Otra vez Lucía Berlín

Daniel Herrera

Escritor y músico lagunero
twitter: @puratolvanera

Cuando descubrí el año pasado a Lucia Berlin, nunca pensé que se convertiría, en tan poco tiempo y con una obra tan corta, apenas unos cuantos relatos, en una de mis autoras favoritas.

Después de que reseñé su primer libro editado en español: Manual para mujeres de la limpieza, no tuve que esperar mucho para que llegara a mi casa Una noche en el paraíso, el segundo libro de relatos que Alfaguara ha editado y que ha satisfecho mis ansias de leer más sobre esta mujer, quien se ha revelado como una de las grandes plumas estadounidenses.

A partir de la lectura de Una noche en el paraíso, he descubierto en Berlin a una autora que jamás dejó de pelear. No lo hizo de forma escandalosa, con grandes aspavientos, sino soportando el temporal que la vida le dejó caer encima. Madre de cuatro, comenzó muy joven su maternidad. También en ese momento decidió dedicarse a escribir. Casada tres veces, muy rápidamente los hombres de su vida fueron una decepción. El primero, un escultor que la abandonó cuando estaba embarazada de su segundo hijo. El segundo, Race Newton, pianista de jazz y con quien vivió en Nueva York. El tercero, un amigo de Newton, Buddy Berlin, también músico y adicto, con quien tuvo dos hijos más. Hacia 1968, no pudo soportar más esa inestable vida y Lucia se divorció por tercera vez. Jamás volvería a casarse.

A partir de ese momento, la autora pasa por diferentes trabajos para mantener a sus hijos y continuar escribiendo. Desde ser profesora de secundaria hasta empleada de limpieza, Berlin luchó contra la economía endeble de una mujer sola con hijos. Tuvo un pésimo aliado, su propio alcoholismo, que le permitió enfrentar esa vida hasta que ya no fue necesario y dejó de beber a principio de los noventas. De ese momento en adelante, Berlin se dedicó a escribir y dar clases hasta que su salud la traicionó y murió en el 2004 en California.

Es esta vida llena de necesidades y complicaciones, las que, creo, le dieron un perfil específico a la autora. Para mí, Berlin es una autora obrera, sus relatos giran, casi siempre, sobre las complicaciones de una vida alejada de los ricos, quienes siempre tienen ventajas. Creo que ahora a eso le llaman “privilegios”, pienso que es una palabra mal utilizada. Por ejemplo, para mí es un privilegio leer a Lucia Berlin y no es algo dado de antemano.

En fin, en todo caso, la autora retrata siempre al obrero, al trabajador mal pagado, pero como es estadounidense, no estamos ante las miserias abominables de este país, sino ante el fraude que es el sueño americano.

Pero, voy más allá, incluso cuando sus personajes son millonarios o famosos, la autora obrera que sacaba tiempo de donde fuera para escribir, no puede evitar esa visión. Por eso, aunque en este libro aparezca Ava Gardner o Richard Burton, los ricos no comprenden, no podrán entender, lo que es vivir siempre con dinero limitado y una rutina de trabajo diario. No saben qué significa trabajar desde temprano hasta entrada la noche, cuando ya los niños duermen y aprovechar ese momento para escribir.

La clase obrera se asoma a cada rato, ya sea cuando unas niñas desean hacer dinero fácil engañando a otros y terminan siendo engañadas, o cuando una adolescente tiene su primera experiencia sexual con un hombre muchísimo mayor mientras una revolución latinoamericana se acerca de forma inevitable. O cuando la protagonista espera paciente en casa a que su marido músico regrese, sólo para sentirse más sola cuando está él. O cuando dos mujeres se emborrachan recordando al mismo hombre y cómo las amó. O dentro de una pequeña, muy pequeña casa en donde vive una familia hacinada pero libre. O cuando una mujer, quien por fin tuvo dinero para viajar, llega a México sólo para ser testigo de cómo la muerte está aquí, a la mano.

Todos y cada uno de estos cuentos reflejan la vida de Berlin, pero también la vida de cualquier mujer que no encontró el amor romántico, que no gana suficiente, que debe cuidar de sus hijos, que observa la violencia a su alrededor e intenta sobrevivir como se pueda. Y esa es otra de las grandes virtudes de los relatos de Lucia. A pesar de que hablan de ella y están ubicados en lugares específicos de Chile, México, Francia y Estados Unidos, cada uno de ellos también puede hallarse aquí, a un par de cuadras o allá, donde viva quien lea esto.

He encontrado que estos cuentos tienen como una resonancia retrasada, uno no comprende por completo que lo recién leído se quedará en la mente del lector y volverá días después para ocupar su pensamiento por largos momentos. Quiero decir que cada cuento se aloja con lentitud, pero ahí queda. Me sorprendí pensando en estas historias en momentos extraños, cuando iba manejando o mientras leía otros libros.

Por ejemplo, el cuento Las (ex) mujeres es teatral y melancólico, casi una puesta en escena. Las dos mujeres protagonistas se emborrachan mientras conversan sobre el mismo hombre, el amor de sus vidas. La sensación de que, a pesar de que fueron rivales, ahora las hermana el mismo sentido de fracaso se queda rondando la mente días después. Sobre todo, porque ahí existe una manera de entender a las mujeres, ¿por qué se enamoraron del mismo patán? Porque no es algo que se pueda razonar, porque las circunstancias y la urgencia por amar también afectan a cualquiera. Ellas no son la excepción. El cuento es tierno y melancólico al mismo tiempo. No es un festejo al amor, sino una lenta amargura que invade la vida completa de las dos.

Mientras terminaba de leer a Lucia Berlin, también leía Teoría King Kong de Virginie Despentes. A pesar de que son dos autoras en circunstancias y con tradiciones literarias muy distintas, pude hallar un hilo conductor en las dos: la forma en que los hombres aplastan el mundo de las mujeres. Y, por más que esto pueda parecer extraño, creo que las dos lecturas se complementan. Por un lado, una aguerrida autora francesa ensaya sobre cómo es la vida de la mujer en este mundo de hombres. Por el otro, una melancólica y realista autora estadounidense narra, desbordando emociones muy lejos de la cursilería, cómo es la vida de la mujer en este mundo de hombres. Aquello que el pensamiento puro no puede desentrañar, la literatura lo logra y ambas autoras, una punk y una amante del jazz, se toman la mano y se abrazan en mi mente, listas para seguir deslumbrando lectores.

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