Una campaña religiosa en el distrito 10 de Torreón

Una campaña religiosa en el distrito 10 de Torreón

Por: Jacobo Tafoya

Ya las banquetas de Torreón comienzan a verse nuevamente adornadas con volantes y trípticos electorales, de ésos que aparecen por pares o tríos en cada cochera; candidatos y candidatas con promesas refritas y dentaduras blanqueadas digitalmente. Entre estas caras, apareció la de Ángel Emmanuel Gutiérrez Izquierdo, candidato a diputado local para el distrito 10, del partido Movimiento Ciudadano.

En la última semana de septiembre comenzaron a circular en redes sociales fotografías de un tríptico de este candidato. El papel, básicamente, más que hondar en las propuestas de campaña (que fueron motivo de burla por parecer de planilla escolar y prometer asuntos que quedan completamente fuera del alcance de un diputado local), nos presume el árbol genealógico del político, pues es un miembro orgulloso de la conocida familia Gutiérrez del Bosque, dueña de varios colegios religiosos y negocios deportivos, y de la familia Izquierdo, dueña de ferreterías (cuyo logotipo incluso aparece en el tríptico). Las imágenes circularon por las redes y alcanzaron la atención de algunos medios nacionales, que se centraron en exponer estos dos aspectos.

Sin embargo, hay un tercer aspecto que va contra la Ley General de Partidos Políticos del INE y la FEPADE y el Reglamento de Propaganda Electoral del IEPCC.

Gutiérrez Izquierdo utiliza la etiqueta #SoyCreyente; la tiene en panorámicos, volantes y gorras. En sus cuentas oficiales de redes sociales hace constante mención de que tiene un compromiso con Dios (también le llama “Contigo”) y lo menciona repetidamente en sus respuestas a quienes le comentan, incluso llega a responder con un “Amén”. En la fotografía principal de su campaña apunta al cielo con el dedo índice, y tanto el lenguaje corporal como el tinte religioso de su candidatura no nos dejan deducir antes que se asume como el “número uno”.

Tanto en sus panorámicos como en este tríptico, aparecen los códigos de los versículos bíblicos Isaías 40:31 y Filipenses 4:13, que dicen respectivamente “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” y “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

El 27 de septiembre, el candidato sube a sus redes sociales un video en el que se deslinda de la autoría oficial del tríptico (aunque da a entender que gracias a él “he logrado captar tu atención”), atribuyéndoselo a simpatizantes de “colaboración espontánea” que tuvieron el “afán de impulsar mi proyecto”. Se le ve contento, agradecido y orgulloso por la difusión, y en ningún momento contradice el contenido del folleto. Sobre las propuestas, dice que se mencionaron sin especificación, y éstas incluyen “No volver a cerrar las Iglesias: Son 1ª Necesidad” (sic).

La Ley General de Partidos Políticos, que emana de la FEPADE y el INE, establece en el inciso p) de su artículo 25 que es obligación de los partidos políticos “abstenerse de utilizar símbolos religiosos, así como expresiones, alusiones o fundamentaciones de carácter religioso en su propaganda”.

El Reglamento de Propaganda Electoral emitido por el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Coahuila, establece en el primer inciso del artículo 5 de su título primero que invariablemente en toda propaganda electoral “queda prohibido la utilización de símbolos, signos, expresiones, alusiones o fundamentaciones de carácter religioso, así como la realización de actos de proselitismo o cualquier actividad partidista en lugares o eventos destinados a cultos religiosos”.

Independientemente de la calidad del desempeño que el político en cuestión podría tener como diputado local, la campaña de Gutiérrez Izquierdo parece infringir abiertamente, con la permisividad del IEPCC, estos dos documentos legales básicos para partidos políticos y campañas electorales en Coahuila.

Así como las autoridades religiosas, que son poder fáctico, tienen prohibido incidir en el voto (artículo 130 constitucional), en un Estado laico ningún político o candidatura política puede ni debe utilizar como propaganda las creencias o instituciones religiosas para respaldarse ante el electorado. Uno asume que esto es conocimiento básico de cualquier persona que pretenda conseguir un cargo público por elección popular; o bien, la persona lo sabe y encuentra huecos legales para incurrir en una campaña política con tintes religiosos, y ahí ya hablaríamos de una grave falta ética, tanto de ella como de su equipo, no de irresponsable ignorancia.

¿Cómo garantiza un candidato con una campaña así legislar para el bien común obligatoriamente desde el laicismo?

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