Inventar un complot, maniobras sucias para 2021

Inventar un complot, maniobras sucias para 2021

Por: Rodrigo Tejeda

Todo indica que esa oscura y muy inquietante frase de que la pandemia le “vendría como anillo al dedo” a la cuarta transformación, la cual desnudaba el deplorable nivel de estadista que tenemos en López Obrador, no está resultando como se esperaba: el anillo está apretando el dedo presidencial y todo indica que cada vez lo hace más.

Desde el inicio de la pandemia, AMLO se ha estado radicalizando cada vez más ante dos escenarios que le preocupan de especial manera: las elecciones de 2021, donde se renueva la Cámara de Diputados, 15 gubernaturas y más de mil gobiernos municipales, además de congresos locales, lo que podría implicar la liquidación de su proyecto de hegemonía y del control político del país, como pretende.

La otra preocupación es una fecha fatal que él mismo se impuso: la elección de revocación de mandato en 2022, donde se le ratifica o se le cancela su mandato como gobernante.

Pudiendo haber creado una gran alianza nacional, con todos los sectores sociales, partidos políticos y medios empresariales, para enfrentar la pandemia y la crisis económica que se ha venido encima. Segado por su ideología, se ha dedicado a dilapidar cualquier alianza y ha venido destruyendo, uno a uno, todos los puentes que pudo haber tendido para consolidar su liderazgo y fortalecer la figura presidencial.

Ha atacado personalmente a intelectuales, periodistas de alto ranking, la mayoría de los principales medios de comunicación, organismos empresariales, partidos políticos y todo aquél que de alguna manera es independiente y le cuestiona, entre los que incluye al propio dirigente interino de Morena o a gentes como Cuauhtémoc Cárdenas, quien le propuso parar las obras emblemáticas y destinar los recursos a combatir la pandemia.

Tiene ya a un tercio de los gobernadores organizados en un bloque, molestos ante la incapacidad de ser escuchados y atendidos, dispuestos a exigir la revisión del pacto fiscal y la restitución de los fondos gastados en el combate al COVID-19, que le corresponde al Fondo de Contingencia que tiene en custodia el gobierno federal, el cual mal usó en el 2019.

LA POLÍTICA SUCIA ES LA BOA

Como culminación de lo que ha venido haciendo y diciendo, el 10 de junio, en plena conferencia mañanera, AMLO dio a conocer un documento supuestamente confidencial, sin fuente de origen, sin verificación de autoría, en el cual se plasma un supuesto complot en contra de él y de Morena, de cara a las elecciones de 2021 y 2022.

El documento “confidencial”, se dice, es elaborado por un Bloque Opositor Amplio, BOA, al cual puso a darle lectura a su tortuoso vocero oficial, Jesús Ramírez Cuevas, sin que la cada vez más pobre concurrencia de periodistas de la “mañanera” hicieran en forma su trabajo de cuestionar el origen de tal documento, y la forma en que supuestamente fue obtenido, siendo que todas sus hojas tienen una marca del tamaño de las mismas que las señala como confidenciales.

Ese día todos los involucrados se desmarcaron, unos con sentido del humor, otros con sátira y los demás sencillamente exponiendo que no tenían nada que ver y, en el caso de que así fuera, estarían en todo su derecho de actuar como oposición, dado que estamos en un sistema democrático.

Pasada la ola de desmarques y de críticas, ante el hecho de presentar el documento y sobre el documento en sí mismo, han quedado en apariencia sólo dos conclusiones: un acto delirante y preocupante de un presidente que se manifiesta cada vez más radical, autoritario y tentado a alterar el mismo sistema democrático, lo cual es la versión más indeseable. La otra es la de una maniobra burda y sucia creada por los asesores presidenciales para tratar de inhibir que, en la realidad, se forme efectivamente en el país un frente opositor amplio para las elecciones de 2021 y 2022.

En los dos casos se mostraría a un presidente que está observando un escenario político que puede tornarse adverso, rompiendo su aparente optimismo ilimitado y que debe tener sobre su mesa encuestas y sondeos de opinión no muy favorables, tanto sobre su persona como sobre su gobierno y su partido.

Si hubiera que escoger, lo más evidente parece ser una maniobra sucia, pero orquestada y ejecutada de una manera torpe, inverosímil, porque algo así sencillamente no se puede inventar; sin embargo, el documento, que tiene obvios indicios de provenir del propio equipo presidencial, es el resultado de un análisis de “inteligencia”, por el cual se dieron a la tarea de crear un posible escenario sobre los procesos electorales de 2021 y 2022.

Ejemplifiquemos: los sondeos de opinión al día indican que si hoy fueran las elecciones y cada partido fuera por su cuenta en contra de la alianza de Morena, el partido oficial ganaría solo cinco gubernaturas, mientras que el PAN ganaría una, pero en las otras nueve gubernaturas si la oposición va en bloque contra Morena, por lo menos habría empates técnicos o triunfos para la oposición, lo que hace prever tres cosas: que en varios estados la oposición puede optar por ir en bloque, que el INE tendrá un papel estratégico por la cantidad de pleitos legales postelectorales y que el poder judicial tendrá también un papel protagónico.

Algo más: en buena medida una elección se gana con recursos económicos y los medios empresariales estarían del lado de la oposición, mientras que el gobierno federal está ya en serios problemas financieros y podría estar en una situación peor en 2021.

El llamado BOA sería una formación opositora natural que ha creado el propio AMLO, no sólo en esta versión de espionaje barato y anticonstitucional, sino a través de sus políticas, de sus agresiones y de su toma de decisiones.

Sea o no verídico el “documento confidencial” que le hizo llegar “el pueblo”, AMLO está violando el artículo 134 constitucional, al inmiscuirse y tomar postura en asuntos de carácter político-electoral.

Aunque no es el caso, si hubiera llevado a cabo espionaje para obtener un documento confidencial, también estaría cometiendo un delito y comportándose de forma mafiosa, antidemocrática.

En cualquier democracia desarrollada del mundo, la formación de frentes, alianzas o coaliciones es algo totalmente legítimo e inclusive necesario, como lo es la disolución de un gobierno por incompetencia y el adelanto de elecciones. Y no hay nadie que ande por ahí con la historia trasnochada de que hay complots, conspiraciones, sino, democráticamente, el reconocimiento de que un gobierno no está funcionando. Esto ha pasado recientemente en países con tanta tradición democrática como Inglaterra y más recientemente en España, así pasaba con frecuencia en Italia.

Si es un proceso democrático real y no una maniobra política de vulgar marrullería, lo de la revocación de mandato que propuso el propio López Obrador es un gran avance para remover gobiernos incompetentes y no tener que esperar seis años de ineficiencia, lo que hace mucho daño al país.

El problema principal de López Obrador es que todo lo quiere ideologizar, pero de una manera que ya alcanza lo grotesco. Si es un gobierno de izquierda, debería decirlo abiertamente, o más bien debió decirlo en el proceso electoral, lo cual no tiene nada de malo si fuera un izquierdista moderno, serio y consistente, no la amalgama de contradicciones en que se ha convertido.

Como lo hemos expresado en ocasiones anteriores, el punto de quiebre de este nuevo gobierno fue la pandemia del COVID-19, cuando se esperaba que se diera a finales de 2020.

Con toda la historia de clientelismo, de atraso político y de una educación tan baja entre la mayoría de la población, no es muy difícil manipular al mexicano pobre, solo se requiere de programas asistenciales y de una campaña populista como la que está llevando a cabo el lopezobradorismo.

Al país le urge oposición, le urge una separación de poderes y le urge un estado de derecho para hablar de una transformación política.

Se requiere mucha ignorancia, mucha necesidad económica o corrupción para ponerse a defender políticas y actos que son indefendibles, que no sólo van en contra del sentido común, sino en contra de los intereses del país.

Si lo de la BOA salió, como todo indica, de una maniobra sucia y torpe del gabinete presidencial, seria lo ideal que de la sociedad mexicana en su conjunto surja efectivamente un frente amplio opositor que cambie el balance de poder en 2021.

Sería un grave daño al país que el partido en el poder siguiera controlando la Cámara de Diputados, se haga de la mayoría de las gubernaturas en disputa, de los congresos locales y de más de mil presidencias municipales.

Si en una democracia como la nuestra se pulveriza la oposición, podemos estar a las puertas de un régimen gubernamental que destruya nuestro insipiente sistema democrático, lo cual sería un escenario trágico. Y el riesgo está latente: no pasa mes sin que se intente alguna ley, decreto o medida que apunta en contra de un régimen democrático.

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