Feminicidios: hablar mucho, hacer poco

Feminicidios: hablar mucho, hacer poco

EDITORIAL FEBRERO 2020

El problema del feminicidio es un problema de criminalidad, pero sus causas tienen profundas raíces en la cultura y la sociedad mexicana, donde se enseña al hombre una dominación y se les transmiten patrones de conductas violentas.

Por otra parte, el feminicidio se enfrenta a un sistema judicial corrupto e ineficiente, donde alrededor del 90 por ciento de los homicidios que se cometen quedan impunes y el feminicidio es un homicidio con agravantes.

Hoy la discusión en torno al feminicidio está en su punto más alto, lo que parece algo bueno para atraer atención hacia el problema; todos los políticos se pronuncian de manera correcta en torno al problema, pero hacen muy poco al respecto.

Hay políticos como Jorge Zermeño Infante, alcalde de Torreón, que públicamente ha declarado que no se puede hacer nada, pues “habría que tener a un policía detrás de cada persona”.

Siendo un problema complejo, las manifestaciones estridentes ayudan, como se dijo, pero están muy distante de proponer programas concretos que ayuden a solucionar o al menos reducir este fenómeno tan lamentable.

Se puede exigir que funcione el sistema judicial con mayor eficiencia, pero más atrás están las causales de que un hombre mate a su pareja o expareja sentimental.

Con base en toda la información disponible, lo que parece proceder es el realizar un estudio de profesionales en torno al problema y la proposición de líneas de acción.

Esto sólo se puede hacer coordinando la capacidad ya instalada de los gobiernos, el apoyo de las universidades y las organizaciones de la sociedad civil.

El primer dato que resalta de este problema es que la casi totalidad de las víctimas de feminicidio viven con su asesino, y ése es un punto esencial de partida: el problema surge de una relación enfermiza de pareja y una familia que sufre violencia, como consecuencia de la acción del hombre que, al volverse cada vez más nociva su relación o desarrollar desequilibrios mentales más perniciosos, llega al asesinato con extrema crueldad.

La casi totalidad de las mujeres que están en peligro viven, literalmente, con el asesino.

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