Jóvenes sin partido político

Por: Eugenia Rodríguez

El de Andrés Manuel López Obrador es un partido de ideas viejas y de políticos en su mayoría viejos. Por lo menos la mitad de su equipo básico de trabajo, en varias de las posiciones más estratégicas, son ancianos cercanos a los 80 años o inclusive por encima de esa edad.

El propio López Obrador cumple el 13 de noviembre 67 años de edad, pero el problema no es que tenga 67, sino que su ideología está tomada del PRI de hace 80 años y de los movimientos políticos de mediados del siglo XIX.

Las ideas más recurrentes del presidente son parte de la doctrina de una secta política que tuvo su apogeo en el periodo juarista, la masonería, por lo tanto son ideas que tienen casi dos siglos de haber llegado a México desde el continente europeo.

Tal vez alguien que no conozca de historia lo haya pasado por alto, pero en el grito de independencia del pasado 15 de septiembre, López Obrador les añadió a las vivas tradicionales el de ¡Viva la Fraternidad Universal!, que es el nombre oficial de la masonería, en el lenguaje de los iniciados, que ya son sólo algunos políticos viejos del priismo y de ciertos grupos oficialistas.

Los masones se consideraban liberales puros y su enemigo eran los conservadores, lo que desató una cruenta guerra civil en México. Hasta la llegada de López Obrador, el uso del término conservador y la connotación que él le da era parte de los libros de historia, lo mismo que el término de neoliberales.

Ahora para él, todo aquel que es contrario o crítico de su gobierno es calificado de conservador y neoliberal, dos conceptos que son desconocidos por completo por la gente joven de cualquier nivel socio económico y para la gente de edad media son términos que tampoco entran en su lenguaje; sólo los círculos intelectuales y cierto tipo de políticos sabe de qué se trata cuando a alguien se le califica como conservador.

Al inicio de la tercera década del siglo XXI los símbolos, el lenguaje, el discurso, los proyectos de futuro y hasta el estilo de la política ha cambiado por completo, en gran medida porque está en función de clientelas jóvenes, que no rebasan los 30 años de edad o están sobre los 40, viviendo en sociedades que tienen problemáticas nuevas, algunas de ellas inéditas, de vanguardia. Y el mundo es hoy, lo ha demostrado la pandemia de forma brutal, la gran aldea global que predijo el filósofo y comunicador canadiense Herbert McLuhan.

¿Cuáles son algunas de las nuevas tendencias de la política? El ambientalismo; el compromiso de los gobiernos con la preservación del medio ambiente; la integración interracial; la diversidad de género; el desarrollo de la ciencia y la tecnología; la apertura del comercio mundial y de las economías en general; la modificación de la organización tradicional del trabajo, con base en el uso de las tecnologías nuevas y de una mayor flexibilidad en la organización de las empresas; la protección de las corrientes migratorias y de los derechos humanos en general, por citar sólo algunas de las más importantes.

SIN VISIÓN DE FUTURO

Todas estas nuevas tendencias de la política están enfocadas dentro de una visión de futuro, buscando la creación de un mundo mejor para las nuevas generaciones, e implican la implementación de políticas públicas concretas.

No se trata de estar clasificando como conservadores o neoliberales a una importante parte de la sociedad, sin definir siquiera cuál es la ideología concreta del gobierno de López Obrador, que habla de una “cuarta transformación”, la cual ni tan siquiera es definida y menos presentada como un proyecto de país, lo que es muy delicado porque se están manejando una serie de políticas gubernamentales contradictorias.

Tenemos un gobierno que se dice progresista, pero le apuesta, inclusive en contra de la estabilidad económica del país, al petróleo y a las energías sucias y contaminantes, cuando ya el petróleo no es tan siquiera un negocio que ayude a complementar el ingreso público, sino todo lo contrario.

Se cancelaron o pusieron trabas a todos los proyectos de generación de energías limpias, sólo porque esos proyectos habían sido concesionados a empresarios particulares, nacionales y extranjeros.

Se construye una refinería, cuando el país tiene varias refinerías sin el debido mantenimiento, ineficientes y contaminantes, pero además la refinación no es negocio y el país no está en las condiciones económicas de invertir en una nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco.

PEMEX es una empresa obsoleta, deficitaria que, en la opinión de los expertos, debe ser reconvertida a una empresa productora de energía con visión de futuro, lo que implica tomar decisiones drásticas y, por necesidad, desechar ideas viejas y obsoletas que ligan la cuestión petrolera a la “soberanía nacional”, una política que se manejaba hace ya casi un siglo.

En contraste, el gobierno de López Obrador no tiene una política ambientalista seria, que proteja y les dé viabilidad a las reservas naturales más importantes del país. Construye, contra la opinión de las nuevas tendencias ambientalistas, una obra denominada El Tren Maya, que arrancó sin tener tan siquiera estudios de impacto ambiental. En tan solo año y medio de gobierno ya han renunciado dos secretarios de la SEMARNAT, por diferencias muy importantes sobre el manejo gubernamental en su área de competencia.

Para complacer a Donald Trump en sus políticas racistas y antimigratorias, López Obrador paró el flujo migratorio de mexicanos y centroamericanos hacia los Estados Unidos, empleando para ello al ejército y a la Guardia Nacional, que también es ejército, violentando gravemente los derechos humanos de decenas de miles de migrantes y, lo más delicado, sin aplicar ninguna política migratoria más que el uso de la fuerza.

En el tema del feminicidio, muy extendido en el país y peor atendido, el gobierno de López Obrador se ha negado a atender los movimientos feministas, que tienen un alcance nacional, y hoy está en conflicto con ellos.

Lejos de invertir e impulsar un gran proyecto de desarrollo de ciencia y tecnología, le ha retirado parte del poco presupuesto que se destinaba a estas dos áreas estratégicas del país, lo que propiciará una fuga de cerebros al extranjero y un retraso más crítico del desarrollo de nuevas tecnologías, cuando México está seriamente rezagado con respecto a países con economías inclusive de menor tamaño.

El asunto de fondo es que este gobierno, enfocado a la confrontación y a la aplicación de una ideología vieja, no parece tener tiempo ni conocimiento de las tendencias que impulsan hoy a la verdadera vanguardia política en el mundo, la que busca bases firmes para la creación de un mejor futuro para los jóvenes.

La mayor y más fiel clientela de López Obrador está formada de ancianos, pero por la penosa y precaria realidad del subsidio clientelar de 1,250 pesos que les entrega cada mes, ni siquiera de un sistema decoroso de seguridad social, sino una simple y pequeña dádiva.

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