La enseñanza de Villa Unión, el crimen acorralado

La enseñanza de Villa Unión, el crimen acorralado

Por: Álvaro González

Todo mundo esperaba que el segundo informe de Miguel Riquelme Solís como gobernador del estado transcurriera de una forma muy ordinaria, pero tuvo un plus inesperado, un momento en que todo el auditorio se puso de pie para aplaudir.

Ese gran plus fue el manejo del caso Villa Unión, un pequeño municipio norteño de Coahuila, situado a tan solo 60 kilómetros de la frontera con Estado Unidos y con una población que no debe sobrepasar los 10 mil habitantes, contando las pocas rancherías.

Aun tratándose de un pequeño poblado del norte de Coahuila, Villa Unión se convirtió en la némesis del “culiacanazo”, sucedido solo unas semanas atrás en Sinaloa, considerado hasta ahora el peor fracaso operativo que ha tenido el Estado en contra de las organizaciones criminales que operan el país. Un suceso de repercusión nacional e internacional verdaderamente vergonzoso.

En otro acontecimiento que pareciera sacado de un guión cinematográfico épico, el Estado mostró que no sólo está por encima del crimen organizado, sino que puede actuar con tal eficacia que lo puede acorralar y puede proteger a la población civil, evitando que las fuerzas del crimen la hagan su rehén para intimidar y obligarlo a “negociar”.

Un enorme contingente, compuesto aproximadamente por 25 vehículos, casi todos blindados y seis de ellos artillados con ametralladoras Barret, semejantes a las que exhibieron los narcos en algunos vehículos en Culiacán, transportaban a no menos de 60 sicarios provenientes de Nuevo Laredo, Tamaulipas, llevando logotipos del llamado Cartel del Noreste.

La orden precisa era destrozar la presidencia municipal, eliminar a toda la policía destacada en el pequeño pueblo y llevar a cabo una agresión colectiva. Terrorismo, para decirlo con las palabras que objetivamente definían el origen de esta operación y sus intenciones.

El primer objetivo táctico era cómo arribar hasta Villa Unión para no ser detectados por las diferentes corporaciones policiacas y militares, lo que fue logrado utilizando brechas con la ayuda de algunos “halcones” o guías.

El inicio del desastre para la enorme operación criminal es la primera lección que deja Villa Unión: 15 elementos de la policía estatal y los poquísimos municipales enfrenta al contingente, cuando eran abrumadoramente inferiores en número, en armamento, equipo y factor sorpresa.

Fue un combate que se prolongó por casi una hora y media durante el cual la realidad superó toda la ficción que estamos habituados a observar en las producciones televisivas y cinematográficas.

Soóo imagine seis camionetas artilladas disparando con ametralladoras Barret, un arma considerada de artillería, destrozando vehículos y todo el frente del edificio de la modesta presidencia municipal, al mismo tiempo que más de sesenta sicarios armados con rifles de asalto escupían fuego sobre el grupo de policías que no solo resistió, sino que liquidó a un número considerable de agresores, los cuales lograron matar a cuatro agentes y herir a otros seis.

Aquello, sin fantasías y grandilocuencias, fue heroico y dio la primera lección: un grupo reducido de policías bien capacitados y dispuestos a arriesgar y dar sus vidas en defensa de los ciudadanos, que es el máximo lema de cualquier policía en el mundo, cumplieron con su deber.

Esta hora y media de resistencia y de lucha permitió que arribaran a Villa Unión todas las fuerzas policiacas y militares destacadas en el área, que comprende la frontera, con apoyo de un helicóptero.

En cosa de minutos el contingente de sicarios se tuvo que enfrentar a la fuerza militar y de las demás corporaciones policiacas estatales y federales.

La desproporción de fuerzas se revirtió. Fueron liquidados 18 sicarios, 2 heridos y se inició una desbandada hacia las brechas, en un intento de fuga, dejando abandonados 18 vehículos, la mayoría de ellos blindados, 7 vehículos que habían sido robados a los pobladores, 21 armas largas calibre .223, 6 ametralladoras Barret calibre 5.0 y muy diverso equipo táctico de tipo militar.

El enfrentamiento siguió en las brechas, donde fueron capturados 10 sicarios que huían y otro fue posteriormente encontrado muerto, sumando los 18 mencionados. Con el fallecimiento de uno de los dos heridos el saldo total ascendió a 19 criminales muertos.

De la parte oficial, cuatro policías estatales perdieron la vida en el cumplimiento del deber; 6 resultaron heridos y ya han sido dados de alta y 2 civiles fueron muertos, mientras que 3 menores y 2 adultos secuestrados fueron rescatados.

Un saldo desastroso para la organización criminal, que no termina ahí, pues los 10 detenidos han proporcionado información que permite conocer inclusive quién ordenó la operación y con qué propósito; los nexos del cartel en el norte de Coahuila; el poder emitir alrededor de 20 órdenes de aprehensión en contra de “halcones” y colaboradores y, en general, la obtención de una información que permite la eficiencia táctica de las fuerzas de seguridad en la zona norte de Coahuila.

REACCIÓN INMEDIATA

Enterado de los sucesos, el gobernador Miguel Riquelme Solís se trasladó de inmediato a Villa Unión, acompañado por un reducido grupo de colaboradores y de los mandos militar y policiacos, para enterarse personalmente de la situación y prestar apoyo a los habitantes de la Villa. Otro hecho poco común en el comportamiento de un gobernador.

En el caso de la familia LeBaron, ni el gobernador de Chihuahua ni la gobernadora de Sonora se presentaron al lugar de los hechos y tampoco a las comunidades agredidas. En el caso de Villa Unión la presencia de Riquelme Solís fue inmediata y ha seguido, personalmente, la atención a la población y a todo el proceso que se ha desprendido del enfrentamiento.

Al mismo tiempo ha asumido una postura abierta y contundente de que no permitirá el acceso del crimen organizado al estado, especialmente a la región norte, que es la más atractiva para el tráfico de drogas, de personas y de armas.

Tan solo en el 2019 ha sido detectados y detenidos alrededor de 120 “halcones” o personas que son empleadas por el Cartel del Noreste para tratar de infiltrarse en las ciudades y comunidades del norte. También fueron detenidos tres criminales llevando un cargamento de armas, los cuales fueron puestos a disposición de una jueza de Torreón, que inexplicablemente les puso en libertad.

La enseñanza de Villa Unión es que el uso legítimo y eficiente de la fuerza por parte del estado puede contener cualquier acción del crimen organizado, resguardando a la población y evitando la expansión y posicionamiento de los cárteles del narcotráfico, lo que no se han atrevido a realizar la mayoría de los gobernadores.

Otra enseñanza es que el crimen organizado no puede disuadirse sino con la aplicación enérgica del estado de derecho, inteligencia especializada y el uso legítimo de la fuerza. El argumento de que las organizaciones del crimen desparecerán por la remediación de la pobreza tiene mucho de falacia, que se puede demostrar inclusive sociológicamente en los estados del norte de México.

La perversidad y psicopatía con que operan estas organizaciones ha escalado hasta el nivel del terrorismo, que ejecutan con estrategias y tácticas de tipo militar y paramilitar. Mensajes como el que se desprende del “culiacanazo” no hacen sino alentar su expansión, su hambre de poder y de sangre.

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