Tiroidismo, exhibiendo la ineficiencia del IMSS 

Tiroidismo, exhibiendo la ineficiencia del IMSS 

Por: Marcela Valles 

Eduardo tuvo que endeudarse con la medicina privada, porque por ineficiencia médica en la clínica 66 del IMSS no supieron distinguir los síntomas, asignarle los estudios adecuados y diagnosticarlo correctamente con hipotiroidismo, a pesar de que los problemas de tiroides son una condición médica de gran presencia en el país.

El tioridismo, ya sea en su forma de hipotiroidismo o hipertiroidismo, se ha vuelto un padecimiento cada vez más frecuente entre la población del país. En México las estadísticas disponibles no son precisas, como suele suceder en casi todos los padecimientos, pero la Asociación Americana de Tiroides, que cubre las estadísticas del mal en los EEUU, determina que alrededor del 10% del total de la población está sufriendo alguna modalidad de tiroidismo, entre  ellos el propio presidente de la república, Enrique Peña Nieto, a quien, en la información oficial, le fue retirado en 2013 un nódulo tiroideo benigno, pero en la filtración obtenida por otras fuentes, se dio a conocer que se le tuvo que retirar toda la glándula tiroides. 

A partir de 2013 es notorio el deterioro físico del presidente, aun en las fotos oficiales que son retocadas o tomadas con el mayor cuidado técnico posible. 

El hipotiroidismo, afecta entre el 4 y el 8% de la población general, mientras que el hipertiroidismo alcanza un 10%, manifestándose cinco veces más en mujeres que en hombres, un alto porcentaje son jóvenes que enfrentan serios trastorno en su salud si no reciben atención a tiempo o de manera adecuada por alguien especialista en endocrinología. 

Ya sea el hipotiroidismo, que es una disminución en el funcionamiento de esta glándula o el hipertiroidismo que hace lo contrario, se pueden enmascarar y confundirse con otros trastornos físicos y enfermedades, como puede ser el incremento o disminución notoria de peso, pérdida del sueño, alteraciones de la función cardiovascular, calambres musculares, debilidad general, diarrea y vómito persistente que no tiene origen en otros padecimientos, entre muchas otras manifestaciones. 

 

¡USTED TIENE AMIBAS! 

Eduardo, de 42 años, padre de familia, acudió en el mes de enero a consulta a la Clínica 66 del IMSS que le corresponde, con la doctora Ivonne Guadalupe Valenzuela, médico de lo familiar. 

Eduardo le manifestó que estaba sufriendo cansancio físico anormal, presión baja, dolor de cabeza y periódicamente otros malestares como diarreas y ocasionalmente vómito. 

La médico le indicó algunos análisis y determinó, en la siguiente consulta, que tenía alto el colesterol (220 en lugar de 200) y ácido úrico también ligeramente alto, para lo cual le prescribió medicamentos, no reorientación de su dieta, pues Eduardo es una persona de complexión muy delgada. 

Tres meses después regresó a consulta. Sus niveles de colesterol y ácido úrico seguían igual, pero algunos síntomas de Eduardo se habían acentuado, como los cuadros de diarrea, el vómito, dolor de cabeza, presión baja. 

Sin tener los estudios correspondientes, le dictaminó que podía tener un problema de páncreas, porque el propio Eduardo le refirió que su padre murió de un padecimiento pancreático. Le medicó, insistiéndole además en el colesterol y el ácido úrico, aunque Eduardo ya había bajado siete kilos y estaba muy por debajo de su peso adecuado. Para su 1.73 metros pesaba apenas cerca de 63 kilogramos. 

No hay mejoría y para julio Eduardo comienza a experimentar adormecimiento de las extremidades y una agudización de su cuadro general. Regresa a consulta en agosto, pero en esta ocasión presentaba un cuadro de hipotensión arterial delicado (30/90), que debió ameritar su internación, pero la doctora Valenzuela le diagnosticó un cuadro de amibas y le medicó, no obstante que Eduardo estaba en peligro de un síncope cardiaco, en la opinión del especialista en cardiología que le trató posteriormente de manera particular. 

A mediados de agosto regresa a consulta porque se le volvió a manifestar el cuadro de hipotensión aguda, nuevamente 30/90. En este caso la doctora le ordena estudios del VIH y de tuberculosis, canalizándolo a urgencia de la Clínica 16, pero se niega a darle cita con algún especialista pues, en su opinión, no lo ameritaba. 

En la Clínica 16 lo mantienen internado, sentado en una silla toda la tarde, le aplican un suero y cuando su presión arterial se incrementa lo envía a su casa, sin haberle practicado estudio alguno. 

Nuevamente se le niega el acceso a algún especialista. 

Vuelve a consulta a la 66 con el mismo cuadro, sólo que ahora con adormecimiento muy marcado de sus extremidades. La doctora insiste en que se trata de un cuadro de amibas y se niega a otorgarle la incapacidad.  

Eduardo tiene que acudir con el director de urgencia e interviene además la directora de la clínica para que le extiendan la incapacidad. 

De esa última consulta, donde la médico familiar sólo le da un tratamiento para gastritis, Eduardo sale sumamente preocupado; él sentía que algo estaba muy mal y sus síntomas empeoraban, lo que ya le incapacitaba para realizar sus actividades normales, como su trabajo, donde tiene que pedir un permiso de ocho días a cuenta de sus vacaciones. 

 

EL HIPOTIROIDISMO 

Eduardo no ve más opción que recurrir a la medicina particular y hace una cita con un gastroenterólogo recomendado, quien lo examina y ante el cuadro de hipotensión, vómito y diarrea persistente, le manda hacer un ultrasonido abdominal. 

En el estudio el radiólogo detecta agua alrededor de su corazón (pericardio o membranas de recubrimiento del corazón). No se encontró ningún problema en su estómago u en otras vísceras y órganos. 

El gastroenterólogo le envía al cardiólogo, el cual le practica un ecocardiograma, lo que confirma la presencia de líquido alrededor de su corazón, por lo que le ordena un perfil tiroideo, intuyendo que existe un problema de hipotiroidismo. 

El estudio lo confirma, la glándula tiroides de Eduardo está funcionando a solo un 50% de su capacidad. 

Del cardiólogo pasa a consulta con el endocrinólogo, quien le confirma el diagnóstico y le explica que la mayoría de sus problemas físicos están relacionados con un cuadro de hipotiroidismo agudo, iniciando un tratamiento. 

De haber seguido sin obtener un diagnóstico adecuado y el respectivo tratamiento, Eduardo se encontraría en un grave peligro, inclusive de muerte, debido a que el descenso de la presión arterial le podría llevar a un síncope, la diarrea persistente a la deshidratación y la acumulación de líquido en torno a su pericardio si hubiera seguido aumentando hubiese requerido intervención quirúrgica. 

El propio endocrinólogo particular se encargó de redactar un documento para que Eduardo sea debidamente canalizado a un especialista endocrinólogo del IMSS. 

Eduardo tuvo que gastar alrededor de 30 mil pesos para poder obtener un diagnóstico profesional sobre el padecimiento que sufre, pero ahora se enfrentará nuevamente a la doctora de medicina familiar, Ivonne Guadalupe  Valenzuela, quien se podría negar a enviarle con el especialista endocrinólogo y exigirle antes otra serie de trámites burocráticos, o bien darle cita con el especialista para el próximo año, lo que incrementaría el endeudamiento de la familia de Eduardo en atención médica particular, aunque tiene derecho a demandar la restitución de todos los gastos que ha realizado debido a la ineptitud y negligencia que ha cometido con él el IMSS. 

 

MÉDICOS INDIFERENTES, INCOMPETENTES Y CANSADOS 

Si el presidente Enrique Peña Nieto hubiera sido tratado como Eduardo y no, como sucedió, por médicos especialistas y en una institución médica militar de élite, es posible que hoy tuviéramos un presidente de la república distinto. 

Eduardo no tiene esas posibilidades y  tiene que acudir al servicio del IMSS, enfrentándose a un servicios que tiene cada vez más quejas por parte de la población derechohabiente. 

Los médicos de lo familiar atienden a una cantidad demasiado grande de pacientes, por lo cual les dedican pocos minutos, lo que dificulta el hacer una adecuada exploración médica. Una gran parte de estos médicos de consulta familiar, que son el primer filtro y la base del servicio médico, muestran un nivel profesional bajo, lo que lleva con frecuencia a diagnósticos equivocados o tardíos. 

Por política, los directivos médicos de las diferentes clínicas del IMSS han ordenado un acceso a la consulta con especialistas que se puede prolongar de tres hasta seis meses, lo que es sumamente delicado en caso de padecimientos graves. Se desconoce si esto se hace por falta de especialistas suficientes o por economizar recursos. La realización de estudios médicos se limita a lo indispensable, lo que también puede ser un problema grave para establecer un buen diagnóstico.  

La medicación de muchos pacientes, como lo muestra el caso de Eduardo, es inadecuada o errática, lo que puede agravar el estado de salud del paciente. 

Tener un problema de salud importante y acudir a consulta del IMSS es una especie de lotería, donde pocos recibirán una buena atención médica, pero muchos, cada vez más, recibirán un mal servicio que puede inclusive poner en riesgo su vida.

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