El general sí tiene quién lo absuelva

El general sí tiene quién lo absuelva

Por: Rodrigo Tejeda

El caso del general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional en el sexenio de Enrique Peña Nieto, pone en evidencia la política anticorrupción del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien, al conocer la detención del militar en los Estados Unidos, declaró que se actuaría conforme a derecho y cualquier persona, civil o militar, que estuviera relacionada con algún ilícito sería llevada ante la justicia, reiterando su lema de cero tolerancia.

Apenas unas semanas después el canciller Marcelo Ebrard está gestionando en Estados Unidos la cancelación de los cargos criminales en contra del general y su extradición a México, para ser juzgado en le país, argumentando que se ha dado un acuerdo entre el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la Fiscalía General de la República, que han emitido un comunicado conjunto, por el cual se desestima cualquier cargo en contra de Cienfuegos, “El Padrino”, en el vecino país.

Quedó en claro que el ejército, que es el brazo fuerte del gobierno de López Obrador, se inconformó, por decirlo de una manera sutil, con el proceso del exsecretario de la Defensa Nacional por parte de la justicia norteamericana, algo que les resulta inaceptable, porque daña severamente la imagen de la institución castrense y sienta, además, un precedente muy delicado para otros militares que pudieran ser acusados de actos de corrupción u otros delitos más graves.

La opinión más generalizada es que el gobierno de López Obrador rescató al general de la justicia norteamericana y no se cree que la Fiscalía General de la República, tan politizada y cuya autonomía hace mucho que quedó desacreditada, vaya a juzgar al general Salvador Cienfuegos, quien después de algún tipo de simulación quedará libre de los cargos que se le imputan.

A diferencia del general de la ficción de García Márquez, este general sí tiene quién le escriba y quiénes salgan decididamente en su defensa, que han sido muchos.

Los pormenores del expediente que le había integrado la justicia norteamericana, difícilmente se conocerá en sus detalles en México.

López Obrador está mostrando, en esta ocasión de manera demasiado obvia, que su lucha en contra de la corrupción es una historia con fines políticos, que se ha topado con el enojo y las exigencias del ejército, un aliado del cual no puede prescindir, por lo cual ha tenido que maniobrar al más alto nivel diplomático para impedir el juicio de Cienfuegos en Estados Unidos.

Mientras tanto, le ha atizado el fuego al juicio en contra de Genaro García Luna, el zar antidrogas del gobierno de Felipe Calderón, villano favorito de López Obrador, quien no cae dentro de la máxima de la lucha anticorrupción: “a los generales no se les toca”, menos a un Secretario de la Defensa Nacional, que es el jefe máximo.

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