Tesoros arqueológicos y naturales en gran riesgo

Tesoros arqueológicos y naturales en gran riesgo

Por: Álvaro González

Durante un poco más de 15 años me he dado al propósito de conocer todos los vestigios arqueológicos del mundo prehispánico, en especial de la cultura maya, lo que me ha llevado a una gran cantidad de largos viajes por el centro y el sur de México, los cuales han sido una experiencia extraordinaria e ilustrativa.

Antes de cada viaje es necesario dedicarle tiempo a la lectura sobre los sitios que visitaremos, aunque respecto a muchos de ellos no existe literatura o es de circulación restringida.

Uno de los viajes más espléndidos fue que emprendí hace 12 años, el cual ha sido el más largo e incluyó Calakmul, considerada la segunda reserva de la biósfera más importante del planeta por su tamaño de macizo continuo de selva, además de la zona arqueológica que le da su nombre, una de las más importantes ciudades imperiales del mundo maya.

No era fácil ir a Calakmul, la travesía es larga y debería hacerse sin pensar mucho en las comodidades.

Era noviembre y el clima estaba excelente, porque no había pronóstico de lluvias y el calor desciende notoriamente.

De Villa Hermosa, Tabasco, había que transportarse por carretera y pernoctar en Ciudad de Carmen, donde hace un calor de infierno, con una humedad altísima, apenas soportables por el aire acondicionado del hotel.

Al otro día, muy temprano, rentar un automóvil pequeño y emprender la travesía hacia Escárcega, pasando por Laguna de Términos y otros dos poblados. El paisaje es hermoso. De Escárcega hay que tomar una muy angosta carretera, cargada de tráfico pesado, lo que la hace peligrosa, para ir hasta Xpuhil, pasando por un pequeño caserío denominado Centenario.

Descontando la comida en un muy pintoresco restaurante, donde venden pescado y la atracción era una familia de monos araña, se llega a Xpuhil ya de tarde, para buscar un cuarto en uno de los dos o tres hostales que hay en el pueblo, donde todo se paga en efectivo, porque no hay siquiera un cajero automático y un mínimo de servicios, incluido el servicio de gasolinerías que es muy limitado en toda la zona; un descuido y se queda uno sin combustible.

Después de un baño de agua fría (no hay de otra), hay que comenzar el día de madrugada para alcanzar a recorrer la zona arqueológica de Xpujil con cierta prisa, comer cualquier cosa a manera de desayuno y dirigirse a Becan, una pequeña zona arqueológica que se menciona poco, pero es sumamente interesante y está muy bien conservada. Es la única ciudad maya conocida que está rodeada de un foso, del mismo tipo que usaban las ciudades europeas, y cuenta, entre otras cosas, con enormes mascarones muy bien conservados.

La mañana era espléndida por la frescura del clima, poco usual en esta región. En la zona sólo estábamos nosotros y dos parejas, ya muy grandes de edad, de académicos alemanes, quienes con bastón en una mano y un libro especializado en la otra recorrían fascinados las ruinas.

EL EXTRAORDINARIO CALAKMUL

Finalmente, después de retornar la angosta carretera por la que se arriba a Xpuhil, estábamos ante la entrada a Calakmul, pero se tienen que recorrer por lo menos alrededor de 40 kilómetros hasta la zona arqueológica, por una carretera en buen estado pero que, debido a lo abundante de la maleza y a lo rápido que crece, se angosta a un solo carril, lo que obliga a recorrerla con gran cuidado.

La lentitud de la velocidad pareciera hecha con propósito, porque permite ir observando una enorme variedad de aves de plumajes increíbles, muchas de las cuales, como una especie de pavos en colores azules tornasol intensísimos, caminan por la carretera con toda parsimonia.

Con cuidado y tomando las debidas precauciones, se pueden hacer algunas paradas para realizar recorridos cortos por la selva, donde se pueden observar parajes pantanosos increíbles, una gran variedad de monos, bajo el riesgo de pisar el territorio de alguna manada de monos negros y tener que enfrentar la agresión del macho alfa de la manada, quien hace un escándalo terrible y, saltando sobe la parte baja de las copas de los árboles, chilla y muestra ferozmente sus colmillos. No ataca a un humano, pero sí asusta.

Finalmente, la llegada a la zona arqueológica de Calakmul, en lenguaje original “ciudad de los dos montículos”, cabecera de un imperio, donde efectivamente sobresalen dos gigantescas pirámides, una restaurada en su parte frontal y la otra todavía en proceso de restauración.

Los árboles se mezclan con los montículos y enormes estelas, que dan idea de lo gigantesco de la ciudad original, la mayoría de cuyos vestigios se encuentran bajo tierra. No hay museo de sitio, sólo la recepción, los baños y una máquina de refrescos y frituras.

Nos llevaría años conocer la tumba del rey Garra de Fuego, fallecido en 697 d.c., encontrada en Calakmul, pero que se exhibe en el Fuerte de San Miguel, en la ciudad de Campeche. Tampoco se habían descubierto entonces algunos bajorrelieves que no son de acceso público, ni otras joyas arqueológicas que han sido trasladadas a museos que determina el INAH desde la Ciudad de México.

Con un esfuerzo físico agotador, subimos la pirámide que se encuentra habilitada, que, siendo gigantesca, termina en un basamento que debe de ser no más grande de ocho por dos metros, desde donde se puede apreciar un panorama espectacular de la selva, mientras las águilas planean a corta distancia. En la línea del horizonte se alcanza a ver la frontera con Guatemala.

Siempre se pregunta uno por qué hombres que eran de estatura muy pequeña hacían pirámides con escalones enormes, pero eso se repite en cada edificación maya, aunque se acentúa más en Calakmul, donde su zona arqueológica deja ver grandeza, más que belleza, y esa mezcla con la selva que le rodea la hace única.

Para terminar un recorrido por la selva, un guía que nos coloca unos protectores en las piernas porque le tiene mucho miedo a las serpientes, y nosotros también.

Recorrer la selva es una experiencia inigualable. Maravillados con la fauna y la flora, caminamos en silencio, pues hay la posibilidad, opina el guía, de avistar un jaguar, una especie en extinción que tiene en la reserva de Calakmul uno de sus últimos hábitats, donde sigue siendo asediado por cazadores contrabandistas, que se introducen desde Guatemala o de algunas aldeas cercanas.

Todo este extraordinario ecosistema que se encuentra en peligro alberga especies como el pecarí labios blancos, el jaguar, el puma, el zopilote rey y el pavo ocelado, entre muchas otras especies en peligro de extinción, lo mismo que una flora vastísima que existe hoy gracias a la protección de la selva ubicada en la reserva de Calakmul, fuente además del principal acuífero de toda la península.

POR DECISIÓN PRESIDENCIAL

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador, sin estudios de impacto ambiental de ninguna naturaleza, sin la opinión de expertos nacionales ni extranjeros, ha iniciado la construcción del llamado Tren Maya, que pretende no sólo ser una vía de transporte, ya por sí misma invasiva y contaminante, sino crear nuevos “polos de desarrollo” en las comunidades rurales mayas, que hoy viven de una afluencia turística de impacto moderado, que complementan con la pesca y apicultura, lo que ha logrado mantener un equilibrio ecológico.

La creación de comunidades más grandes y una afluencia de turismo de alto impacto, como la que se tiene hoy en zonas de Yucatán como Chichen Itzá y Uxmal, pueden causar un daño irreversible a la reserva de la biosfera más importante de México.

Todo el diseño se le ha dejado a Fonatur, sin partir inicialmente de la participación de la Semarnat, lo que motivó, de fondo, la renuncia de su primera titular, Josefa González Blanco, una ecologista con reconocimiento internacional e independiente al movimiento político de López Obrador.

En su lugar se colocó a un académico viejo, Víctor Manuel Toledo Manzur, que tiene mucha experiencia detrás de un escritorio, pero no en el campo de trabajo real, y que, además, como la mayor parte del gabinete, no ha mostrado la capacidad de hacer valer la postura que debe asumir la Semarnat.

Ya la comunidad indígena Ch´ol se amparó ante un juez federal para detener las obras del Tramo I del Tren Maya, que va de Palenque a Escárcega, cuando Fonatur, en cinco ocasiones, no pudo presentar un estudio que demuestre que el tren no tiene una repercusión sobre la salud de las comunidades indígenas.

Cuando se llegue a la parte de la reserva de la biosfera de Calakmul, es muy probable que la comunidad ecológica nacional e internacional actúe en contra de este proyecto, el cual, para que salga más barato, inclusive tendrá propulsión a diesel, lo que da una idea de cómo se están tomando las decisiones de una obra que nadie pidió, y tuvo que ser consultada con “la madre tierra” ante la imposibilidad de obtener un consenso indispensable.

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