La compra de diputados, los ingresos bajo la mesa

La compra de diputados, los ingresos bajo la mesa

Por: Marcela Valles

Con sobornos directos, favores, embajadas u otros puestos públicos, las cámaras legislativas y sus bancadas partidistas han estado a la venta durante décadas, ya sea en favor de intereses políticos, empresariales o particulares, tanto nacional como estatalmente. Por ejemplo, la legitimación de la deuda coahuilense.

Constitucionalmente tenemos tres poderes autónomos: el ejecutivo, el legislativo y el judicial, pero durante todo el periodo de hegemonía priista, el poder ejecutivo controló a los otros dos, a los que daba instrucciones a su antojo. Las minorías, que comenzaron a existir a partir de los años setentas con la introducción de las diputaciones plurinominales, gritaban y gritaban mucho pero siempre eran mayoriteadas.

Esto fue cambiando con el paso de los gobiernos por la llegada a las cámaras de Diputados y Senadores de una cantidad cada vez más grande de legisladores opositores, lo que abrió un juego de negociación política entre las bancadas de los diferentes partidos, dependiendo la proporción de cada una de ellas y la importancia de los asuntos a tratar. Esta dinámica se presentó lo mismo a nivel federal que en la mayoría de los congresos de los estados.

Como pasa con tanta frecuencia, la pluralidad y la apertura democrática trajo consigo una nueva oportunidad de corrupción: comprar el voto de diputados opositores para sacar adelante ciertos proyectos o, sencillamente, para aprobar cuentas públicas sucias o pasar por alto anomalías.

La “negociación” podía darse directamente diputado por diputado o senador por senador, o bien negociar con las cúpulas de los partidos políticos para que éstos dieran “línea” a sus integrantes.

En los tiempos de le hegemonía del poder ejecutivo, éste se podía imponer sin más, pero siempre se prefería “gratificar” a diputados y senadores por los favores recibidos.

Durante los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, hubo pluralidad legislativa pero también se abrió paso a la corrupción, ya que ningún partido tenía el control absoluto de las cámaras y esto se repetía en muchos congresos estatales.

No es ninguna novedad el que diputados y senadores de los partidos de oposición vendieran su voto para aprobar las reformas estructurales del periodo de Enrique Peña Nieto, en especial aquellas que eran más controvertidas y discutibles.

A esa corrupción entraron lo mismo diputados y senadores del PAN que del PRD y de otros partidos menores. Hoy gran parte de lo que fuera el PRD está integrado a Morena, y varios de los que eran legisladores se han convertido en funcionarios de otro nivel en los gobiernos de la 4T.

25 de Marzo de 2014.-Dip. Silvano Aureoles y legisladores del PRD , en la Sesión de la Cámara de Diputados de Palacio Legislativo de San Lázaro, Ciudad de México.foto. Benjamin Flores / Proceso

RETROCEDIENDO 30 AÑOS

La llegada de Morena al poder trajo consigo de vuelta la hegemonía de un partido en el poder legislativo, el cual ha quedado, literalmente, bajo las órdenes del presidente de la república, pero con un nivel de autoritarismo que representa una versión recargada del viejo PRI.

Anteriormente se cubrían las apariencias; hoy la imposición del ejecutivo sobre las cámaras se realiza de forma más burda, porque incluso se hace en público, ante los medios de comunicación.

En apariencia desapareció un mal, pero regresó con más virulencia el viejo presidencialismo que tanto trabajo costó atenuar.

Ante tal situación, los partidos opositores formaron un frente único, con el propósito de que Morena no pudiera aprobar modificaciones a la constitución, lo que requiere una mayoría calificada de las dos terceras partes de las cámaras, no sólo la mayoría simple que posee.

Formar ese frente fue muy complicado por los antagonismos que hay entre los partidos opositores a Morena, especialmente entre el PRI y el PAN, pero había estado funcionando hasta la cuarta semana de julio, cuando dos diputados priistas rompieron el bloque para votar una de las más controvertidas iniciativas presidenciales.

Lo más vergonzante es que los dos diputados que rompieron el bloque fue nada menos que Rubén Moreira y Dulce María Sauri, ambos exgobernadores del PRI, con lo cual Rubén Moreira le agrega a la historia negra que ya arrastra y a la mala fama que le persigue.

Rubén Moreira sigue actuando por su cuenta, atendiendo a sus ambiciones políticas y a sus relaciones, todas ellas ajenas a Coahuila, lo que hace más evidente que al término de su gubernatura se debió ir a su casa y no al Congreso.

¿Por qué lo hicieron? Ése es un misterio, pero, dado el estilo de gobernar que impera, por lo menos Rubén Moreira dejó situaciones en Coahuila que bien se pueden prestar a que la Secretaría de la Función Pública le pueda escarbar a sus dineros, pero hay muchos senadores y diputados con antecedentes parecidos.

Romper el bloque opositor para permitirle a López Obrador comprar medicamentos y suministros médicos en el extranjero, sin tener que realizar licitación alguna, es propiciar la corrupción y poner en desventaja a la industria farmacéutica nacional, lo que pone en mal al PRI.

Moreira no votó el presupuesto de egresos propuesto por Morena (con recortes en todo, incluidos los estados y municipios), pero se desapareció a la hora de la votación; también votó en contra de su bancada la propuesta de la Guardia Nacional, la revocación de mandato y el echar para abajo la reforma educativa, esto último una verdadera vergüenza tomando en cuenta que se siguen considerando una familia de profesores.

En otros términos: Rubén Moreira está votando junto con Morena, cuando en apariencia así le viene en gana; pero como en política nada es casual, deben de existir razones concretas para ello, ya sean favores que le piden a cambio de no investigar las cuentas que dejó en Coahuila, alguna disputa de grupos políticos por el control del Comité Ejecutivo Nacional del PRI o algún otro asunto oscuro, pues tratándose de tal personaje no caben otro tipo opciones.

Moreira, ya lo dijo directamente el propio AMLO, no tiene cabida en Morena, porque “hay derecho de admisión” y los Moreira no lo tienen. Por donde se les vea, desprestigian.

Pero volviendo al tema principal, hoy tenemos a una mayoría de diputados y senadores morenistas sometidos, totalmente, a la voluntad presidencial, lo que ha sido una de las grandes corrupciones del sistema político mexicano.

Puede que ya no haya la compra del voto de diputados de partidos opositores, lo cual habría que comprobar, porque para hacer cambios a la constitución López Obrador requiere de las dos terceras partes de las cámaras y no las tiene, por lo cual el estar buscando diputados como Rubén Moreira o comprándolos con favores o de otra forma, sigue siendo una práctica común, por más que digan que ellos “no son como los de antes”.

LA DEUDA DE COAHUILA, EL MAYOR ESCÁNDALO

A nivel Congreso del Estado, el mayor escándalo que se ha dado es el de la deuda pública de Coahuila durante el periodo de Humberto Moreira Valdés, quien en 2010 contrajo una deuda de 18 mil millones de pesos, sin autorización del Congreso y sin que a la fecha se haya dado una explicación del destino que tuvo esa enorme cantidad de dinero; es un misterio que no ha sido investigado.

En su quinto y último informe de gobierno, Humberto Moreira informó que las finanzas del estado se encontraban sanas, ocultando la deuda contraída y dejando como interino en la gubernatura a Jorge Torres López, quien, en tan solo un año, duplicó la gigantesca deuda, pero él no hacía nada sin consultarlo con Humberto Moreira, quien ocupó la presidencia nacional del PRI en 2012 y tuvo que dejarla debido al escándalo que se suscitó; sin embargo, tuvo tiempo para llevar el proceso por el cual se hizo candidato a la presidencia Enrique Peña Nieto.

En 2012 el PRI gana de manera arrolladora la gubernatura. Por primera vez en la historia del estado un hermano sucede a otro, en este caso Rubén Moreira.

Ganadas las elecciones, el congreso estatal se enfrentó a un hecho inédito, el más grave que haya tenido una legislatura en la historia moderna del país. Había una deuda de 33 mil 700 millones de pesos, contraída a través de 23 créditos con 9 bancos diferentes, la cual, proyectada con los intereses, comprometía un endeudamiento de 61 mil millones de pesos a 20 años para el gobierno estatal; un daño patrimonial gigantesco.

De esa deuda, 18 mil millones habían sido pactados sin autorización legal por el gobierno de Humberto Moreira y el resto por su interino, Jorge Torres López.

Legalmente el Congreso del Estado tenía un papel definitivo y era el momento justo de poder hacer algo con respecto a esa deuda, para disminuir en lo posible el enorme daño que provocaría en los siguientes 20 años.

Rubén Moreira se encargó de que la bancada priista, que era mayoritaria, “legitimara” toda la deuda. La sesión se llevó a cabo la última semana de septiembre de 2012, presidida por la diputada Hilda Flores.

El presidente de la junta de gobierno era Fernando de las Fuentes, actualmente diputado federal por Coahuila y exalcalde de Saltillo, quien fue premiado ampliamente.

Políticos como Salomón Juan Marcos Issa y Enrique Martínez y Morales, quienes en 2012 eran miembros de la Comisión de Presupuesto del Estado, también serían premiados en grande.

Hilda Flores fue convertida en senadora plurinominal, mientras que los otros tres fueron hechos candidatos a diputados federales. Fernando de las Fuentes y Salomón Juan Marcos ganaron, pero Enrique Martínez y Morales perdió y a partir de ahí, no obstante las grandes influencias de su padre, su carrera política se vino drásticamente a menos.

Salomón Juan Marcos Issa, es, de acuerdo a la información que se dispone hoy, un perseguido de la justicia por un enorme fraude fiscal, junto con sus dos hijos, Salomón y Antonio, este último también político.

La información sobre los 18 mil millones de deuda contraída en el 2018 fue encriptada por un periodo de 15 años y la información en general sobre la deuda por un periodo de 8 años, los cuales se vencen precisamente en este año de 2020.

Hoy Rubén Moreira coquetea con Morena y juega perversamente con su posición de diputado federal plurinominal.

DIPUTADOS PANISTAS, POR LAS MISMAS

En la toma de posesión presidencial de Felipe Calderón Hinojosa, la cual fue saboteada por las huestes de AMLO, la turbulenta sesión fue presidida por Jorge Zermeño Infante, quien, junto con varios diputados coahuilenses panistas, llevó a cabo el penoso operativo.

Cumplida la tarea, Jorge Zermeño fue premiado por Felipe Calderón. La petición de Jorge Zermeño fue la embajada de México en España y de inmediato le fue concedida con todas las canonjías implícitas y se selló así una cercana amistad entre el expresidente y el actual alcalde de Torreón, a partir de una diputación federal.

A nivel del Congreso Estatal de Coahuila, y a manera de ejemplo de cómo es que se dan en la realidad las cosas, está el caso de los fíat notariales.

Enrique Martínez y Martínez, como gobernador, necesitaba de ciertos favores de los diputados locales panistas y los obtuvo.

Martínez y Martínez era, y es, un político que sabía compensar favores, así que el término de la legislatura les concedió el fíat notarial a los jóvenes diputados Carla Samperio, Guillermo Anaya Llamas y Jesús de León Tello, todos ellos miembros de la LVI legislatura que fue de 2003 a 2005.

Se hizo un escándalo mediático, pero aunque lo dijeron, ninguno renunció a su fíat que es un negocio de por vida. Guillermo Anaya se convertiría en el jefe del PAN en Coahuila y muchas otras cosas, mientras que Jesús de León Tello es el actual dirigente estatal del PAN, después de un muy controvertido proceso de elección interna.

Contra lo que se dice hoy, los favores que se podían obtener a través de una diputación eran más grandes que una simple bolsa de marca o artículos de lujo; eso eran cosas menores.

De esta corrupción participaron los diputados del PRD con la misma ferocidad, aunque hoy, instalados en la tribu de López Obrador, voltean hacia otro lado o, sencillamente, juegan a la doble moral.

Miguel Barbosa Huerta, experredista convertido a morenista, quien llegó a la gubernatura del estado de Puebla de una forma siniestra, fue senador de 2012 a 2018, todo el periodo de Enrique Peña Nieto, lo que le alcanzó para comprarse en el inter la mansión del expresidente Miguel de la Madrid Hurtado, entre otros caprichos. Hoy dice que el no, “que el no es como los de antes”; ¿antes de quién?

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