Los clásicos también se tuitean

Los clásicos también se tuitean

Daniel Herrera

Escritor y músico lagunero

Twitter: @puratolvanera

Leer a los clásicos pareciera cada día más complicado. Se requiere tiempo y esfuerzo, algo que cuesta más.

Nada nos entretiene lo suficiente, incluso el celular termina aburriendo a todo mundo. ¿Qué podrían hacer libros escritos hace cientos de años ante la invasión constante del mundo en nuestras vidas diarias y privadas?

¿Hasta dónde tienen la batalla perdida los libros que han leído millones de humanos en el mundo durante tanto tiempo?

Pues, a pesar de que pareciera complicado, la literatura y la lectura siempre encuentran algún camino para insertarse en la vida diaria. La iniciativa #Homero2019 nacida en Twitter así lo demuestra.

El experimento surgió en noviembre del 2017, cuando el profesor de literatura Pablo Maurette anunció en su cuenta de Twitter que iba a leer durante el 2018 La divina comedia. Así, durante ese año, leyó un canto por semana al mismo tiempo que lo fue comentando en la red. La propuesta tomó velocidad y peso porque la lectura se volvió colectiva.

Después de terminar el libro de Dante, continuó la lectura de El Quijote y, más adelante, El Decamerón. El uso de los hashtags #Dante2018, #Cervantes2018 y #Boccaccio2018 se convirtió en la forma de comunicarse con los demás lectores. Así, un acto individual e íntimo formó parte de una avalancha de tuits, pero, al mismo tiempo, distinguiéndose de la inmensidad de temas tuiteros.

La respuesta es tal que Maurette tuvo algunos detractores, incluso lo acusaron de cobrar por la acción, pero esas críticas pronto se perdieron en el mar de tuits porque queda claro que son pocas las actividades placenteras que se hacen sin cobrar y una de ellas es leer. ¿Quién podría cobrar por leer un clásico y después tuitear sobre ello? No tiene sentido.

Este año le ha tocado el turno a Homero y desde principio de año nos hemos dedicado a leer La Ilíada, un canto por semana. Más adelante, cuando terminemos el libro, estará en la cola de lectura La Odisea.

La experiencia es diferente, pareciera que es una clase de literatura, pero con una infinidad de voces opinando desde distintos contextos y haciendo hincapié sobre los asuntos que cada quien considera interesantes. Por supuesto que los snobs llegan a querer imponer un punto de vista, pero en general la actividad es lúdica, gozosa y libre.

Lo interesante del asunto es que uno entra o sale cuando quiere del tema. La lectura es al ritmo propio, aunque intentando sostener el plan original de un canto por semana. Y, sobre todo, se convierte en una obligación amable, quiero decir que es probable que nunca hubiera leído La Ilíada si no me siento acompañado de alguna manera.

La vida tiene tantas ocupaciones y eventualidades que leer cualquier obra clásica se antoja como una tarea titánica. Requiere cierta fuerza de voluntad y un interés especial por aprender de otras disciplinas para comprender a cabalidad los distintos giros del lenguaje o las múltiples referencias que pueda hacer el autor que eran comunes en su momento histórico pero que quedan muy lejos del nuestro. La lectura colectiva ejerce cierta influencia atractiva en el lector. Animal social, finalmente, al participar, se desea ir a la par de los demás. En este caso, no es tanto una competencia, sino un aliciente por continuar leyendo.

Lo anterior me ha quedado claro desde que decidí participar en #Homero2019. La experiencia me ha permitido reflexionar sobre el papel de las redes y el Internet en general como acompañantes de la lectura y no tanto como rivales.

#Homero2019

Por un lado, la web ha golpeado nuestra habilidad lectora de distintas maneras. Esto es una realidad con la que se debe lidiar en lugar de luchar contra ella. El ser humano ha perdido y ganado tanto con el más grande invento del milenio. Sí, tenemos la información a la mano, pero las lecturas son desordenadas, azarosas e irreflexivas. Al tener todo a la mano, la memorización se ha vuelto obsoleta y la perspectiva crítica ante la información se ha relajado.

También la imagen se ha visto privilegiada frente a la lectura y, para una gran cantidad de personas, el video es la mejor manera de comunicarse, evitando el uso del lenguaje escrito.

Pero, ¿qué si hemos estado viendo todo el problema al revés? Si, en realidad, la red puede funcionar para llevar la lectura a otros ámbitos. Tal vez es posible viralizar la lectura. ¿Por qué necesariamente la pantalla es el demonio de la ignorancia?

Voy más allá, incluso una clase o conferencia a través de YouTube puede no sólo contener conocimiento y análisis de la realidad, sino que también, y con toda seguridad, desembocará a ciertas lecturas.

Por supuesto, todo esto que he afirmado y de lo que soy férreo defensor no funcionará si antes no existe un sistema de educación efectivo.

El problema actual ante la red, no es que destruya nuestra inteligencia o nuestra capacidad de razonar, sino que no accedemos a ella desde una perspectiva crítica. Eso es una responsabilidad educativa que tenemos ante todos, no sólo los más jóvenes, sino incluso los adultos que se acercaron de manera tardía al internet.

Me parece que iniciativas como #Homero2019 nos demuestran cómo es que las redes y la web en realidad son herramientas y que depende de nosotros la forma en que se pueden utilizar.

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