Gimnasios: el negocio de las sustancias dañinas

Gimnasios: el negocio de las sustancias dañinas

Por: Eduardo Rodríguez

Los gimnasios se han convertido en los templos de la salud: son el lugar para la adoración del músculo y de la vanidad de quienes buscan una figura perfecta, en la cual se dibujen, voluminosos, todos los músculos del cuerpo, lo que llena supuestos cánones de belleza y le da hilo a una enfermedad que se identifica poco: la vigorexia, contraria a la anorexia, por la cual los enfermos se mueren, literalmente, de hambre y en los huesos.

Además de venderse como recintos de la salud, los gimnasios se han convertido en una industria, que cobra una mensualidad por el acceso, pero alimenta otros negocios sumamente lucrativos, como la adquisición de ropas de marcas, calzado deportivo, accesorios y algo en lo que pocos están poniendo atención pero representa el lado negro de estos sitios de ejercitación: la venta de sustancias peligrosas para la salud, que son vendidas como “complementos alimenticios”.

Aprovechando que en México no existe una normatividad que regule su venta libre e indiscriminada, muchos gimnasios ofrecen productos que se anuncian para vigorizar el cuerpo, formar masa muscular y en general aumentar el rendimiento físico, pero los cuales contienen esteroides, anabolizantes y hormonas, entre otras sustancias que pueden ir mezcladas con proteínas, aminoácidos y vitaminas, en las más diversas combinaciones. 

Si no es la tienda del propio gimnasio, siempre existe algún instructor, fisiculturista o persona que se dedica a la venta de estos productos, muchos de los cuales o casi su totalidad son importados de Estados Unidos, lo que le dan inclusive más confianza a quienes los adquieren, aunque no sean nada baratos y se tengan que consumir diariamente.

EL CUIDADO DE LA SALUD

Hoy en día no hay médico que no recomiende a sus pacientes la práctica de algún ejercicio y el cuidado de su alimentación, lo que evita el sobrepeso y la obesidad y acarrea una gran cantidad de beneficios para el organismo en general, lo cual es definitivamente cierto, pero una cosa es la práctica de un ejercicio adecuado, saludable, y otra muy distinta el culto al cuerpo y la pretensión de hacerse de una musculatura impresionante levantando pesos y dedicando horas cada día a los aparatos diseñados para hacer crecer los músculos hasta verlos hinchados, restallantes.

En principio, de acuerdo a la fisiología, los especialistas en nutrición y expertos en deporte, cada persona tiene un tipo de estructura física. No toda persona, por mucho ejercicio que realice, puede lograr desarrollar una definición muscular de modelo, lo cual se puede observar en muchos grandes deportistas profesionales, como boxeadores, tenistas, nadadores, etc.

Desde el punto de vista de la medicina, lo importante es la práctica del ejercicio para cuidar la salud, así como el evitar el sobrepeso y mantener una dieta sana, lo cual se repite hasta la saciedad por todos los medios, pero así como no se hace caso en el cuidado de la dieta, la clientela de los gimnasios le hace más caso a su instructor que a un médico, aunque el instructor sea una persona sin preparación técnica alguna y, mucho menos, conocimientos de nutriología.

Para muchos hombres, y en menor proporción mujeres, que se afanan diariamente por adquirir una gran musculatura, es una rutina tomar todos los días un licuado de proteínas por las mañanas, vitaminas, aminoácidos, pero también esteroides, anabolizantes e inclusive hormonas para el crecimiento de la masa muscular.

No es raro inclusive observar en algunos gimnasios de la ciudad a fisiculturistas inyectándose algunas de estas sustancias.

Una inyección de esteroides cuesta alrededor de mil pesos o un poco más, mientras que un bote de “suplemento alimenticio”, con 60 porciones, tiene también un costo promedio de mil pesos y puede durar de un mes a dos meses, dependiendo cuántos “licuados” se tomen diariamente. Sin duda un negocio bastante bueno.

Según médicos especialistas en fisiología (existe muchísima información al respecto en varios sitios abiertos de la internet y de literatura médica especializada), la hormonas, los esteroides y los anabolizantes, entre otras sustancias que están inclusive prohibidas en el deporte profesional, (como el clembuterol, que se emplea ilícitamente también para la engorda de ganado) provocan un desequilibrio orgánico tremendo, al afectar los neurotransmisores y dañar órganos como los riñones y músculos como el corazón.

Muchos de estos daños pueden ser irreversibles, pero se manifiestan después de algunos años de su consumo habitual. Varias de estas sustancias, como las hormonas, usadas sin prescripción y vigilancia médica, pueden ser precursoras de varios tipos de cáncer, inclusive a edades tempranas.

Muchos deportistas, inducidos por la vanidad y por la labor de ventas de quienes se dedican a ello, consumen estas sustancias y se empeñan en aumentar y definir su masa muscular, cuando genéticamente es algo que difícilmente se les dará, pero, como se mencionó anteriormente, los gimnasios son una industria y la venta de artículos deportivos es un negocio que se ha vuelto enorme.

Casi todos los deportes son excelentes para la salud de las personas, pero practicados de forma adecuada y tomando en cuenta la edad y características individuales de las personas, pero el bombardeo mediático dice que hay que tener un cuerpo escultórico: bíceps enromes, cinturas diminutas, espaldas amplias, pectorales abultados, piernas definidas en cada uno de sus músculos, nalgas prominentes y apetecibles. 

Los médicos indican que es suficiente practicar de 30 minutos a una hora diaria de ejercicio, de preferencia cardiovascular, mantener una dieta sana y una figura lo más esbelta posible, sin obsesionarse en ello y respetando las capacidades propias de cada edad.

Ajenos a estas indicaciones y aprovechando que no hay normas sanitarias que lo impidan legalmente, los gimnasios se están llenado de sustancias dañinas, ya prohibidas para su venta abierta al público en los países desarrollados.

Gimnasios que antes no lo hacían, hoy han añadido a sus instalaciones una tienda de “suplementos alimenticios”, casi todos ellos con etiquetas en inglés, lo que incrementa la ignorancia con la que se consumen.

Instructores que viven de pequeñas cuotas que les pagan sus clientes buscan, cada vez más, incrementar sus ingresos vendiendo anabólicos y otras sustancias; lo más delicado es que a ellos se les hace más caso que a los propios médicos y a todas las advertencias que se publican al respecto.

Para los dueños de los gimnasios lo único que importa es tener la mayor clientela posible, pero si la venta de estos productos les da un extra, los venden de forma directa o permiten su venta dentro del establecimiento.

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