Pandemia y solidaridad comunitaria

Pandemia y solidaridad comunitaria

EDITORIAL MARZO 2020

Estamos ante una amenaza inédita, cuyo desenlace, al cierre del mes de marzo, desconocemos en todos sus alcances.

Hasta ahora la pandemia del COVID-19 ha golpeado a países ricos, exceptuando a Irán, por lo que también desconocemos qué comportamiento tenga el fenómeno en un país como el nuestro, con un sistema de salud pública muy deficiente y un sector privado muy elitista, en un mal momento de la economía debido al mal manejo de la misma y otras debilidades, las cuales son conocidas y ya han sido abordadas en todos los medios.

Pero tenemos también fortalezas que los países desarrollados no tienen, entre las que destaca nuestra cohesión social, pese a todo el daño que ha provocado la violencia y el crimen en el tejido social.

La mitad al menos de los mexicanos vive en la pobreza, al día, mientras que otro porcentaje alto también vive al día, con la diferencia de que tiene un trabajo formal.

No podemos, ni debemos, por elemental sentido de sobrevivencia, pensar en que el gobierno central podrá resolver la situación si ésta se llega a salir de control. Es mucho más confiable nuestra reserva de solidaridad, que es completamente ajena a la política y es conveniente que así lo siga siendo.

Desconocemos a cuántos alcance la infección y les provoque enfermedad, pero sí sabemos que son los adultos mayores los más vulnerables, lo que exigirá de cada familia afectada toda su cohesión y apoyo.

Sabemos que también están en un mayor riesgo diabéticos, hipertensos y personas con enfermedades crónicas, lo que pueden requerir igualmente de gran apoyo y solidaridad.

Clubes sociales, organizaciones de la sociedad civil, instituciones educativas, iglesias y en general todas las instituciones, incluyendo a las empresariales, pueden integrar un gran frente común de asistencia sanitaria y de asistencia social, no esperar que el gobierno haga y diga todo, sino actuar con iniciativa, organización y aportación de quienes están en la posición de hacerlo.

Los jóvenes en particular pueden desempeñar una tarea especialmente valiosa en la contingencia que está iniciando.

Sin planteamientos demagógicos de políticos, la gran fuerza de México es su gente: su cohesión social.

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