La tormenta y el huracán; el coronavirus y la economía

La tormenta y el huracán; el coronavirus y la economía

Por: Eduardo Rodríguez

El daño de salud que va a provocar el virus del COVID-19 en la población mexicana es hoy imposible de calcular y eso dependerá de la magnitud que alcance la pandemia en un país de las características del nuestro, pero el daño a la economía ya tiene algunos indicadores y estos pueden ser mucho más devastadores que la propia pandemia como tal.

El primer elemento, ya bien establecido, son los resultados económicos de 2019: recesión económica al caer el crecimiento económico por debajo de cero; caída de la inversión privada; caída de sectores estratégicos, como el turístico y el de la construcción; falta de condiciones de confianza para el capital privado; una política gubernamental muy errática en el sector energético, la planeación del gasto y políticas estatistas que chocan con una economía abierta y con sectores estratégicos.

El resumen de 2019 proyecta algo que no puede ser rebatido: un gobierno central incompetente en el manejo de la economía y con una ideologización que, siendo ya de por si delicada, es vieja u obsoleta, llámele como usted quiera.

En medio de esta tormenta, cuando el primer trimestre del año arrojaba otra vez un escenario pesimista por la incapacidad de hacer correcciones al manejo económico, aparece la pandemia del COVID-19 y con ella el derrumbe de las bolsas de valores en todo el mundo; la depreciación abrupta del peso frente al dólar; la caída de los precios del petróleo hasta 18 dólares por barril; la interrupción de muchas cadenas productivas; la caída, ahora sí drástica, del sector turismo; el repliegue de los capitales extranjeros y su huida en busca de refugios más seguros, que no son muchos por cierto, entre los factores más importantes.

Todo se conjunta para que se presente una recesión económica internacional. Muchos analistas hablan de una recesión tan catastrófica como la de finales de los años treinta del siglo pasado. No hay certeza de la magnitud, pero se establece como un hecho que será una gran recesión económica que tomará muy mal parado a México, quien ya venia de un año bastante malo, no por factores externos sino por el mal manejo del nuevo gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

¿QUÉ PUEDE SUCEDER?

Si el año pasado el Producto Interno Bruto del país cayo alrededor de un 5%, para este año de 2020 podría caer entre otro 15 y 20%, lo que nos colocaría en una recesión inédita.

Los factores negativos son objetivos. La caída del petróleo es crítica porque PEMEX es deficitaria; tiene una deuda de 105 mil millones de dólares, que se ha incrementado casi un 25% de golpe con el incremento del precio del dólar, el cual se desconoce cuándo logre bajar. Las políticas de eliminar la inversión privada en la paraestatal por razones ideológicas obsoletas han convertido a PEMEX en una de las petroleras del mundo de más alto riesgo.

La baja en el precio de las gasolinas no es una decisión de AMLO, eso es una mentira. Su baja se debe a la caída en los precios internacionales del petróleo, decir lo contrario es demagogia.

La salida de capitales extranjeros por la crisis financiera internacional tirará las reservas y nos debilitará financieramente.

La economía toda del país se enfrentará  una crisis y con ello los ingresos vía impuestos sufrirán una drástica disminución, cuando ya en 2019 se ha gastado de más en proyectos poco productivos.

En resumen, si AMLO había impuesto al inicio de su gobierno una austeridad ficticia para utilizar el dinero público en sus proyectos, ahora la falta de recursos del sector público sí se volverá crítica.

Por sí solo, PEMEX se puede convertir en un problema inmanejable.

La pérdida de confianza y de un estado de derecho, además de la ausencia de políticas económicas adecuadas habían contraído la inversión privada en 2019 e inicios de este 2020, pero el 21 y 22 de marzo AMLO le dio otro golpe a la confianza y el estado de derecho con el caso de la empresa Constellation Brands, generando de paso un problema de orden legal, para el cual no se ve que tenga soluciones, pues es un caso que se puede volver internacional debido a la magnitud de esta empresa cervecera. El daño está hecho, por la simple arrogancia de no utilizar los medios adecuados y apegarse a derecho, pero puede darse un problema de varios miles de millones de dólares.

En medio del huracán salió a soplarle más al viento, sin importarles incluso la contingencia ambiental. Más irresponsabilidad, ¡Imposible!

¿Qué nos espera entonces? Sólo hay un escenario posible: una recesión económica sin precedentes, que dejará millones de gentes en la pobreza, los que se sumarán a quienes ya están en ella.

Ante ello hay la posibilidad de que el gobierno de López Obrador guarde su 4T y redefina su gobierno en lo referente al manejo de la economía, lo que implica redefinir el gasto público, fijar políticas agresivas de apoyo a los sectores productivos privados, tomar decisiones muy drásticas sobre el sector energético paraestatal y sobre sus megaproyectos de inversión, revisar todos sus programas de gasto en general y fijar nuevas políticas hacendarias.

El gran cuestionamiento es si López Obrador puede finalmente escuchar y rediseñar su gobierno, porque, desde la perspectiva de hoy, la crisis que se viene es tal que la gran obra sexenal sería restablecer la economía del país.

El cambio es inevitable, de una forma u otra, pero si no se hace este de la mejor forma posible, con el bajo margen de maniobra que posee el país, las crisis del 1982 y la de 1994 serian algo pequeño comparado a lo que tendría que enfrentar el país en los próximos años.

Paragógicamente, ahora el problema real es cómo parar el empobrecimiento de millones de mexicanos, cuando inicialmente era tener menos pobres. Pensar en que el estado mexicano puede, por sí solo, enfrentar este problema sería una locura.

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