Culiacán: un rosario de mentiras

Culiacán: un rosario de mentiras

Por: Gerardo Lozano

Del escándalo suscitado por el operativo fallido en Culiacán, Sinaloa, se ha dicho ya demasiado y el resumen apunta a un grave error del gobierno federal en materia de seguridad, uno de los aspectos que más preocupan al ciudadano común, después de la economía, que va mal y todo indica que puede inclusive empeorar debido al mal manejo de la misma: ahí están los datos duros que no dejan lugar a especulaciones.

Habiendo cometido un grave error y provocado un desastre en el operativo de Culiacán, alguien debió de asumir las consecuencias de ello de manera directa, pero lejos de eso se confirmó algo que es muy preocupante: se recurrió a la mentira y una mentira lleva a otra, pero éstas vienen de quienes dirigen el país.

La mentira más importante es la que afirma que el presidente no estaba enterado del operativo y sólo supo de él cuando ya se había desatado el desastre, por lo cual hizo lo correcto: liberar al capo Ovidio Guzmán para salvar vidas, lo que es hasta ahora el uso supremo de la manipulación para salvar, por encima de todo, su imagen personal.

Un presidente que está tomando personalmente decisiones hasta en las cosas más nimias, que no delega e interviene para decidir en áreas que desconoce por completo, obligadamente no sólo sabía del operativo de Culiacán sino que él lo ordenó, pero se recurrió a la mentira para tratar de no pagar el costo político, cosa que sólo debió lograr entre aquel porcentaje de sus seguidores que están fanatizados.

Lo grave es que así como el operativo Culiacán se convirtió en un rosario de mentiras, así se están manejando muchas otros asuntos trascendentales para el país.

“Todo va muy bien” y si no va muy bien, que es la realidad, se recurre sin ningún escrúpulo a la mentira, por más obvia que esta sea.

Todos los indicadores orientan hacia lo inocultable: la economía cerrará este año con cero crecimiento o, en el mejor de los casos, con unas cuantas décimas arriba del cero. El inicio del año próximo no es nada alentador.

Ante esto sólo hay un responsable principal: el que lo decide todo, pero se desea inventar una “realidad” paralela del “vamos muy bien” y un coro de ministros que afirma: “sí señor, vamos muy bien”.

Si en lugar de la autocrítica y de un ejercicio sano de las decisiones gubernamentales, donde los expertos y conocedores de cada área deciden en ella, se miente o no se escucha la voz de los hechos y los datos reales, no hay corrección y se pueden repetir, cada vez con mayor costo, los errores que finalmente tendremos que pagar todos.

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