Los problemas diplomáticos de Beatriz Gutiérrez Müller

Los problemas diplomáticos de Beatriz Gutiérrez Müller

Por: Marcela Valles

Siempre es difícil escribir de la primera dama, por razones obvias, más cuando la esposa de Andrés Manuel López Obrador, Beatriz Gutiérrez Müller, se ha autocalificado como no primera dama, con lo cual se entendería que renuncia a ser considerada oficialmente como la pareja presidencial, pero en la práctica sí es lo que llamamos primera dama, además de gozar de una influencia y poder sólo por debajo del que tuvo en su momento Martha Sahagún Jiménez.

Gutiérrez Müller es la primera esposa de un presidente de México que tiene una carrera académica como comunicadora e historiadora, además de ser una escritora en activo, con una cultura general muy superior a la del propio presidente.

Pero, siempre el pero, es que ella tiene una visión histórica muy personal de México, en particular del periodo de la conquista de los pueblos prehispánicos y de otros temas, la cual ha trasladado al presidente y su gobierno, pero también lo ha traducido en actos concretos de tipo diplomático entre México y algunos países europeos e instituciones, como la Iglesia Católica.

El próximo año el gobierno de López Obrador tiene pensado el festejo en grande del 200 aniversario de la independencia formal de México como colonia del imperio español, y al respecto sostiene una visión muy personal, en la cual se deja ver una gran influencia de su esposa, quien maneja un ente público denominado Consejo Honorario de la Memoria Histórica y Cultural de México.

De pronto, en marzo de 2019, López Obrador mando una carta al Rey de España, Felipe VI, y al papa Francisco, pidiendo que se disculpen por los actos de barbarie cometidos durante la conquista de México.

La carta tomó por sorpresa a ambos mandatarios y tuvo un rechazo contundente de desaprobación, además de varias reacciones en tono muy fuerte de varios intelectuales e historiadores españoles, algunos de los cuales usaron adjetivos fuertes, como Arturo Pérez-Reverte, entre otros.

Pareció evidente que la autoría de la iniciativa e inclusive de la carta misma eran de la primera dama, Beatriz Gutiérrez.

LA GIRA POR EUROPA

Ya más cerca de la conmemoración de la independencia de México, en octubre, Beatriz Gutiérrez emprende una gira por Europa, con representación diplomática oficial, lo que contradice su postura de no primera dama, pero confirma su influencia en temas históricos en el actual gobierno, además del poder real del que goza.

Visita Francia y se entrevista con la primera dama, Brigitte Macron, para establecer un convenio de préstamo de piezas arqueológicas del periodo prehispánico. Hasta ahí no habría ningún problema, porque no se cruzaron sino buenas intenciones de cooperación, nada en concreto.

De Francia se sigue a Italia, donde se entrevista con el presidente Sergio Mattarella, con quien trata de negociar que se presten a México el códice Florentino, que se encuentra en la Biblioteca Medicea Laurenciana (Florencia), y el Códice Caspi o Bologna, ubicado en la Universidad de Bolonia.

La diplomacia italiana sugiere que los códices se pueden consultar como siempre en los lugares en que se encuentran, pero nada de préstamo.

El recorrido se sigue con la visita al papa Francisco, a cuya cita acude ataviada completamente de negro, con vestido negro largo y chalina también negra, lo que no fue pasado por alto por sus críticos en México, más considerando que no es creyente.

Al papa le fue entregada la carta de López Obrador sobre la solicitud de disculpas por los actos de la conquista, a lo cual Francisco refirió que eso era algo que ya se había hecho antes, desde octubre de 1992, por parte del entonces sumo pontífice, Juan Pablo II.

Con la buena mano izquierda que le caracteriza, el papa Francisco la escuchó, le dio algunos consejos, pero nada de cartas y mucho menos de repetir disculpas.

El último propósito de la gira era un acto más que coreográfico: solicitar a Austria que preste a México el llamado “penacho de Moctezuma”, sobre el cual hay estudios antropológicos por los cuales no se puede afirmar que tal penacho haya sido realmente del emperador mexica, pero la leyenda lo ha convertido en tal.

La respuesta de Austria fue la de siempre: el penacho es tan frágil que no se puede mover del sitio en que se encuentra y ahí seguirá, por lo menos los próximos diez años.

Beatriz Gutiérrez Müller regresó a México con las manos vacías y seguramente de muy mal humor, porque en los días siguientes López Obrador afirmó ante los medios de comunicación que plantearía una propuesta en la ONU, para que los bienes históricos sustraídos de sus países originales les sean devueltos por sus actuales poseedores.

Es muy probable que los países a los que se les solicitaron los préstamos pensaran que habían hecho lo correcto, pues primero Gutiérrez Müller había ido a solicitar préstamos y ahora López Obrador estaba lanzando un discurso para exigir la recuperación de los bienes sustraídos; sólo le faltó utilizar el término robados.

En términos de diplomacia aquello había sido un rotundo fracaso, rematado por un típico exabrupto de López Obrador, que ha sentado un muy mal precedente para la posible realización de futuros intercambios culturales, mucho más si se trata de pedir piezas arqueológicas prestadas.

Algo muy singular es cómo le van a hacer la primera dama y López Obrador en la conmemoración de la independencia de México con la figura de Agustín de Iturbide, personaje central en la misma pero sumamente controvertido, inclusive acusado de atroces crímenes de guerra y trapacerías de todo tipo en contra de la causa insurgente y del ejercicio de sus funciones como militar.

Será interesante ver qué versión oficial se da del llamado “abrazo de Acatempan” entre Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero en febrero de 1821, por el cual se consuma el Plan de Iguala y la reconciliación entre los realistas y los insurgentes, todo en pro de la independencia de México y con mucha mano de por medio de la Iglesia Católica.

Ubicado en el siglo XIX, este suceso tal emblemático, está sumamente distante de la conquista de México, el tema que le apasiona a la primera dama, Beatriz Müller, quien es de la nueva corriente de historiadores que consideran que la obra de Bernal Díaz del Castillo, Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, es más literatura que historia, con lo cual hay que crear la historia de los vencidos, de ahí el interés de recuperar los códices Florentino y Bologna, como parte de esa nueva corriente de investigación y de interpretación histórica.

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