CHACHÉ, el guardián de la alegría

CHACHÉ, el guardián de la alegría

Por: José Ángel Cuéllar

Enrique Pérez-Vertti es reconocido entre la comunidad lagunera de payasos por la combinación singular de sus dos ocupaciones: además de dedicar su vida a hacer reír a las personas, también es policía.

Acompañado por su esposa, Martha Vázquez, Chaché prepara su equipo de sonido. “Sí, sí, tres dos, tres dos, probando sonido”. Se escucha la prueba que de inmediato llama la atención de los presentes en la fiesta.

El show está a punto de comenzar. Como los ecos del sonido, Enrique se va, se aleja; en el escenario queda únicamente el personaje al que durante años le ha dado vida.

Señoras y señores, ésta es tercera llamada, tercera llamada, comenzamos…

El anhelo de su padre era que se convirtiera en un destacado Médico Veterinario Zootecnista, de hecho, llegó a cursar dos años de esta especialidad. Pero la vida le tenía deparadas a Enrique Pérez-Vertti Arce, otras aventuras profesionales, convirtiéndose, en primera instancia, en el Payasito Chaché, y posteriormente en Policía Municipal de Torreón, con la misión de hacer reír, y servir a la ciudadanía, respectivamente.

Sentimentalmente hablando, el corazón del nacido un 15 de julio de 1955 en la Ciudad de México está dividido en dos. Pero si le dieran a elegir entre una ocupación y otra, dijo, se quedaría con las dos, porque ambas le han dado grandes satisfacciones.

Vestido de civil y con ánimo de fiesta, Chaché y el policía Enrique me recibieron un domingo de octubre en su casa, localizada al sur de Torreón.

Justo al entrar a su hogar, descubrí una de sus grandes pasiones: los peces; actualmente tiene trece peces japoneses en una pecera de mediano tamaño, que para él es sinónimo de paraíso, porque en el colorido y acuático paisaje encuentra la relajación que, subrayó, no hallará en ningún otro lugar.

Enrique es el tercero de cinco hijos que tuvo la familia Pérez-Vertti Arce, y el único que optó por el ambiente artístico como una forma de vida, consciente de que una de sus misiones era divertir a la gente.

“Desde que estaba en primaria yo era el hazmerreír de todo el salón, me salían las cosas naturales, sin batallar, y de ahí me agarraban para obras de teatro o para algún evento que hubiera en la escuela; yo era el maestro ceremonias así como estaba, chiquito.”

Por cuestiones laborales la familia de Enrique se tuvo que trasladar en la década de los sesenta del entonces Distrito Federal (hoy Ciudad de México) a Torreón, él tenía siete años y la inocencia natural de un chico de su edad, aunque la chispa de la comedia era un juguete infaltable en su maleta de viaje, misma que en secundaria y preparatoria le permitió participar en más obras de teatro, ganándose siempre el respeto y la admiración de maestros y compañeros de clase.

“Ya en Torreón de joven me puse a trabajar como agente de ventas en varias empresas, sin dedicarme profesionalmente a ser payaso, aunque en las fiestas familiares prácticamente yo era quien hacía reír a todos, yo era el show”, afirma mostrando una gran sonrisa en su rostro.

Años más tarde, Enrique Pérez-Vertti tuvo la suerte de conocer a un colega, al Payaso Tortillín, quien le dio algunos consejos para que le empezara a sacar provecho a su talento en fiestas infantiles.

La necesidad y el gusto lo plantaron frente a un público desconocido, la familia había quedado atrás: las risas cómplices que celebraban sus ocurrencias de principio a fin. Pero ahora el reto era hacer reír a un público heterogéneo, luego de la tercera llamada, tercera llamada, comenzamos.

Acerca del porqué de su nombre, explicó: “Un día mi esposa me estaba pintando y llegó un sobrino y dijo, qué chaché tío, como queriendo decir qué estás haciendo, y le dije: ah, mira ese nombre me gusta, y a partir de ahí fui el payaso Chaché”.

Fue así como quedó definido su nombre artístico, Chaché. Del vestuario se encargaría su coordinadora y su representante, Martha Vázquez, con quien lleva 35 años de casado y procreó cuatro hijas.

“La gente cree que ser payaso es contar chistes, pero no es cierto, lo que hace el payaso es ridículo, es distinto; para contar chistes está el cómico. Yo a veces llego a las fiestas y empiezo a decir: “a ver, a ver, ¿quién quiere magia? quién quiere magia?, y responden todos: yo, yo, yo, y entonces le digo a la anfitriona: ya ve, señora, mejor hubiera contratado a un mago”, risas.

En sus shows, Chaché no utiliza guiones porque no son necesarios, considera que todo debe ser espontáneo, fresco, en el momento, para que entonces haya conexión con el público.

Experiencias ha tenido de todas, buenas y malas. Como cuando fue contratado para amenizar una fiesta de no se acuerda qué religión, y le advirtieron que durante su intervención no podía haber aplausos, cantar las mañanitas, organizar juegos ni romper ninguna piñata, porque las leyes celestiales, le aclararon, lo impedían.

ADMIRACIÓN AL POLICÍA

Cuando se le pregunta a un infante qué quiere ser de grande, la respuesta más esperada por los mayores es Bombero o Policía. La respuesta de Enrique Pérez-Vertti, en sus primeros años de vida, no fue distinta. Se inclinó más por la opción b, policía.

El porqué es simple: por el atuendo, su porte elegante y formal. De hecho, tan sólo por ese detalle deseaba ser piloto aviador, por el traje, por el uniforme que los distinguía como personas honorables.

Chaché suma 15 años de exitosa trayectoria como payaso; ésa es la cifra que logra acuñar su memoria, luego de hacer cuentas. Como policía municipal suma ocho años de trabajo en la corporación, dos años a bordo de una patrulla para realizar rondines de vigilancia en la ciudad, y el resto en tareas administrativas y ciudadanas, como orientar a los visitantes al Paseo Colón, y participar en los Operativos Mochila que se realizan en las escuelas secundarias del Municipio.

“Un día fui a dar show a la corporación y cuando terminé me invitaron a formar parte de la Dirección de Seguridad, porque ya conocían mi espíritu de servicio, y ya sabían la admiración que yo siento por los policías. Por supuesto que me capacitaron y me siguen capacitando para que desempeñe mi trabajo de la mejor manera”, explica.

Al admirador de los Beatles, le preocupan los chavos, las nuevas generaciones, por ello, cuando tiene la oportunidad de estar frente a ellos en un salón de clases, le aconseja a los estudiantes que se porten bien, que valoren su edad, sus metas y sus sueños.  Afirma que seguirá realizando esta labor, con el mismo esmero y la misma paciencia con la que periódicamente le da mantenimiento a su pecera.

SU SALUD NO ES LA MEJOR, PERO NO SE RINDE

El Guardián de la Alegría está consciente de que los años no pasan en vano. A sus 63 primaveras ha sufrido un infarto, uno de sus pulmones se llenó de agua a consecuencia de la operación, y recientemente le fue colocada una prótesis en la cadera.

Pero a pesar de todo, el abuelo de siete nietos no se rinde ni piensa hacerlo, continúa dando sus shows y participando en los Operativos Mochila que se programan entre semana. Su salud ha mermado, es cierto, pero su voluntad y su espíritu de lucha, se encuentran intactos.

A los padres de familia les aconseja que se mantengan al pendiente de las actividades de sus hijos, así como de sus habilidades y de sus virtudes, porque éstas son naturales, “salen sin la presión de nadie”, afirma.

“Por ejemplo yo, nunca conocí a un familiar payaso, y sin embargo aquí ando, porque se me da.”

Además de ser payaso de profesión y policía, Enrique tiene una gran habilidad y gusto por el canto, justo como su padre.

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