sus hermanos, optó por la abogacía y no por el magisterio como profesión inicial.

Sus dos primeros años de gobierno, y en apariencia ya desde su campaña, sus estados de ánimo eran cambiantes, lo que le hacían una persona difícil al trato. Padeció en ese tiempo de un cáncer de próstata, que le mantenía alterado.

Otra faceta de Rubén Moreira muy importante fue su segundo matrimonio, con Carolina Viggiano, una política del estado de Hidalgo, parte del equipo de Miguel Osorio Chong, secretario de Gobernación, quien siempre ha aspirado a la gubernatura de su estado nativo.

Aunque aparecía como primera dama, Carolina Viggiano siempre se mantuvo en la práctica distante de Coahuila, pero muy cercana a Rubén, en quien influyó ideológicamente en algunos temas relacionados con la equidad de género, aborto y otros temas de la agenda llamada vanguardista, muchos de los cuales fueron legislados por el Congreso Estatal y agregados a las leyes, pero en la práctica no tienen aplicación.

Otro personaje de muy poco carisma y carácter difícil, Carolina Viggiano siempre fue vista como un persona foránea y extraña al estado. Una mujer empoderada que no reparaba en gritonearle al propio Rubén en público. Hoy es la secretaria del Comité Ejecutivo Nacional del PRI y se desconoce si continúa su relación con Rubén en lo personal, pero muy probablemente sigue siendo una relación política muy importante para el exgobernador.

RUBÉN Y SUS DEUDAS

Si Rubén no hubiera sido el sucesor de su hermano Humberto y hubiera llegado a la gubernatura por sus propios méritos, podría haber sido bien calificado como gobernador, pero su relación con Humberto es simbiótica, por más que sea una relación de amor y odio.

Rubén le debe a Humberto su carrera política y ése es un antecedente fatal, determinante. Lo primero y lo más grave que tuvo que hacer Rubén por Humberto fue “legalizar” la enorme e inexplicable deuda que heredó, junto con Jorge Torres López, el gobernador interino.

De no ser su hermano, Rubén tendría que haber procedido en contra de Humberto y de Jorge, porque, en ese momento, la deuda podía haber sido discutida legalmente, ya que había sido contraída en buena medida sin la autorización del Congreso del Estado y mediante procedimientos fraudulentos, los cuales fueron aceptados por los bancos en teoría sin haber una debida verificación documental, lo cual era increíble, debido a lo enorme de las cantidades que fueron prestadas.

La deuda fue aprobada por el Congreso del Estado y quedó formalizada y luego renegociada, con lo cual el gobierno estatal se obligó a pagar un poco más de 4 mil millones de pesos anuales solo por concepto de deuda, por un periodo de casi 30 años. El mayor daño a las finanzas públicas de Coahuila en toda su historia.

Al mismo tiempo que enfrentaba este problema que provocó un encontronazo entre los dos hermanos, al reclamarle Rubén a Humberto el “mugrero” que le habían dejado, se dio al asesinato del hijo mayor de Humberto a manos del cártel que controlaba Coahuila, como una venganza de los criminales al considerarlo como un traidor, debido a la política implementada por Rubén de erradicar el cartel de los zetas del estado, lo que pudo hacer en buena medida gracias a la acción de la Marina Armada, en el último año de Felipe Calderón Hinojosa.

Humberto y su familia culparon a Rubén de lo sucedido, lo que fue el motivo que terminó de causar el conflicto entre los hermanos, que cayeron en una relación cainita, la cual se desconoce si persiste hasta la fecha, pero fue algo real durante todo el periodo de Rubén como gobernador, contra lo que opinan algunos políticos de la oposición que la consideraban como una simple simulación. Hay testimonios directos de que el enfrentamiento era violento y cada uno tomó su camino político.

EL GOBIERNO DE RUBÉN

Con la deuda encima heredada por Humberto, Rubén pudo sacar adelante su gobierno gracias a que el poder federal era manejado por un gobierno priista, con el cual tenía muy buena relación, de tal forma que fluyeron recursos económicos de varios fideicomisos y fondos federales que, en conjunto, compensaban la enorme pérdida de recursos por el pago de la deuda y sus intereses.

Así transcurrió gran parte del sexenio, pero las cosas se complicaron en lo político-electoral, al tener que enfrentar toda la crítica y la irritación ciudadana, que fue canalizada por el PAN en el 2013 y en el 2017.

El PAN ganó varias alcaldías, entre ellas la de la capital del estado, y perdió, por un margen apretadísimo, la gubernatura del estado.

Ya en el 2016 y 2017, especialmente en el 2017, Rubén Moreira enfrentó dificultades para cubrir el gasto corriente de su gobierno y heredó una deuda a proveedores, entre documentados y no documentados, cercana a los 4 mil millones de pesos, pero además se filtraron demandas de la detección de algunas “empresas fantasma”, manejadas por funcionarios de su gobierno.

Se mencionó entonces que había probablemente un desvío de recursos que se situaba entre los 400 y los 500 millones de pesos, lo que parecía una cantidad muy conservadora para todo un sexenio, pero se refería sólo a las anomalías detectadas en la parte final de su gobierno.

Hoy, después de que el PRI arrasara con la oposición, incluido Morena, en la elección para diputados locales, donde ganó 16 de 16 diputaciones locales, los órganos de fiscalización federales escarbaron qué había en los gobiernos estatales de Coahuila, además de la deuda heredada por Humberto Moreira.

Sumado al agravio electoral, el gobierno de López Obrador ve como “enemigos” a la Alianza de Gobernadores Federalistas, de la cual el actual gobernador de Coahuila, Miguel Riquelme Solís, es uno de sus fundadores.

Si se recortó drásticamente el presupuesto real de los estados y a varios se les dejó fuera del Plan Nacional de Infraestructura, además de cancelar 109 fideicomisos, el encono no parece suficiente, por lo que la PGR está tras las huellas de Rubén Moreira y, para la preocupación de éste, es posible que si se ha puesto a buscar, encuentre anomalías en el cierre de gobierno de Rubén, por lo cual podría caerle encima a palos y habrá poquísimos que entren en su defensa.

Hoy tiene el fuero de diputado federal, el cual se le termina hasta finales de 2021, así que habrá que ver qué tan en serio va la Unidad de Inteligencia Financiera, UIF, tras los pasos del mayor de los hermanos Moreira, mientras parece haber dejado de lado a Humberto, quien invierte alegremente en el negocio inmobiliario del sureste del estado.

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