¿El pueblo es sabio y bueno?

Por: Gerardo Lozano

La discusión filosófica sobre la maldad o bondad innatas del ser humano, lo que por dichos términos se entienda, es antiquísima e interminable, y jamás aterrizará inmóvil en una verdad última válida porque el espectro humano es amplio e indefinido, y porque sencillamente es teoría filosófica, no científica. En un país abundantemente multicultural como el nuestro, con evidentes y altos índices de precariedad, desescolarización, delincuencia y violencia, ¿es responsable que el discurso presidencial argumente sus políticas afirmando subjetivamente que el pueblo es sabio y bueno?

Tenemos un gobierno de izquierda que, vergonzantemente, no se atreve públicamente a definirse como de izquierda, aunque la retórica presidencial de López Obrador está fascinada con el siglo XIX y con la lucha entre liberales y conservadores; tampoco se define como un gobierno de corte liberal, en oposición a los que llama neoliberales.

Lo que sí es algo más contundente y no cae dentro de las ambigüedades y contradicciones del discurso presidencial es su populismo y su autoritarismo, que le lleva, por necesidad, al centralismo y a una concentración de poder que se puede volver peligrosa para un sistema democrático, que está todavía en proceso de consolidación y podría tener graves retrocesos.

En este populismo la idea del pueblo se refiere al mexicano pobre y, aunque no lo dice abiertamente y sería bueno que lo hiciera, excluye a las clases medias más prósperas y a los ricos, y, en consecuencia, a los sectores con mayores niveles de escolaridad y de ingresos económicos, con estándares de vida más altos.

La idea es que el pueblo es sabio y es bueno por naturaleza, lo que es un mito. Políticamente en México la parte más pobre de la población es el sector donde tradicionalmente los partidos políticos, especialmente el viejo PRI, habían manipulado no sólo el voto de los procesos electorales, sino la mentalidad y los hábitos políticos.

Los bajos niveles de escolaridad, la pobreza, la ignorancia y falta de una conciencia más crítica hacen posible que los medios populares sean mucho más manipulables, aunque hay que considerar que la apertura informativa de las dos últimas décadas ha sido tan fuerte que existen cambios, y no son menores.

LA REALIDAD COTIDIANA I

La realidad cotidiana no tiene nada qué ver con el discurso político y con la historia que se quiere vender de populismo.

Vayamos a lo político. Los medios populares se han vuelto un mercado donde se vende y se compra el voto a un precio determinado por parte de los partidos políticos. La consigna cada vez más frecuente es “qué me das” o “qué está dando la lideresa o el líder de la colonia de tal o cual partido político”.

Las lideresas, que mueven en buena medida el voto del pueblo sabio, son corruptas, manipuladoras, mentirosas, cada vez más desleales y han hecho de la política un modus vivendi. Y la gente lo sabe, porque conoce su historia, conoce su familia y conoce la vivienda y los bienes que tienen.

Si las lideresas son “coyotes” de los procesos políticos y específicamente electorales, la gente de las colonias se mueve cada vez más por la dádiva, pero una campaña electoral no comienza tres meses antes del día de las elecciones, sino al día siguiente de la última elección y se prolonga por años.

Ya no se trata de dar sólo obsequios como despensas, materiales de construcción, vales, dinero en efectivo, gorras, camisetas, paraguas, mochilas y demás en las semanas anteriores a la votación, sino de “trabajar” a las colonias desde dos frentes: las obras y los programas de gobierno, por una parte, y, la opuesta, utilizada por la oposición: los errores, la desatención y el abandono de esos mismos gobiernos.

También se da en otra dimensión: los poderes federal, estatal y municipal, ya sea que pertenezcan a un partido o a otro. En Coahuila y en Durango, singularmente el gobierno federal es de un partido, el estatal de otro y el municipal puede ser de otro distinto, de tal manera que cada instancia tiene sus operadores políticos en los medios populares.

Dentro de una misma colonia y aun dentro de una familia extensa, hay filiaciones políticas muy diversas. Pongamos por ejemplo un caso concreto: la familia Jiménez vive toda en la colonia Jacarandas de Torreón.

Están los abuelos, que son priistas de tradición porque su padre fue funcionario de panteones hace muchísimos años, pero hoy están votando por MORENA porque les llega la ayuda de 1,250 pesos mensuales.

Los abuelos, ya muy grandes de edad, tienen cuatro hijos, que están sobre los sesenta años, más o menos, y son cuatro familias grandes, que a su vez se desdoblan en otras 15 familias jóvenes, que están en los treinta, más o menos, con hijos púberes o algo más pequeños.

De las cuatro familias de sexagenarios, dos son priistas y siempre se han dejado agasajar por las lideresas priistas de la colonia. La tercera familia se pasó al PAN, porque a la esposa la pusieron en la nómina municipal, junto con un hijo. La cuarta se ha vuelto morenista porque ha recibido préstamos y apoyos gubernamentales.

El que tengan tales preferencias no quiere decir que necesariamente voten, porque el abstencionismo sigue rondando el 50% y su mayor porcentaje se da entre la gente más joven, que tiene una edad por debajo de los 30 años de edad.

LA REALIDAD COTIDIANA II

¿El pueblo es sabio y bueno? Después de convivir los últimos trece años con la gente de una comunidad rural y con trabajadores y familias de campesinos ejidatarios y jornaleros libres, habría que definir cuidadosamente qué se entiende por sabiduría y qué se entiende por bondad, porque si se emplean los términos tradicionales y etimológicos que definen a ambos términos, estamos ante una gran mentira.

La gente de rancho puede ser trabajadora, diligente, leal, honrada, solidaria, muy familiar y muy alegre, pero puede también ser floja, desleal, deshonesta, viciosa, despilfarradora, muy ignorante y en algunos casos violenta, simplemente por ser humanos.

Las cosas han cambiado, y mucho, en las décadas recientes. Aunque ahora el eclecticismo y otras corrientes de la cultura actual han introducido muchos cambios y aunque el término no gusta a los nuevos intelectuales, se han ido perdiendo muchos valores tradicionales y deteriorándose sensiblemente la calidad humana de las personas.

Lo anterior tiene como consecuencias que los adultos que están por encima de los 60 años piensen y tengan costumbres muy diferentes a quienes están en los 40, y éstos a su vez son muy distintos a quienes están sobre los 20 años de edad.

Hace aproximadamente dos años que a un rancho, por ejemplificar, le fue suspendido el servicio de agua potable, debido a que muchos no lo pagaban, pero principalmente a un fraude que cometió el Jefe de Cuartel anterior (así le llaman singularmente al representante del comisariado ejidal en cada rancho).

El sujeto, un hombre robusto o más bien obeso, de rostro rojizo, tostado por el sol, ya cincuentón, estuvo en el cargo por cerca de 15 años y se ufanaba de que, aunque no fuera a las asambleas, de cualquier forma lo reelegían, y así era. Además de quedarse con una parte de los pagos del servicio de agua, siempre estaba pidiendo dinero para ir a Durango, capital, o a la ciudad de México, para hacer trámites sobre la escrituración de los terrenos de este rancho, porque, debido a razones que se desconocen, fue excluido del último levantamiento topográfico y catastral que se realizó.

Lejos de hacer tales viajes, con el dinero de la gente se iba de parranda a Torreón, donde era cliente asiduo de las cantinas y burdeles de la zona de La Alianza, al poniente de la ciudad, donde se corría fines de semana de alcohol y prostitutas.

Cuando le descubrieron el fraude, por medio millón de pesos, él se fue a Ciudad Juárez, Chihuahua, junto con su familia, y al rancho le retiraron el servicio de agua. Se trató de restablecerlo, pero la mayoría de los rancheros se negaron a pagar y ahí siguen sin agua potable, acarreándola en tanques de las norias cercanas.

LA ESCASA BONDAD

Raúl es el encargado de una nogalera de 10 hectáreas, propiedad de un empresario de Torreón. Va a cumplir apenas cuarenta años, pero ya es hipertenso y diabético, a lo cual no le da la menor importancia, porque el sábado a mediodía de cada semana se dedica a beber alcohol y a ingerir algunas drogas, como cocaína. Termina de beber hasta el día lunes por la mañana y, cosa frecuente, se corta la borrachera con un “pericazo” de cocaína.

Es un empleado desleal y deshonesto, no obstante ganar un buen sueldo. De todos los insumos empleados en la huerta, como fertilizantes, pesticidas y demás, siempre se roba una parte de los mismos y los revende o los emplea en la parcela de la familia, pero cuida que no sea tanto como para que el patrón lo llegue a notar.

Se casó a los 17 años y tiene dos hijas, una de 20 y otra de 22 años, pero se permite tener dos mujeres, una en el rancho donde trabaja y otra más joven en un rancho cercano, lo que tampoco impide que frecuente a algunas prostitutas y padezca contagios como gonorrea y otras infecciones.

En contraste, su hermano Heberto, un poco más joven que él, es un buen trabajador, dedicado a su familia, confiable, honrado y sin mayores vicios, salvo el correrse una borrachera de vez en cuando. Ninguno de los dos terminó la primaria. Todo lo que saben de política es lo que ocasionalmente ven en la televisión mientras le cambian a otro canal y, cada campaña electoral, lo que dicen los promotores del voto de los partidos políticos, los cuales les hacen algunos regalos, como despensas o materiales de construcción.

De los muchachos y muchachas entre 18 y 22 años, tanto ellos como ellas piensan con mucha mayor malicia que sus padres. Son precoces en casi todo: comienzan a trabajar muy chicos en las duras tareas agrícolas o de la maquila; se inician sexualmente muy chicos; ellos comienzan a beber alcohol en promedio desde los 16 años y muchas de ellas también lo hacen.

Pocos terminan la preparatoria; todos desean tener una “troca” o camioneta, vestir bien, traer “feria”, escuchar música grupera y en general divertirse los días en que no están trabajando, esto en el caso de ellos, porque de ellas sólo algunas se integran al trabajo de las maquilas, pero piensan en ser como las muchachas de las telenovelas y suelen casare de forma precoz. Muchos, la mayoría, sienten admiración por la narco-cultura y nos les interesa la política.

Lo que López Obrador llama “el pueblo”, no es ni sabio ni bueno, hay de todo, pero la cultura tradicional está de salida. La realidad es que impera más la ignorancia que la sabiduría y lo que, tradicionalmente, se entiende por bondad ha ido sustituida por otra mentalidad donde, a su modo, las figuras exitosas de referencia son las que tienen fama y dinero.

Hoy se trata “de hacerla”, de “traer la pura feria”, de divertirse con alcohol y cada vez más con otras drogas, de “tener viejas”, de pasarla en general bien, de tener una buena casa y vestir la moda que se ve en la televisión; que su equipo de futbol sea campeón.

Ciertamente otra parte piensa en trabajar duro, en mandar sus hijos a la escuela, en tener una vida mejor, en prosperar y en “ser derechos”, pero en términos generales hablar de sabiduría y bondad como cualidades universales del pueblo son dos grandes mentiras.

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