La brutalidad como deporte

La brutalidad como deporte

Por: Eduardo Rodríguez

En la última década han surgido las “Artes Marciales Mixtas”, Mixed Martial Arts (MMA), como el “deporte” de más crecimiento en el PPV (pago por vista) de la televisión a nivel mundial, superando inclusive con frecuencia al box y, en Estados Unidos, compitiendo con la WWE (lucha libre).

Aunque se afirma que se trata de la mezcla de box, lucha libre, judo, karate y lucha grecorromana, entre otras, todo orienta a que las “artes mixtas” están inspiradas principalmente en las peleas brutales y sangrientas del “vale tudo” brasileño.

En 1993 se organizó el primer gran evento en Denver, Colorado, con tan solo dos reglas: no meter el dedo a los ojos y no morder.

El espectáculo fue tan brutal y morboso que el prestigiado senador por Arizona, John McCain, lo calificó en 1996 como “una pelea de gallos entre humanos” y utilizó su posición en el senado para bloquear la realización de este tipo de eventos.

Como consecuencia, varias cadenas televisivas dejaron de transmitir las peleas promovidas por la empresa UFC (Ultimate Fighting Championship), pero ésta ya se había dado cuenta que la brutalidad despertaba el morbo de una gran audiencia de televidentes y, en consecuencia, era un gran negocio potencial.

Esto motivó a tres emprendedores: los hermanos Lorenzo y Frank Fertitta y Dana White a comprar la original UFC en 2 millones de dólares, en el 2001, pero su problema seguía siendo el que John McCain y muchos críticos consideraban las “artes mixtas” no sólo como una “pelea de gallos entre personas”, sino como una pelea de animales; un espectáculo muy desagradable, pero la violencia y el morbo seguían indicando que potencialmente había un gran ranking televisivo en ese tipo de eventos.

Para restarle una parte de la barbarie a las peleas de MMA, la UFC ideó un ring o pancracio octagonal de 69 metros cuadrados y comenzaron a introducir reglas como no golpear ciertas zonas prohibidas, evitar algunos golpes, no patear a la cabeza de un oponente caído ni golpearlo con la rodilla, no morder y no picar los ojos, que eran las dos únicas reglas originales, pero las MMA seguían siendo demasiado violentas y desagradables para ser televisadas.

El box había sido el deporte tradicional de contacto directo en todo el mundo, con un gran éxito de taquilla y de transmisión televisiva (cuando aparece la televisión), mientras que la WWA, que es la máxima asociación de lucha libre, siempre se ha considerado como un espectáculo, una variante teatral donde se enfrentar dos gladiadores enormes y musculosos, algunos de ellos gigantes, pero se dedican principalmente a dar un show de “porrazos”, cachetadas y payasadas, ya ni siquiera de acrobacias y llaveo de lucha, como todavía se puede ver en la lucha libre mexicana.

Aunque las estadísticas indican que es menos probable que en el box se den lesiones, cuando ocurren suelen ser graves, porque casi todas ellas se dan en el cerebro, como contusiones o, en algunos casos extremos, la muerte de uno de los pugilistas por derrame o lesión cerebral severa.

La clínica Journal of Sport Medicine, establece que efectivamente la probabilidad de sufrir una lesión en el box es mucho más baja que en las “artes mixtas”, donde las lesiones en general son mucho más frecuentes pero, la mayoría de ellas, de menor gravedad.

Estas lesiones pueden ser desgarres musculares, contusiones, dislocamiento de brazos, lesiones del cuello, lesiones en la columna vertebral, lesiones en manos y brazos y, aunque en apariencia en menor proporción, lesiones cerebrales, pues muchas de las peleas terminan con knock out, no sólo por un golpe con los puños sino por una patada o rodillazo.

En un combate tan brutal, muchos especialistas confirman que este “deporte” es uno de los más peligrosos que existen, como también dudan que muchas de las lesiones sean de menor gravedad a las que se originan en el boxeo.

Lo anterior no le resta al hecho de que el espectáculo de las “artes mixtas” es mucho más morboso, ya que permite golpear con los puños, patear, golpear con los codos, las rodillas, derribar al oponente, aplicar todo tipo de “llaves” a brazos, cabeza y piernas, incluido el ahorcamiento.

Para dar un mayor espectáculo, el árbitro ordena el “stand up” (ponerse de pie) sin los contendientes permanecen mucho tiempo luchando en el piso. La idea es que al incorporarse pueden lanzar más golpes y dar una mejor visión televisiva.

UN ENORME NEGOCIO

EN 2009 la UFC, en coordinación con otras empresas menores de “artes mixtas” tuvieron que crear las “reglas unificadas para las artes marciales mixtas”, que consisten en un total de 31 prohibiciones a los peleadores, todo con el propósito de tener una mayor aceptación en las cadenas televisivas.

Con el mismo propósito, en 2015 la UFC se asocia a la USADA (Agencia Antidoping de los Estados Unidos) y a la WADA (Agencia Mundial Antidoping).

Ya para este año la UFC se había convertido en un enorme negocio, lo que motiva a los hermanos Lorenzo y Frank Fertitta a vender su parte de la empresa por 4 mil millones de dólares, en 2016, cuando la habían adquirido en tan solo 2 millones 15 años atrás. Dana Frederick White Jr. se queda como presidente del consorcio, que ha adquirido a toda una serie de empresas menores y domina casi todo el mercado potencial.

La UFC, fue desarrollada en Las Vegas, Nevada, y su propósito principal fue el crear un nuevo tipo de combate comercial, que fuese más violento y más espectacular visto a través de la televisión de paga o abierta.

Aunque hoy se pretende argumentar que las “artes mixtas” se remontan al pankration, un tipo de combate practicado por los griegos antiguos en donde se mezcla la lucha grecorromana con el boxeo, la realidad es que las “artes mixtas” tienen su origen en las peleas sangrientas y clandestinas con las cuales comenzó el “vale tuo” brasileño.

Si se le pusieron reglas para evitar que el espectáculo fuera menos peligroso y salvaje, fue para poder entrar a las cadenas televisoras, donde están teniendo un enorme éxito. También para evitar la oposición de legisladores y personalidades como John McCain, quien, hasta su reciente muerte, lo consideró un espectáculo deplorable para la dignidad del ser humano.

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