Agresión e insultos en redes sociales

Agresión e insultos en redes sociales

Por: Marcela Valles

En esta década las llamadas redes sociales se han convertido en la más poderosa fuente de información y de interacción social a nivel mundial, desplazando a todos los medios tradicionales, incluidos periódicos y revistas de gran tradición, las televisoras y la radio.

Como fuente de información y de interacción social estas tecnologías son tal vez la más grande y poderosa invención humana contemporánea, pero como todo: el gigantesco poder que ha adquirido ha propiciado el surgimiento de problemas y vicios que pueden ser de una magnitud igual de grande.

El acceso a las plataformas es masivo, ya sea por medio de cualquier tipo de computadora o, mayoritariamente, de los teléfonos móviles. Este ingreso masivo permite que cualquier persona, de casi cualquier edad y característica, tenga acceso a comentar sobre información periodística y de cualquier otro tipo, lo cual sería extraordinario, pues pone en condiciones de igualdad a todas las personas, pero desgraciadamente este privilegio no sólo se mal utiliza, sino que se puede convertir en agresividad, violencia verbal y un empobrecimiento terrible de la discusión, aún de temas delicados.

Es cosa de todos los días observar las discusiones que se dan en torno a cierta noticia, artículo de análisis u opinión que se publica en paginas web y en las diferentes plataformas.

La violencia verbal que se emplea es, en la mayoría de los casos, extrema, aún cuando la discusión parta de un planteamiento respetuoso. Los comentarios suelen convertirse en una competencia de insultos, donde el principal esfuerzo está orientado al empleo del adjetivo más hiriente y soez.

El uso de la escritura muestra, casi siempre, un manejo terrible del idioma español y una calidad moral que nos debería de preocupar. Una mujer expone que las medidas gubernamentales contra la pandemia del COVID-19 son inadecuadas y, de inmediato, los simpatizantes del actual gobierno federal le insultan de todos los modos imaginables.

Tratándose de política y de ideologías hay una penosa radicalización, que se ha acentuado en los dos últimos años.

Es muy común que la agresión vaya en contra de los periodistas, de políticos, de personajes públicos y de figura respetables por su profesión, antecedentes y calidad moral. También es común que ni tan siquiera se lea la información que se discute.

Lo que debería ser un gran ejercicio de libertad se convierte en una agresión muy violenta hacia el otro, sin racionalidad, sin respeto alguno, sin tolerancia, lo que degenera en un vandalismo, que es muy cómodo porque no tiene consecuencia alguna y finalmente se esconde es una forma virtual, ya sea que se ponga el nombre real o uno ficticio, da lo mismo.

Otros temas, que habrá que tratar por separado, es el gran daño que está teniendo el periodismo profesional, al privilegiarse el gusto por la nota breve, frívola, escandalosa o morbosa.

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