Jesús Contreras Pacheco, una historia de corrupción

Jesús Contreras Pacheco, una historia de corrupción

Por: Eduardo Rodríguez

Amo del pragmatismo, señor de cinismo político más acabado, Jesús Contreras Pacheco ha hecho de la política un negocio personal desde hace más de cincuenta años y hoy, ya un hombre muy avanzado en los setenta, apareció como candidato a diputado local por el PRD en el séptimo distrito, con cabecera en Matamoros.

Con una habilidad de malabarista, ha saltado de partido en partido y también ha creado su propio partido durante este medio siglo colgado de la nómina gubernamental. Los primeros 30 años los pasó en el PRI, donde fue dos veces presidente municipal de Matamoros y diputado local.

Lo más sorprendente de su longevidad política y de su malabarismo obsceno, es que todo lo ha hecho a partir de un pequeño cacicazgo asentado en el ejido Coyote, una comunidad pobre, que sobrevive como puede en medio del desierto y del polvo.

Sus 9,653 habitantes están conurbados con otros tres ejidos: Buen Abrigo, El Fénix y Los Ángeles, que le agregan otros pocos miles al censo de lo que es la comunidad más grande después de la cabecera municipal, que suma 52 mil 233 gentes, una gran parte de las cuales viven en pobreza y en extrema pobreza.

Seguir el hilo a la historia personal y política de Jesús Contreras Pacheco es complicado, por todos los giros que ha dado y las peripecias que ha protagonizado.

De entrada, es profesor de escuela primaria, y así le dicen en los medios políticos: “El profesor Contreras Pacheco”. En El Coyote, su territorio, le han puesto el alias de “El Huevo”, pero nadie sabe decir por qué. A él le gusta que le digan “El cacique de Matamoros”.

Es el profesor, pero nunca en su vida ha tomado el gis y el borrador, aunque sí debe de estar jubilado como tal.

Y ciertamente, para bien o para mal, de un modo u de otro la política del pobre Municipio de Matamoros pasa por él, ya sea para ganar una elección o para tratar de que no se las sabotee, porque en su pragmatismo rampante puede estar hoy de un lado y mañana del otro, cambiar de partido como cambiar de zapatos.

Después de 30 años de correrías, protegido por la estructura caciquil del PRI, que le permitió meter mano en el “huachicoleo” de agua, el “algodón de luna”, todos los programas asistenciales para el campo, lo que llegaban y los que se quedaban en las bodegas de los “líderes” campesinos, Contreras Pacheco alcanzó su época de apogeo en el gobierno de Rogelio Montemayor Seguy, quien lo hizo alcalde por segunda vez.

En este mismo periodo, la salud le da su segundo gran susto: le falla el corazón y tiene que ser intervenido, pero apenas recuperado vuelve a la cargada. Ya hacía años que venía arrastrando un problema serio de salud relacionado con su sistema gástrico, que le obliga a llevar una cuidadosa dieta y a no beber.

En su periodo como alcalde bajo el cobijo de Rogelio Montemayor, se regocijaba de que algunos de los funcionarios de aquel gobierno le comentaran que “parecía el alcalde de Londres, no el jodido alcalde de Matamoros”, esto por la elegancia con que vestía, ataviado con sacos de marcas finas, corbatas de seda y camisas de algodón egipcio, no lagunero.

De buena estatura, delgado, aún ya viejo es escrupulosamente dedicado a su arreglo personal y a “los cosméticos”, como él mismo le dice al acicalamiento personal. Todo parece, menos un líder campesino, como se ha ostentado por todos estos años, inclusive no le agrada usar sombrero ni tampoco el estilo de vida de un ranchero.

En su lisonjería caricaturesca, el exalcalde de Torreón, Carlos Román Cepeda, le regaló un caballo que llevaba, colgando del cuello, un letrero que decía “El Cacique”. El cuadrúpedo terminó regalado o vendido más adelante, porque, como se ha dicho, no tiene los gustos y las aficiones de un ranchero.

BRINCANDO DE PARTIDO EN PARTIDO

El secreto de este “cacique campesino” es que, a lo largo de todos estos años, ha mantenido una clientela política de votantes sólidos, repartidos entre los municipios de Matamoros y ahora de Francisco I.Madero, pero principalmente de Matamoros.

Una de sus costumbres personales es llevar siempre en la bolsa una paca de billetes, para ir haciendo pequeños favores a quien se le acerca para pedirle ayuda, que invariable se trata de apuros propios de gente muy pobre: algún medicamento, unas muletas, el entierro de un ser querido, la enfermedad de un familiar, todas esas cosas que la pobreza convierte en una angustia económica.

Hay favores más grandes que tienen que ver con el agua, las tierras, las cosechas y préstamos mayores a quien “mueve” gente y queda así comprometido para “cuando se ofrezca”, y se ofrece en cada elección.

De esta manera ha podido poner su clientela a disposición de la alianza UDC-PAN, del PAN solo, de la UDC también sola, de su propio partido, el PPC, Partido Primero Coahuila, de MORENA y ahora del PRD.

A cambio de movilizar su clientela en un sentido u otro, pide, si la situación es muy propicia, una diputación local, regidurías, cargos en las administraciones municipales, favores de diversos tipos y, por supuesto, dinero para engrasar a esa clientela que pasa por él.

Esto no le ha ganado sólo beneficios, sino también adversarios y malquerientes; alcaldes a quienes colma la paciencia, como fue el caso de Felipe Medina, quien harto de él, lo encara por ahí en un rincón y le rompe las costillas, al estilo Matamoros, pues.

No obstante, Contreras Pacheco es cuidadoso de no echarse encima enemigos demasiado grandes o demasiado vengativos, como también cuida el no meterse en relaciones de compromiso con el crimen organizado, lo que lo dejaría cautivo de la voluntad de estos, algo que sí han hecho varios políticos matamorenses que andan por ahí, con bandera de ser miembros de las poquísimas familias ilustres de este desvencijado municipio de Coahuila.

En el 2017, “el cacique de Coyote” jugó principalmente a favor del PAN y obtuvo, entre otras cosas, colocar a una hija en el ayuntamiento de Torreón. Para las muchas mentes candorosas del PAN es difícil imaginar a un Jorge Zermeño Infante negociando con alguien de la catadura de Contreras Pacheco.

Para 2018 el viejo lobo vio lo evidente: si se pasaba del lado de MORENA por primera vez en su historia el PRI perdería el gobierno municipal de Matamoros y el obtendría ventajas de ello, más tomando en cuenta que el candidato de MORENA, Horacio Piña, era un neófito de la política, totalmente inexperto y sin ninguna base personal de poder.

El problema es que Horacio Piña, por esa inexperiencia y por su irresponsabilidad, se convirtió en lo que popularmente se denomina como “un chivo en cristalería”; inmanejable, intratable y caótico, lo que inclusive para Contreras Pacheco fue imposible de manejar, así que termina, contra la mayoría de su militancia histórica, como candidato del PRD a una diputación plurinominal en este 2020.

Tres partidos distintos, uno por cada uno de los últimos tres años. No se conoce, en Coahuila al menos, un político más pragmático y oportunista.

¿Será ésta su última elección? No es de creerse, tomando en cuenta que el 2021 está muy próximo y tienen elecciones que decidirán el rumbo político de Coahuila y del país para toda la siguiente década, por lo menos.

El otro cuestionamiento es por qué se pasó ahora al PRD y, no se sabe si sólo en apariencia, busca la diputación plurinominal o, realmente, reducirle a la mitad la clientela a MORENA para que pierda la diputación en ese séptimo distrito. Con Contreras Pacheco nunca se sabe dónde está la punta del hilo en su retorcida madeja política.

Sólo después del 18 de octubre se verá cuáles eran sus verdaderas pretensiones o si ya, el ir de partido en partido, se ha vuelto desconfiable para todos o más bien, si conserva la clientela que tradicionalmente manejaba o esta ya se fue y es hora de cerrar la puerta e ir a un involuntario retiro, porque no hay nadie que no tenga un plazo que se cumple.

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