La homilía presidencial y el coro de apóstoles

La homilía presidencial y el coro de apóstoles

Por: Gerardo Lozano

Para llegar a las siete de la mañana a palacio nacional en el zócalo de la ciudad de México, por lo menos hay que levantarse a las cinco de la mañana, para alcanzar a ducharse, tomar un café, ordenar el maletín y hacer el recorrido en el frío del invierno y entre la nata ocre de mugre contaminante en la atmósfera de esta gigantesca ciudad.

Todos los citados tienen que llegar a tiempo para la conferencia matutina del señor presidente de la república, quien, todos los días, se ha propuesto dedicar una hora y media a dar cuenta, personalmente, de todos los asuntos de su gobierno.

Aquello realmente no es una conferencia de prensa, en su sentido estricto, sino una ceremonia que oficia el supremo soberano, donde su palabra se convierte no en información objetiva y puntual sino en una homilía política, en la que va del discurso ideológico a la proclama nacionalista, el llamado a las bondades evangélicas, el ataque a sus fantasmales enemigos y algún chistorete para amenizar el prolongadísimo ritual.

Su indiscutible carisma y la habilidad para comunicar de López Obrador le permiten, al menos por los tres primeros meses de su gobierno,  convertirse en el centro de todas las noticias; marcar agenda, como se denomina en el medio, pero esto, en la opinión de especialistas en comunicación e imagen pública, le puede implicar un desgaste importante y, además, una buena parte de los integrantes del gabinete legal y del ampliado con frecuencia no están a la altura de las circunstancias; carecen de una personalidad y, lo que es más delicado, de una opinión propia, lo que ha llevado a cometer ya una gran cantidad de errores, pero éstos quedan en boca del presidente.

EXPLICANDO UNA TRAGEDIA

Este día hay tensión: una célula del crimen organizado perforó un ducto en Tlahuelilpan, Hidalgo, formando una fuente enorme de combustible, convocando a todos los lugareños a la rapiña, a lo cual dedicaron horas enteras, ante la mirada de decenas de policías y militares, hasta que aquello se convirtió de pronto en un infierno que dejó, en ese mismo momento, más de cincuenta muertos y casi cien heridos de suma gravedad.

La campaña contra el huachicoleo, había puesto en desabasto de gasolina a una parte muy importante del país, como lo es el bajío, pero tenía en las nubes la imagen del supremo, sin embargo de pronto la tragedia ensombrecía todo y había que dar una explicación.

Visiblemente conmovido, López Obrador abrió la homilía del día con un rictus de consternación y una apología de la pobreza que, con caridad evangélica, explica la delincuencia, la rapiña y la terrible desgracia.

Enseguida llama a Jorge Alcocer Varela, su secretario de salud, un hombre de 73 años que muestra un deterioro físico mayor al de esa edad, más considerando que es médico. Alcocer se dirige al micrófono con paso cansino y hace uso de la palabra para exponer las cifras sobre muertos, heridos y su hospitalización y tratamiento. Su dicción, como su paso, es también cansina.

Está durmiendo poco, está físicamente cansado, su deterioro es mayor a la edad que tiene, no se sabe, pero habitualmente es su tono y su actitud.

Le sigue al micrófono Alejandro Gertz Manero, un anciano de 80 años de edad que parece en mejor estado que el anterior, sólo que ha sido elegido recientemente nada menos que como Fiscal General de la nación para un periodo de nueve años, porque es amigo del presidente.

Responde algunas preguntas de reporteros y reporteras desmañanados, la mayoría de los cuales se perciben de un bajo perfil y evitan, si lo saben hacer, plantear peguntas incisivas, rigurosas, lo cual permite que el novísimo Fiscal General, a un día de la tragedia, lance la hipótesis de que el incendio de la gigantesca fuga de gasolina se debió a que mucha de la gente usaba ropa de poliéster, de material plástico, la cual suele producir chispas y en un ambiente como aquel, donde el combustible de alto octanaje produce gases, muy probablemente provocó la explosión y el incendio que arrasó con la multitud que robaba.

La versión se quedó, hasta la fecha, como la explicación oficial del origen del fuego.

Vino enseguida el casi desconocido director nacional de Pemex, Octavio Romero Oropeza, amigo íntimo de López Obrador, el primer ingeniero agrónomo que dirige una empresa petrolera en el mundo. Respondió a las preguntas obvias que se le hicieron y dejó entrever, sin que lo consignaran los reporteros, el panorama desalentador para el sistema de abasto de gasolina en el país a partir de la lucha contra el “huachicoleo”.

Alguien preguntó por qué los policías y militares no hicieron algo para evitar la desgracia, mencionando la presencia del ejército, lo que ameritó que el titular de la defensa nacional respondiera que estaban rebasados, que aquello era una multitud y que hubiera sido imprudente haber tratado de contener a cientos de lugareños.

López Obrador hizo uso de la palabra para respaldar la posición del jefe del ejército y volvió a la homilía, para hablar del no uso de la fuerza pública contra civiles, de la pobreza que no deja más alternativa que la delincuencia, del desastre de la corrupción que ha podrido todo y que va a limpiar desde sus mismas entrañas, además de los programas asistenciales que pondrá en marcha en todos los pueblos “huachicoleros”.

Ni una sola palabra del crimen organizado que maneja el robo de gasolina; ni una sola palabra de la cronología real del evento sobre a qué horas se reportó  y a qué horas se dio el estallido; ni una sola palabra sobre la actuación de los sistemas de seguridad y de la actuación de la policía y el ejército.

Desmañados y cansados todos, reporteros y apóstoles del supremo soberano, este da como concluida la sesión y cita para las seis de la tarde del mismo día, porque hay que considerar que es fin de semana y día de descanso.

MUCHOS ERRORES Y POCAS CIFRAS

El presidente responde a casi todo, pero no toca los temas delicados sobre los cuales o no tiene una respuesta o le compromete plantear una postura.

En este maratón matutino de preguntas y respuestas los errores se han vuelto frecuentes, lo mismo que las imprecisiones. Nunca un presidente había contestado personalmente a temas que son especializados y competencia de sus secretarios de Estado.

Se habla de programas, de problemas, de la corrupción hasta lo más hondo de Pemex, pero no hay datos precisos.

Un día el presidente afirma que la empresa Modelo reclama la devolución de decenas de millones de pesos por concepto del IVA, luego corrige que es del Impuesto Sobre la Renta. La empresa le hace una aclaración pública y él tiene que hacer una corrección al día siguiente, donde precisa que no es la empresa “Corona”  (en lugar de referirse al Grupo Modelo) sino los ex propietarios quienes están tratando de recuperar un poco más de 30 mil millones de pesos de condonación del ISR.

El problema es que lo que era el Grupo Modelo es hoy propiedad de la empresa cervecera más importante del mundo y ese tipo de imprecisiones no se pueden dar.

Otro día la emprende en contra del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, porque éste aprueba la lucha contra el “huachicoleo”, pero critica la estrategia que se está siguiendo, la que estaba causando un grave problema de desabasto de gasolinas en Jalisco, en Michoacán, en Guanajuato, Querétaro y todo el bajío. Lo descalifica.

El problema es que Enrique Alfaro es el presidente de la CONAGO y, oficialmente, es vocero de los 32 gobernadores del país.

¿Cuánto puede durar este estilo presidencial de convertirse en el principal y único vocero de su propio gobierno através de maratónicas conferencias de prensa?

En otra conferencia matutina, ésta más frecuente, descalifica y llama inclusive de hipócrita a la calificadora internacional Fitch Ratings, que le ha bajado la calificación a Pemex, “cuando ésta se encuentra ahora mejor que nunca”, mostrando lo que ya se veía desde la campaña: fuertes problemas de conocimiento de aspectos fundamentales de cómo es que funciona una economía y, en especial, los mercados.

Al día siguiente la Secretaría de Hacienda trata de suavizar las declaraciones emitidas en la rueda de prensa matutina, pero los mercados aumentan sus reservas sobre la capacidad del nuevo gobierno en materia de economía.

López Obrador muestra que no entiende lo que hace una calificadora internacional y no recurre a su Secretario de Hacienda.

Y ahí está uno de los problemas graves del nuevo estilo de gobernar: es centralista, es absolutamente presidencialista y no parece haber nadie que informe, que modere y que asesore adecuadamente al presidente, porque es imposible que alguien sepa de todo.

En otra mañana más de rostros de poco sueño y cansancio, se afirma que la Refinería de Dos Bocas va para delante y tendrá un costo de 8 mil millones de dólares, pero a los pocos días el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), a quien le encargaron un estudio, da a conocer a través de su documento concluyente que el proyecto es inviable para un periodo de 20 años, porque costará 14 mil 740 millones de pesos y su construcción durará un año de planeación y cuatro de construcción, por lo que estaría listo hasta 2024, no en tres años como se anunciara en la conferencia presidencial.

Pero al absoluto no se le contradice porque su voz es la del oráculo: al día siguiente de la difusión de dicho informe el director del Instituto Mexicano del Petróleo, Ernesto Ríos Patrón, es despedido.

El hecho confirma las percepciones de que la Secretaria de Energía, Rocío Nahle, se ha mostrado como una de las más incompetentes integrantes del nuevo gabinete, en un área que es especialmente crítica.

Días después viene el problema de los bloqueos de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, una de las principales organizaciones políticas radicales de pseudo-izquierda que apoyó al presidente en su campaña electoral.

López Obrador se siente defraudado porque a su llamado, que debería ser acatado de inmediato, la CNTE responde con un desafío y un chantaje, pidiendo miles de millones de pesos y beneficios que llegan a lo absurdo. Pese a la negociación, una parte de los bloqueos sigue, pero el mensaje del supremo es firme: no al uso de la fuerza pública, aun cuando haya razón  y sea indispensable imponer la ley y el orden. Las pérdidas para la economía ascienden a miles de millones de pesos.

¿Cuánto puede durar este estilo presidencial de convertirse en el principal y único vocero de su propio gobierno a través de maratónicas conferencias de prensa todos los días, a las siete de la mañana?

Nadie puede soportar tanta exposición ante los medios sin cansarse y sin cansar a la audiencia, perdiendo gradualmente el interés. Una vez a la semana sería todavía mucho, pero va a ser muy difícil que alguien convenza al supremo de dejar su protagonismo. Será el propio desgaste el que termine de imponerse, por el cansancio y porque no es una forma adecuada y moderna de informar por parte de un gobierno de la república.

La prensa, por lo menos la prensa seria, no puede fincarse en dichos, así sean del presidente: se necesita verificar las fuentes de información; darle cabida a opiniones diversas de protagonistas y expertos; fundamentar con cifras tales dichos e investigar tanto como la importancia del tema lo exija.

Vivir en el periodismo de “dijo”, “opinó”, “comentó”, “aseveró”, es vivir en la mediocridad y en la irrealidad en la que están instalados muchos medios de comunicación.

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