El dulce encanto de ser diputado

El dulce encanto de ser diputado

Por: Gerardo Lozano

El edificio de los diputados locales en Saltillo, ubicado sobre el boulevard Coss, en un rincón arbolado y dotado de estacionamientos privados, se asemeja a un mausoleo.

Siempre que se le visita, ya sea en periodo de sesiones o de receso, el edificio de dos plantas, con un gran espacio central cubierto de piso de mármol blanco, luce casi completamente vacío y reina un silencio imperturbable. La mayoría de las puertas de madera fina de las amplias oficinas de los diputados se aprecian cerradas. Se debe estar de suerte para encontrar en su cubículo a más de tres o cuatro diputados.

Habitualmente, hay una recepcionista o un vigilante en el mostrador de la entrada, pero en el resto del edificio no hay más de cinco o seis asistentes secretariales. Esto hasta las tres de la tarde, después sólo queda un vigilante.

En el edificio viejo del Congreso, la parte que anteriormente albergaba los cubículos de todos los diputados ahora es de acceso restringido, porque ahí despacha el presidente en turno, algunos asistentes, personal secretarial, personal administrativo y no se sabe qué más, pero algunas puertas están permanentemente cerradas. Salvo el del presidente, son cubículos originalmente más chicos.

En medio de todo este silencio hay un dulce encanto que propicia, cada tres años, el que un grupo de políticos, 25 en total, contando a los plurinominales, peleen con uñas y dientes por ocupar un escaño en el Congreso del Estado.

Y es que el encanto no es poco; se trata de uno de los puestos públicos más bien pagados y con una de las cargas de trabajo y responsabilidades más ligeras que existen, tanto que se pudiera afirmar que apenas si trabajan muchos de ellos. Aun así ya en la legislatura anterior cada diputado nos costaba a los contribuyentes de Coahuila 7 millones 933 mil 543 pesos por año, y son tres años, pero ahora el encanto aumentó: se pueden reelegir varias ocasiones, tal como sucede en Estados Unidos.

NO CANSAR EL CUERPO

La consigna de los diputados es la de no cansar el cuerpo, porque hace daño, de ahí que únicamente tengan dos periodos de sesiones del pleno al año: del primero de marzo al 31 de junio y del 1ro de septiembre al 31 de diciembre.

Pero no se vaya a pensar que trabajan todos los días, no, en promedio tienen de cinco a seis sesiones por mes del pleno, ocho de forma extraordinaria, más las sesiones de cada una de las comisiones, que pueden ser una vez al mes, o hasta menos.

En los dos periodos de dos meses en que no sesiona el pleno, entra en funciones una comisión permanente, compuesta por 11 de los 25 diputados; pero si el pleno trabaja poco, ya se imaginará cuánto trabaja la permanente.

Lo más increíble es que por cada sesión plenaria un diputado recibe 1,800 pesos, así que si sesiona seis veces por mes, le puede agregar a su sueldo 10 mil 800 pesos adicionales, pero también reciben 1,800 pesos por cada sesión de comisiones, aunque oficialmente solo se les paga una, lo cual es una versión que no habrá que tomar a la letra.

El sueldo oficial, para cumplir con la “austeridad republicana”, es de 54 mil 880 pesos; por lo menos ése era en la pasada legislatura, pero es sólo una simulación, porque el ingreso real es muchísimo más alto.

Además del mencionado pago por cada asistencia a sesión, reciben 1,900 pesos para despensa; 25 mil pesos de apoyo parlamentario y 20 mil más de apoyo legislativo, lo que genera un ingreso que debe de estar entre los 110 mil y los 120 mil pesos mensuales.

En teoría, se tienen que comprobar los 25 mil pesos de apoyo parlamentario y los 20 mil pesos de apoyo legislativo, pero como se comentaba anteriormente, estos diputados no pagan una sola copia fotostática de su bolsa y sí reciben varios ingresos que no son oficialmente registrados.

De aguinaldo recibían oficialmente el equivalente a 8,419 pesos mensuales, lo que da 101 mil 419 pesos antes de irse a partir el pavo cada año, pero en la práctica reciben cantidades superiores a los 200 mil pesos.

Cada coordinador de la bancada de partido, habiendo partidos que tienen tres o dos diputados, como la UDC y Morena, reciben de 30 mil a 60 mil pesos adicionales para gastos, que nunca se les auditan, lo que es otro extra.

Los encantos no terminan ahí, pues los diputados foráneos, que son la mayoría, reciben ayuda de viáticos, pero las comisiones suelen organizar “viajes de trabajo” a muy diversos destinos.

Si hay un tema especialmente delicado, como en su momento fue la legalización de la deuda estatal de Coahuila, los diputados de oposición se pueden “cotizar” sumamente alto, de lo contrario amenazan con votar en contra.

Para este año de 2020, el Congreso del Estado ejercerá un presupuesto de 199 millones 806 mil 276 pesos, no obstante la austeridad.

Aunque los diputados tienen el mayor nivel de desaprobación entre todos los funcionarios públicos, a ellos eso les importa muy poco; hay un dulce encanto que hace intrascendente la desaprobación, porque además el cinismo ayuda bastante.

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