Una novela negra como antídoto contra la guerra

Una novela negra como antídoto contra la guerra

Daniel Herrera

Escritor y músico lagunero
twitter: @puratolvanera

No habrá orquídeas para la señorita Blandish de James Hadley Chase

La novela ya tiene algunos años, algo así como 80, más o menos. Y, a pesar de la distancia, sigue funcionado como lo hizo a principio de los cuarentas. Sorprende en serio que refleje lo peor de la humanidad en una época que vivía justo lo peor de la humanidad. Pero lo que asombra todavía más, es que tuviera tanto éxito.

La explicación, como siempre, es probable que tenga que ver con el contexto.

El autor, James Hadley Chase, seudónimo de René Babrazon Raymond, decidió dedicarse a la literatura a los 32 años. Entonces, escribió su primera novela, una obra maestra del género noir llamada No habrá orquídeas para la señorita Blandish.

Sin intentar ahondar en la trama, se pude decir que la historia comienza con el torpe secuestro de la señorita Blandish, una hija de la riqueza estadounidense, inocente e ingenua. Ella, secuestrada por una limitada banda de ladrones, termina como botín de un grupo más grande y experto, dirigido por Ma Grisson, una mujer despreciable que infunde temor hasta en los hombres más violentos. Blandish es entregada al hijo de Ma para que la utilice como su amante. Este hombre, llamado Slim, es un salvaje profesional, un tipo que siente placer al causarle daño a los demás. Por supuesto, la violación es inminente y también el desastre al darle un premio a uno de los integrantes de la banda que nadie más recibirá.

Por otro lado, el padre de la señorita Blandish, no sólo paga el rescate sin recuperar a su hija, sino que, además, después de varios meses de ineptitud policial, decide contratar a un detective privado quien resolverá el caso. A pesar de que no es una novedad, prefiero dejar hasta aquí la narración de la trama porque creo que de verdad vale la pena leer la obra completa. En cambio, creo que se puede hacer cierto análisis de las distintas razones que llevaron a este libro a la fama.

Lo primero que se debe atender, es que esta novela negra tiene múltiples disparos, muertos, degollados, violación, golpizas, tortura, cadáveres descompuestos, explosiones, persecuciones en auto, apuñalados, policías asesinados, depravaciones y bailes eróticos. Pero hay más que eso, también hay un argumento limpio, sin fisuras y una prosa brillante.

Incluso George Orwell, en su momento, declaró su admiración por esta novela, dedicándole un pequeño ensayo llamado Raffles y la señorita Blandish. Es de ese texto de donde tomé la mayoría de las ideas para esta columna. Porque no hay manera de que yo pueda decir algo más complejo y elaborado que Orwell.

Me parece que Orwell no se equivoca cuando explica que esta novela le da un giro radical al género negro. Estamos ante la visión del delincuente sin ningún pudor. Las acciones de los canallas no tienen nada romántico. Incluso las mujeres se comportan tan violentamente como los hombres. Chase no se complica, no estamos aquí ante un misterio por resolver.  Desde el principio sabemos quién cometió el delito, de qué manera lo hizo y qué piensa hacer después de romper la ley. Hasta vemos cómo planean salir adelante sin pagar las consecuencias. Es el autor habilidoso porque mezcla acción con psicología del personaje. No leemos largas secuencias de pensamiento al estilo ruso. No, aquí el razonamiento de los protagonistas está acompañado de sus propias acciones, mientras disparan su Thompson piensan qué pueden hacer a continuación. Además, esa reflexión se ve reflejada en su físico, sus cuerpos sienten y sufren cada pensamiento que van desarrollando.

También sorprende la forma en que el autor escribió su libro. Como dije arriba, a los 32 años decidió que debía convertirse en escritor y en 1938 escribió sin detenerse su primera novela. Lo hizo después de leer novelas policiacas, de agenciarse un diccionario de modismos norteamericanos, mapas de Estados Unidos e información sobre la cultura estadounidense derivada de la Gran Depresión.

A mediados de 1940, el blizt se volvió la gran preocupación británica. Cada día y cada noche, los ingleses vivían con la zozobra de los ataques alemanes sobre sus ciudades. En este infernal contexto, la novela de Chase se convirtió en una de las favoritas de los británicos. Incluso con sus temas que pudieron ser considerados inmorales en su momento y con toda la violencia explícita. Al parecer los lectores buscaban un escape a su propio infierno. Qué mejor lugar para largarse que al otro lado del mundo, a una ciudad desconocida, en donde los muertos tenían una historia ficticia y caían gracias a la maldad de personajes específicos y no por culpa de quién sabe quién en el cielo.

Me parece fascinante cómo una novela puede imponerse como tema durante la guerra. Sólo hay que imaginar a los habitantes de la isla buscando este libro porque es más importante leer la novela que todo mundo menciona antes de entrar en crisis por una serie de ataques aéreos contra los que no se puede hacer nada. El arte como distractor, pero también como defensa ante la realidad imbatible.

Como comentario final, debo decir que la edición que conseguí es de la Editorial Océano, la traducción fue hecha en México y es más que refrescante leer una traducción sin “coños” ni “hostias”, ni “gilipollas”, ni todas esas palabrejas que nos tienen acostumbrados las editoriales españolas. El traductor hizo un gran trabajo retratando de forma acertada el lenguaje exacto del autor inglés. Si usted, lector, puede encontrar esta edición, no la deje pasar.

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