Villa Unión, némesis del ‘culiacanazo’ – Editorial diciembre 2019

Villa Unión, némesis del ‘culiacanazo’ – Editorial diciembre 2019

Los acontecimientos de Villa Unión, aun cuando se trata de un pequeño municipio del norte de Coahuila, pero a sólo 60 kilómetros de la frontera con los Estados Unidos, se han convertido en un némesis de lo que está aconteciendo a nivel nacional en materia de seguridad pública.

Una de las más poderosas y violentas organizaciones del crimen organizado, autodenominada Cártel del Noreste, con cabecera en Nuevo Laredo, Tamaulipas, organizó una enorme operación con el propósito de atacar y destrozar una pequeña población, en lo que puede calificarse, con objetividad, como un acto de terrorismo para intimidar al estado.

El heroísmo de un grupo de 15 policías estatales y la intervención pronta y eficiente del ejército y las policías estatal y federal, permitieron no sólo impedir los propósitos de la siniestra operación, sino abatir a 19 criminales, detener a 10 más e incautar 18 vehículos, la mayoría blindados, 21 rifles de asalto y 6 ametralladoras Barret calibre 5.0, además de una gran cantidad de equipo táctico militar.

La detención de los 10 criminales permite la obtención de información sumamente valiosa para las tareas de inteligencia militar y policial en Coahuila, especialmente en la región norte, que es pretendida por la organización criminal.

Villa Unión muestra que el uso correcto y eficiente de la fuerza legítima que sólo le corresponde al Estado, permitió la protección de la población y no sólo contiene sino destruye la enorme operación, cuyos objetivos eran realmente siniestros.

También muestra lo que ya se conoce hasta la saciedad: los cárteles del narcotráfico son organizaciones criminales perfectamente estructuradas, con entrenamiento militar y paramilitar, lo que incluye el uso de la inteligencia profesional y de armamento, equipo y tácticas sofisticadas, compuestas por sujetos de todos los niveles socioeconómicos.

La ida de que el combate a la pobreza las detendrá e inclusive las disolverá de forma espontánea es una política, además de absurdamente ingenua, irreal y muy peligrosa para la población civil y para las mismas fuerzas de seguridad del estado.

Es terrible el sólo imaginar lo que hubiese sucedido en Villa Unión con la población civil si el Estado no impone de manera enérgica y contundente su capacidad de fuerza.

Ahí está la lección; si no se desea aprender de ella, sería muy grave para el país en los próximos años.

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