Editorial septiembre 2019

SIGNOS DE AUTORITARISMO

Una constante de los últimos meses por parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y de Morena ha sido el estar tratando de cometer actos de autoritarismo que, de concretarse, pueden ser antecedentes muy delicados para nuestra incipiente democracia.

Cuando no es en un frente es en otro que se generan actos concretos o amagues que están fuera de la ley, de la constitución política que nos rige.

Lo último, en la cuarta semana de septiembre, ha sido la propuesta de los senadores de Morena por desaparecer los poderes en los estados de Guanajuato y de Tamaulipas.

La intervención de Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador en el estado de Guanajuato es una infamia, algo terrible.

Aun en los peores años de la violencia que desató la llamada “guerra contra el narcotráfico” de Felipe Calderón Hinojosa, Guanajuato era una especie de isla de seguridad, como lo eran la mayoría de los estados del Bajío, pero de pronto las organizaciones del narcotráfico penetraron en Guanajuato y todo el aparato federal de seguridad, todo, ha estado haciendo un juego de simulación, lo que ha hecho que estas organizaciones se disputen a placer varias de las ciudades del sur de estado.

Guanajuato es gobernado, eficientemente hay que decirlo, por el PAN desde hace más de 20 años y fue el único estado que rechazó electoralmente de forma drástica la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.

Guanajuato crece económicamente 4 veces más por encima de la media nacional. Cuenta con más eventos de talla internacional que ninguna otra entidad. Tiene el mejor sistema de salud del país con mayor transparencia y eficiencia. Tiene la evaluación crediticia más alta del país por calificadoras internacionales. Presume el menor índice de corrupción conforme al último estudio del INEGI. Muestra el menor índice de impunidad conforme a México Evalúa.

Si todo México tuviera el nivel de desarrollo de Guanajuato seriamos otro país, pero su gobernador panista Diego Sinhue Rodríguez, está liderando a un grupo de gobernador para exigir los recursos que le corresponden a sus estados y amagando con replantear el pacto federal, que le permite a un gobierno centralista manejar la hacienda pública como le viene en gana.

Signos de autoritarismo y perversidad política detrás de un discurso de la 4T que se evidencia cada vez más como una simulación.

Lo que deberían plantearse los senadores morenistas, antes que estar buscando la represión, es qué está haciendo su flamante Guardia Nacional y cómo explican que si ya terminaron con el guachicoleo, las organizaciones del crimen se sigan disputando el negocio en torno a la refinería de Salamanca.

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