Editorial febrero 2019

¿Qué pasa con Zermeño?

Nunca había sucedido que un gobierno municipal fuera desnudado en su corrupción por la propia secretaria particular del alcalde, pero esto sucedió el pasado cinco de febrero, cuando una mujer joven a la que subestimaron expuso toda una trama de corrupción en la Dirección General de Desarrollo Económico.

Ante el cabildo y ante los medios de comunicación quedó expuesta la corrupción en los servicios que presta la Ventanilla Universal, donde los empresarios del sector servicios realizan trámites tan delicados como los permisos del uso de suelo y las licencias para establecer un determinado giro comercial y empresarial en general.

Se evidenció además que existen otras anomalías y el que dos directoras de área son “aviadoras”, una de ellas la encargada de turismo y la otra del Paseo Morelos.

Para todo mundo quedó claro que la trama de corrupción no es un caso aislado, sino un serio problema institucional, que alcanza al propio tesorero Hernán Sirgo y, en consecuencia, al propio Jorge Zermeño, pues desde su experiencia como secretaria particular, la funcionaria da testimonio de que el tesorero “no sale del despacho del presidente municipal, no le da ni su espacio para atender a la gente”.

Ante semejante sacudida el alcalde no toma ninguna medida ni hace cambios drásticos, sino que recurre a gastar dinero del erario público para obtener el encubrimiento informativo.

Torreón tuvo una caída del 50% en la inversión privada durante 2018, lo que es muy delicado y requería del relanzamiento de la propia Dirección de Desarrollo Económico, pero lejos de esto se premia la ineficiencia del anterior encargado, Fernando Jaime, y se cae en esta vergonzosa situación.

Hay malestar dentro del medio empresarial por lo sucedido, pero más por la postura que ha asumido un alcalde que se ha visto bastante mal y, en su papel ya habitual, arrogante.

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