Editorial enero 2019

Obras son amores

La alternancia política resulta parte indispensable de una democracia madura; cambiar cada cierto tiempo al partido en el poder permite evitar vicios, previene formas permanentes de corrupción y empuja el cambio, entre otros beneficios.

Todo esto en una democracia consolidada, pero en nuestro caso todo indica que estamos lejos de alcanzar ese nivel de civilidad y desarrollo político.

Torreón ha tenido una alternancia política en su gobierno municipal desde 1997 a la fecha, pero pareciera que esta alternancia se convierte con frecuencia en una serie de brincos abruptos, donde un nuevo gobierno trata de descalificar al anterior para justificarse a sí mismo o, lo que es peor, justificar su ineficiencia.

Jorge Zermeño Infante terminó su segundo gobierno; realmente un mini gobierno de sólo un año, pero ha comenzado un tercer gobierno de tres años. En ningún sentido es un novato que requiera un proceso de aprendizaje.

Aunque conserva una aprobación alta en los sectores sociales donde se concentra la clientela dura del PAN, los datos indican que el gobierno que terminó en diciembre ha quedado a deber mucho, si tomamos como referencia todas las expectativas que levantó y todo el respaldo social que tuvo.

Es cierto que un año es poco, pero en ese año no hay obra alguna de importancia, no obstante que recibió el gobierno municipal con las cuentas en orden, porque, con cifras concretas, no puede demostrar lo contrario.

Su equipo de colaboradores no ha estado a la altura de las exigencias y una buena parte de éste ha resultado poco eficiente y eficaz, pero los cambios hasta ahora han sido tibios y mínimos; apenas “enroques” de funcionarios de segundo nivel de un cargo a otro para seguir cumpliendo con compromisos.

Tal vez para justificar los pobres resultados que se alcanzaron en 2018, Jorge Zermeño infante ha tratado con desdén las obras que le dejó a la ciudad el gobierno anterior y las tiene en el descuido o no les ha dado el impulso para el que fueron creadas.

Revista de Coahuila consigna en esta edición el caso del Complejo Deportivo y Cultural de La Jabonera, una obra muy importante ubicada en el sector poniente de la ciudad, la zona más conflictiva e históricamente más marginada, a la cual no le ha invertido un peso, mientras que al Parque Los Fundadores, que fue la obra de su primer gobierno, sólo en mantenimiento le invirtió 5 millones de pesos.

Si obras son amores y no buenas razones, aquí parece haber muy poco amor a la ciudad.

Comentarios de Facebook
Facebook
Twitter
LinkedIn

Lo más visto

Te podría interesar: