La Laguna: políticamente desintegrada

La Laguna: políticamente desintegrada

Por: Álvaro González

La máxima de que la democracia es el menos malos de los regímenes políticos, anticipa que no hay nada perfecto, mucho menos tratándose de política.

La alternancia ha convertido a la región lagunera es una versión muy singular de la figura bíblica de la torre de Babel, donde cada quien habla su propio idioma y no se puede construir obra alguna de provecho para una región que funciona íntimamente relacionada, pero dividida por la política.

Torreón es gobernada por un panista viejo, arrogante y bastante testarudo, quien piensa patrimonialistamente que el gobierno es suyo y de su familia. Gómez Palacio tiene una alcaldesa que llegó al poder a través de Morena, pero es priista desde sus inicios y no es aceptada por los propios morenistas. Lerdo es gobernada por un priista pero, siendo el único priista que queda, se encuentra aislado y tiene que negociar con un gobernador panista. Matamoros es gobernada por un médico de pueblo que, aprovechando en buena medida el prestigio de su padre, un destacado personaje del deporte, se metió a político a través de Morena y tiene serios problemas para gobernar. Francisco I. Madero cayó en manos de otro improvisado de la política que no ata ni desata. Y San Pedro, también por pleitos entre los propios priista, cayó en manos de otra doctora de pueblo que tiene muchos problemas para aprender el oficio público.

Por primera vez en 50 años, Coahuila tiene un gobernador lagunero, pero, paradójicamente, tiene que estar maniobrando para tratar a cada uno de los alcaldes de la región, quienes tienen la peregrina idea de que ellos pueden resolver la gestión de recursos federales para obras públicas municipales.

Jorge Zermeño, por aquello del gobierno de Felipe Calderón, está en la lista negra de Andrés Manuel López Obrador, un político bastante rencoroso, así que ya está sufriendo el recorte del presupuesto federal

¿Cuántas obras públicas de infraestructura o de cualquier otra naturaleza que se consideren importantes se han realizado en La Laguna y cuántas están proyectadas para los próximos años? Absolutamente ninguna.

A la obra del Metrobús, que es la única que está propiamente terminada en la parte de construcción, el gobierno federal recortó los fondos y las participaciones; los gobiernos de Torreón y los de Matamoros no le han querido poner un peso, porque no es una obra “suya”, cuando es la obra de movilidad urbana e intermunicipal más importante en décadas.

En la parte de Durango desaparecieron los recursos y ahora tampoco le quieren meter un peso, porque hay intereses políticos en el transporte público urbano de pasajeros.

El Fondo Metropolitano, que llegó a manejar más de 600 millones de pesos anuales para obra pública de la zona metropolitana Torreón-Gómez Palacio-Lerdo-Matamoros, ha desaparecido sin que todos los diputados federales y senadores que dicen representar a La Laguna hayan hecho absolutamente nada.

La pandemia del COVID-19 es tal vez el mejor ejemplo de la desorganización y de esa torre de Babel en la que vivimos.

Incapaces de sentarse a la mesa para tomar acuerdos, fijar políticas, programas y aprovechar los recursos en común para presentar un solo frente a la pandemia, cada quien hizo lo que quiso por su cuenta y los resultados son desastrosos: 3 mil 708 casos al 14 de julio y sumando de forma acelerada más contagios, con un registro 283 decesos.

Pueblos como San Pedro y Francisco I. Madero, con más de tres veces menos población que Monclova, que era el centro de la pandemia en Coahuila, tienen hoy más casos activos que la ciudad acerera.

Gómez Palacio, que registraba un comportamiento moderado, al 15 de julio ya estaba sumando 1,103 contagios, con 92 defunciones, mientras que la capital, con muchísimo más población, sumaba 1,135 casos y 87 decesos.

Torreón estaba a punto de llegar a los 1,400 casos, con casi 500 casos activos y un crecimiento agresivo.

Esto que pasa con la pandemia se refleja en todo lo demás. A Jorge Zermeño no le interesa reunirse con Marina Vitela para asunto alguno y sólo por cubrir las apariencias se tratan algunos asuntos institucionales.

Tanto Jorge Zermeño como Marina Vitela llevan una de las más malas relaciones que se recuerden en la historia política reciente con sus respectivos gobernadores. ¿De esta forma cómo van a caminar exitosamente programas, obras y proyectos coordinados, cuando son los gobiernos estatales los que tienen el mando de los estados?

Ajenos a esta división política imposible que ellos mismos han creado, los laguneros son quienes tienen que pagar las consecuencias al corto, mediano y largo plazo, porque los políticos finalmente se van.

Cuando se inauguró oficialmente la autopista escénica Durango-Mazatlán, el entonces presidente, Felipe Calderón, les dijo a los presentes: “Nada más les digo que me van a extrañar”, haciendo referencia a la inversión en una obra que fue deseada por décadas y que finalmente se concretó.

Hoy, ni para Coahuila ni para Durango hay proyecto de infraestructura alguna, por lo menos no de importancia y, mucho menos, una obra de la magnitud de la espectacular autopista Durango-Mazatlán, muy probablemente la autopista escénica más bella de todo México.

Ahora todo se ha vuelto enconos, rivalidades, localismos y miserias, porque todo mundo se queja del dinero. Así, el futuro para el cierre de este año y el próximo pinta, por lo menos desde la perspectiva de hoy, desolador.

¿Para qué nos ha servido, en términos concretos, la alternancia municipal en La Laguna? Hasta ahora para crear nuestra versión de la torre de Babel. Las camarillas, los grupúsculos y los partidos se han puesto por encima de los intereses sociales.

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