Chabelo y la obesidad

Por: Álvaro González

El inicio de “En familia con Chabelo” (1967) coincide con un tiempo en el que la infancia mexicana comenzaba a consumir más productos chatarra plagados de azúcar y grasas saturadas: pan, frituras, jugos, refrescos; todo glaseado con enormes campañas publicitarias. Hoy México ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil y el segundo en adulta. Durante 48 años Chabelo se empleó como el principal promotor televisivo del consumismo infantil de estos productos; ¿cuál es su responsabilidad y la de sus empleadores ante este gravísimo problema nacional de salud?

No me tocó ser un niño televidente admirador de Javier López “Chabelo”, aunque él es de la generación a la que pertenecieron mis padres.

Después de verle por algunos momentos en su programa dominical En Familia con Chabelo, lo conocí de manera personal durante un evento, en el cual inauguró una zapatería de su propiedad en un importante centro comercial de León.

Alto, corpulento, de voz grave y vestido de traje era una imagen desconcertante con la del eterno niño de pantaloncillos cortos de la televisión, con voz infantil.

Me enteré en ese tiempo que era médico de profesión e inclusive ejerció por algunos años, pero la medicina particular entonces no era el negocio que es ahora.

Ya para ese año (1985) tenía 18 años dirigiendo su muy exitoso programa de televisión y era un hombre económicamente próspero.

El personaje televisivo nunca me simpatizó mayor cosa; siempre tuve la impresión de que era un programa obscenamente comercial, que le vendía a los niños todo tipo de chatarra, especialmente chatarra alimenticia.

Para quien desconoce el dato, Chabelo fue por varios años la imagen de la empresa norteamericana Pepsico, propietaria de la marca Pepsi y de toda una gama de productos chatarra, como Sabritas, entre muchos otros.

El éxito de Chabelo en la televisión no se debía a la calidad de su programa, aunque estudió por algunos años arte dramático, sino a sus relaciones que le permitieron hacer de dicho programa un instrumento eficientísimo de publicidad comercial, pero dirigida básicamente a un público infantil que, por lo menos en los años setentas y parte de los ochentas, consumía mucho menos refrescos y productos chatarra que en los años posteriores.

Todos los domingos de mi periodo de pubertad transcurrieron como ayudante en un almacén de abarrotes, propiedad de una hermana de mi madre.

Fue justo en ese periodo en que se disparó el consumo de refresco y de productos de pan con azúcar, grasas y conservadores de empresas como Bimbo.

El almacén se dividía en dos áreas: venta de mayoreo y ventas de menudeo, pues entonces apenas iniciaban lo que hoy conocemos como supermercados y estos eran uno o dos de dimensiones muy chicas comparados a los de hoy, así que la gente hacía todo su consumo de comestibles en tiendas como aquélla.

LOS NIÑOS “CHOCORROL”

Una de mis tareas era checar el surtido de productos que hacían los camiones distribuidores de la empresa Bimbo y de frituras, como papas y churros de los más diversos tipos.

Siempre impecables, los empleados uniformados de Bimbo surtían los productos en grandes charolas de plástico en color azul. La gama de los productos ya era enorme: gansito (el producto estrella) pingüinos, submarinos, napolitanos, chocorroles, etc.

La frecuencia de las visitas de los camiones y la cantidad de los productos iba en aumento, tan solo del llamado “gansito” se llenaba medio refrigerador, pues se vendían fríos, como paletas.

Los consumidores eran casi en su totalidad niños y púberes, que fueron también en aumento.

Para estimular aún más el consumo se recurría a ciertas formas ingeniosas, como el colocar una colección de pequeñas figuras de plástico blanco dentro del empaque, con los personajes de Walt Disney. Si a un niño le faltaba un determinado personaje conseguía más dinero para comprar más pastelillos en busca de esa figura.

Para empeorar ese gran consumo de pan saturado de azúcar y de grasas, los niños comenzaron a consumir jugos y una mayor cantidad de refrescos, además de frituras como papitas, churros, “chicharrones” de harina, entre muchas otras cosas.

El principal promotor de toda esta comida chatarra que fue generando hábitos de alimentación que no existían en los niños mexicanos fue Chabelo, a través de su programa, el cual tiene el record de duración de un programa televisivo al aire con 48 años (de 1967 al 2015).

Chabelo inicia en Televisa cuando todavía era Telesistema Mexicano y concreta uno de los contratos más lucrativos que haya realizado en la televisión mexicana un conductor; muy probablemente el más lucrativo, porque estaba fincado en los niveles de ventas y el mantenimiento de contratos comerciales.

Cuando se retira en 2015, después de 48 años, Javier López recibió una indemnización por 14.5 millones de dólares al tipo de cambio del año (175 millones de pesos); la indemnización más alta que ha pagado en toda su historia Televisa a un conductor, para terminar un contrato que ya había hecho millonario a Javier López Rodríguez.

Ciertamente Chabelo era sólo un conductor de un programa televisivo, pero formaba parte de todo un sistema de comercialización que cobra auge a partir de los años setenta y va cambiando, gradualmente, los hábitos de alimentación del mexicano de todos los estratos sociales

PAÍS OBESO

Hoy el principal problema de salud en México es la obesidad.

Con base en datos de la Organización Mundial de la Salud, OMS, la obesidad entre mexicanos mayores de edad pasó de 20.5 millones en 2012 a 24.3 millones en 2016; en niños se registraron 4.1 millones con problemas de obesidad, en ambos casos con tendencias a la alza.

México ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil y el segundo lugar en obesidad en adultos, sólo detrás de Estados Unidos.

La obesidad es el principal factor detonante de las dos principales causas de muerte entre los mexicanos: enfermedades cardiovasculares (201%) y diabetes (15,2%), además la obesidad tiene incidencia en otro tipo de enfermedades, como la ósea, muscular, cierto tipo de cánceres, entre otras.

No se puede afirmar que un personaje como Javier López sea un factor directo, pero sí es un precursor, ya que la obesidad, de acuerdo a la misma OMS, tiene dos factores principales: mala alimentación y cambio en los hábitos de vida, básicamente la falta de ejercicio.

Desde el punto de vista cultural, la mala alimentación está relacionada, además de la falta de ejercicio, a los cambios en horarios de trabajo, formas de trabajo sedentario y el comer fuera del hogar, lo que lleva con gran frecuencia al consumo de comida a base de carbohidratos, grasas saturadas, carnes rojas y refrescos.

Para una madre joven que trabaja en una maquila o en cualquier otro trabajo, un hábito cada vez más común es comprar a sus hijos el tipo de golosinas que promovía Chabelo, acompañadas de un jugo o un refresco. Un jugo de apenas 250 mililitros contiene hasta 25 gramos de azúcar. Un jugo o un refresco y un paquete de panecillos de Bimbo, pueden contener cerca de 500 calorías; la cuarta parte del total de las que requiere un adulto diariamente.

Ciertamente Chabelo era sólo un conductor de un programa televisivo, pero formaba parte de todo un sistema de comercialización que cobra auge a partir de los años setenta y va cambiando, gradualmente, los hábitos de alimentación del mexicano de todos los estratos sociales.

El noreste mexicano ocupa el primer nivel mundial en consumo per cápita de refrescos. Estamos entre los principales consumidores mundiales de cerveza y frituras, y Bimbo, que fue fundada en 1945 como una modesta panadería, es hoy la principal panificadora del mundo, con presencia en 32 países de América, Europa, Asia y África.

En 2014 reportó ingresos por 14 mil millones de dólares y está en constante expansión.

Sus productos, salvo unos pocos, son basura desde el punto de vista nutricional, a base de harinas ultra refinadas, grasas, azúcar, conservadores químicos y, para tratar de justificar semejantes “bombas”, ahora se promociona que le han agregado vitaminas y otras sustancias.

Entre Bimbo, las refresqueras, frituras, cerveza y la comida callejera consistente básicamente en gorditas, tacos, lonches, carne roja frita, menudo y demás, el país ha ido engordando, hasta generar un problema de salud pública que no tiene la capacidad de atender el sector de salud pública, sujeto además a recortes presupuestales y con un rezago muy fuerte.

Chabelo es visto como una figura que divirtió a los niños por medio siglo y Bimbo se presenta como una empresa ejemplar, inclusive los Servitje se consideran una familia empresarial que está dentro de una corriente socialmente ejemplar, por los beneficios que presta al país y al mundo, no como copartícipe de la principal epidemia que azota al país: la obesidad.

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