La muy peligrosa necedad con Pemex

Se pone en riesgo la estabilidad económica nacional, se desecha el proyecto de fomentar la inversión en energías limpias y el país paga gasolinas caras y sucias.

Por: Rodrigo Tejeda

La obstinación por impulsar una política económica estatista ha llevado al nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador a apostar por la paraestatal PEMEX, bajo un esquema sumamente riesgoso para el país.

En este primer semestre de 2020 existe el riesgo de que calificadoras como Moody’s bajen las calificaciones de los bonos de la enorme deuda de PEMEX, pasándolos a bonos “basura”, lo que sería un desastre para las finanzas públicas debido a que la paraestatal tiene una deuda de 107 mil millones de dólares, que se ha reducido ligeramente en un 6.1% con respecto al 2018.

La deuda de PEMEX se ubicaba en un billón 956 mil 2 millones de pesos, pero fluctúa dependiendo de la paridad cambiaria, principalmente.

López Obrador, muy en su estilo triunfalista y fuera de números objetivos, ha declarado que “PEMEX ya está bien”, lo cual es poco responsable afirmarlo públicamente.

Tanto CitiBanamex, que se muestra mucho menos optimista que otras evaluadoras e inversionistas, como HR Rating han declarado que está por verse el efecto de los esfuerzos de PEMEX para mejorar su eficiencia, pues si vuelve a acumular pérdidas en el primer semestre de 2020 o empeoran sus indicadores financieros, lo cual no es descartable debido al muy precario equilibrio de la petrolera, la baja en las calificaciones se puede dar.

La única buena noticia que logró reportar PEMEX en 2019 es que sostuvo la producción en gran parte del segundo semestre de dicho año en cerca de un millón 700 mil barriles diarios, pero no hay garantía de que esto continúe.

La reducción de la deuda fue una medida que se tuvo que tomar para bajar un poco la presión que estaba a punto de hacer crisis, debido al reporte de pérdidas, pero tomando recursos del Fondo de Estabilización en caso de contingencias, que no es retornable.

A septiembre de 2019, PEMEX había acumulado una pérdida de 176 mil 367 millones de pesos, casi el equivalente a todo el gasto en los publicitados programas de asistencia social. Tan solo en el tercer trimestre del año pasado tuvo pérdidas de 87.9 mil millones de pesos, lo que representó un 20.2% en relación al trimestre anterior, con una baja en ventas nacionales de 19.6% y de 21.9% en ventas externas, de acuerdo al informe que envió la paraestatal a la Bolsa Mexicana de Valores.

La principal causa del incremento de las pérdidas y la baja de las ventas es la disminución del precio internacional de la mezcla mexicana. Este año se está registrando ya una caída en los precios del petróleo por el problema sanitario que enfrenta China, el cual se espera no se prolongue.

El EBITDA, por sus cifras en inglés, es el resultado bruto de operación de la empresa, antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones. El EBITDA de PEMEX bajó un 37% entre julio y septiembre de 2019 para colocarse en 102 mil 267 millones de pesos.

Para dar una idea de la carga financiera que representa PEMEX para las finanzas públicas, la Secretaría de Hacienda ha programado un gasto de 2,500 millones de dólares como apoyo para la petrolera en 2020, lo que se traduce en cerca de 46 mil millones de pesos si la paridad cambiaria se mantiene, pero muchas evaluadoras consideran que este gasto programado se ha hecho sobre un escenario optimista.

La deuda soberana de México se ubicaba en 2018 en 655 mil 025 millones se dólares, lo que representaba el 53.62% del PIB, el total de la riqueza nacional, lo cual coloca al país como una de las economías emergentes más endeudadas del mundo, de acuerdo a la información oficial proporcionada por el Banco de México.

PEMEX representa cerca de la quinta parte de toda esa deuda nacional, de ahí el enorme riesgo que ésta representa si llega a caer en la insolvencia y sigue perdiendo dinero.

El nuevo director de la CFE, Manuel Bartlett, es uno de los personajes más oscuros del viejo priismo, quien ya supera los ochenta años de edad y no tiene conocimiento técnico alguno sobre el sector eléctrico, además de tener antecedentes manifiestos de corrupción, pero ha sido protegido, debido al cumplimiento de las políticas que le han sido marcadas por el propio presidente de la república. Como consecuencia, el país puede sufrir un atraso muy delicado en la generación de nuevas alternativas de energías limpias.

POLÍTICA, SOBERBIA Y FANTASÍAS

Para el Estado mexicano PEMEX es un símbolo del nacionalismo revolucionario de la corriente de izquierda del PRI de los años cuarenta y del periodo de la “docena trágica” de los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo. Era el orgullo del Estado y la gallina de los huevos de oro para el despilfarro, no una empresa para generar una riqueza nacional que impulsara el desarrollo, como lo es en el modelo noruego.

López Obrador, en lo que todos los expertos petroleros consideran como un error, está empeñado en sostener a PEMEX como una paraestatal, bajo un esquema que se utilizó hace 50 años en el mercado internacional del petróleo.

No se revisó, sino que ha cancelado la reforma energética, con lo cual asume todo el riesgo de una empresa paraestatal que se ha vuelto muy improductiva, pero además, desoyendo todo consejo, está construyendo una refinadora, cuando el negocio no está en la refinación y podría, en todo caso, haber rentado o comprado una planta refinadora mucho más barata y productiva en el estado de Texas.

Como consecuencia de la arrogancia y una idea nacionalista obsoleta, los mexicanos están pagando el litro de gasolina magna en casi 20 pesos, cuando en Texas tiene un costo aproximado de sólo 13 pesos; el precio que prometió en campaña el propio López Obrador.

Cada que abastece su auto, un mexicano paga en promedio 5 pesos de impuestos por cada litro de gasolina que consume, lo que no sucede en ningún país petrolero del mundo, pero además está pagando con sus impuestos un subsidio a PEMEX y a la construcción de una refinería que es considerada por los expertos como una necedad.

ELECTRICIDAD CARA Y UN NO A LAS ENERGÍAS LIMPIAS

Al apostarle al petróleo, López Obrador le ha dado la espalda a la generación de energías limpias, cuando todo el mundo desarrollado está buscando disminuir el consumo de petróleo e incrementar otras fuentes de energía limpia, como la eólica y la solar.

La Comisión Federal de Electricidad ha cancelado los contratos con empresas privadas para la compra de energía y también ha detenido obras y contratos ya formalizados, en lo que era una apertura del monopolio estatal de la electricidad para buscar disminuir los costos y bajar el precio de la misma, especialmente al sector industrial y empresas en general del país.

La política energética del nuevo gobierno parece no sólo ir en contra de las nuevas tendencias tecnológicas del mundo desarrollado, sino que tiene en un precario equilibrio las finanzas estatales y los costos de los energéticos que están muy por encima del mercado internacional.

El nuevo director de la CFE, Manuel Bartlett, es uno de los personajes más oscuros del viejo priismo, quien ya supera los ochenta años de edad y no tiene conocimiento técnico alguno sobre el sector eléctrico, además de tener antecedentes manifiestos de corrupción, pero ha sido protegido, debido al cumplimiento de las políticas que le han sido marcadas por el propio presidente de la república.

Como consecuencia de estas políticas, el país puede sufrir un atraso muy delicado en la generación de nuevas alternativas de energías limpias y en la calidad del servicio, que contrasta con la mayor agresividad de las políticas de cobro hacia los usuarios.

De acuerdo al último informe emitido por el Banco de México, en 2007 la tarifa media de electricidad que se cobraba en México era 18% más alta que la tarifa promedio que se cobra en los Estados Unidos de Norteamérica, pero el año pasado la tarifa había ascendido en un 25% más de lo que se cobra en USA.

Los tres principales factores por los cuales se considera que la electricidad es más cara en México son el precio de los combustibles; las pérdidas de energía por la poca eficiencia tanto en la operación como en el cobro y, adicionalmente, el “sobrecosto” laboral, que se refiere a los altos costos de la planta laboral, las pensiones que tiene que pagar la CFE, establecidas en su contrato colectivo de trabajo, el cual fue recientemente modificado.

Contrario a esto último, Andrés Manuel López Obrador declaró en la primera semana de febrero que buscará restablecerle al sindicado electricista y a todo su personal las condiciones anteriores de trabajo, por las cuales se pueden retirar al cumplir 30 años de servicio o tan solo 55 años de edad, cuando se ha incrementado que la edad de jubilación sea a los 65 años, como el resto de los trabajadores no estatales del país.

De concretarse lo anterior y regresarle los privilegios especiales a los trabajadores y empleados de CFE, los “sobrecostos” laborales subirían, cuando el propósito era disminuirlos debido a que estaban desproporcionados, especialmente la prestación referida de jubilarse con sólo 55 años de edad y con beneficios adicionales a los de la Ley Federal del Trabajo.

La política energética del nuevo gobierno parece no sólo ir en contra de las nuevas tendencias tecnológicas del mundo desarrollado, sino que tiene en un precario equilibrio las finanzas estatales y los costos de los energéticos que están muy por encima del mercado internacional, los cuales tienen que ser pagados por los usuarios mexicanos, que ya pagan gasolina y energía eléctrica caras, ambas controladas por monopolios estatales que, lejos de buscar la apertura al sector privado, ahora buscan cerrarle todos los espacios para recuperar “los intereses nacionales”.

Nunca fue más absurdo el empleo de la ideología nacionalista, excepto en la década de los años setentas del siglo pasado, hace 50 años.

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