Después del 68 le fue mal al país económica y políticamente 

Después del 68 le fue mal al país económica y políticamente 

Por: Álvaro González 

En cuarenta años de ejercicio periodístico (yo comienzo en 1978, justo diez años después de la matanza de Tlatelolco), he escuchado bastantes mentiras sobre lo favorables que fueron las consecuencias políticas y económicas del movimiento estudiantil de 1968. Si hacemos un recuento, es a partir del sexenio de Luis Echeverría, y principalmente el de López Portillo, que la economía nacional tiene un derrumbe catastrófico, se fortalece el crimen organizado y la corrupción se convierte en el principal aceite del engranaje gubernamental. 

Conocí sólo de vista a un buen número de sus principales protagonistas de aquel movimiento estudiantil, incluido el finado matemático Marcelino Perelló Valls, y he entrevistado a mucha gente que afirma haber estado ese 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas o en sus inmediaciones. Pero en 1968 yo era un niño de 10 años.  

Recuerdo que mi madre nos llevó precisamente de viaje a la Ciudad de México, cuando aún las terminales de los autobuses foráneos se ubicaban en Insurgentes. Fue ahí donde vi la portada de un periódico reportando la masacre de estudiantes, pero en los siguientes días todo fueron noticias sobre los juegos olímpicos, que comenzaron el 12 de octubre y a mí, ya entonces, me gustaba mucho el deporte; además, no tenía edad para entender la política y mi madre nos decía que eso de la matanza de estudiantes era “algo muy feo que no era para niños”. 

Como muy poca gente tenía entonces televisión en su casa, se colocaron televisores en todos los parques públicos, pero una hermana de mi madre, comerciante de oficio, sí tenía televisión y la compartía con toda la familia. 

De ese octubre sólo se quedaron grabados en mi mente cuatro cosas: la portada de ese periódico, el cierre de la carrera del “Sargento Pedraza” en la final de los 20 kilómetros de caminata, algo que hasta la fecha me parece de lo más emocionante en la historia del deporte mexicano; la llegada del “Tibio” Muñoz para ganar la medalla de oro en natación, deporte que ya entonces me gustaba mucho, y algunas rutinas de Věra Čáslavská, una extraordinaria gimnasta checa a la que convirtieron en “la novia de México”, bastante bella y más grande de edad que las niñas que compiten hoy en día. Nada más recuerdo. 

Solo dos años después estaba ingresando a la secundaria y en tres más a la preparatoria, todos ellos dentro del régimen de Luis Echeverría y posteriormente de José López Portillo. En 1977 radico por primera vez en Coahuila y luego regreso en el 1982 de forma definitiva. 

 

LA IZQUIERDA, EL ROCK, LA PSICODELIA Y EL POPULISMO 

Si no viví el movimiento del 68, sí me tocó vivir y con intensidad toda la década siguiente, que estaría marcada por el rock anglosajón, que le da origen al rock mexicano, y la psicodelia, que venía de la mano con el movimiento hippie y el inicio de la liberación sexual; apareció la izquierda en las preparatorias y universidades públicas mexicanas. Estábamos en el echeverriato, al cual se le puede considerar como el descarrilamiento del viejo régimen en un gobierno que reprimió con una mano y con la otra desató el populismo y una economía de estado desbocada.  

Fue también, y eso hay que señalarlo, la época dorada de Televisa, que inicia en 1963 como Telesistema Mexicano y toma un enorme impulso precisamente con los Juegos Olímpicos de 1968. Esta empresa marca, lamentablemente, parte de la cultura de la sociedad mexicana, especialmente de los medios populares, a partir de su aparición y ya como la conocemos en 1973, en el apogeo del periodo de Luis Echeverría.  

La adolescencia es una época dorada para cualquier persona, pero aquella época fue realmente muy fascinante en muchos aspectos de la sociedad y la cultura mexicana. La década de los setentas marca la cultura y sociedad del país hasta la fecha. 

Hoy muchos analistas opinan que a partir del 68 el país cambió para abrirse a la libertad de pensamiento y luego a la democracia, que fue el parte aguas entre el viejo régimen y una sociedad mexicana moderna; pero quienes hemos podido vivir el antes y el después, y sobre todo recorrer los cincuenta años transcurridos, como testigos profesionales de la información, sería irresponsable no reconocer que en algunos aspectos, no muchos, nos fue bien, pero en otros nos ha ido bastante mal. 

Después del 68 se esperaba una apertura democrática, pero Luis Echeverría recurrió al mimetismo tradicional del régimen revolucionario, por el cual coptó a gran parte de los principales actores políticos del movimiento estudiantil; adoptó un discurso de izquierdas y le abrió la puerta al populismo, modificando el modelo denominado de “desarrollo estabilizador” que funcionó hasta el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, quien inclusive se mostró siempre molesto por el alto costo de las olimpiadas, lo que le llevó a la creación del impuesto sobre tenencia de automóviles, que hasta la fecha sigue vigente. 

De un gasto público controlado cuidadosamente, una inversión orientada principalmente a infraestructura de beneficio social real, se pasó a un gasto gubernamental desmesurado y a la intervención del estado en la economía, con la creación de una enorme cantidad de empresas públicas y fideicomisos, casi todos ellos improductivos, además de la implementación de una serie de programas de corte populista. 

La mayoría de los expertos en economía coinciden en que Echeverría descarriló la economía mexicana. 

En su discurso de toma de posesión, entre muchas otras frases empleo ésta que se escucha como si hubiera sido dicha en la pasada campaña presidencial: “Más que realizar un programa de gobierno, ejecutaremos un programa del pueblo”. 

Pero en la práctica, por un lado aplicó una política represora en contra de los grupos más radicales de la izquierda, empleando inclusive las llamadas “brigadas blancas” o escuadrones de la muerte, integradas por militares vestidos de civiles, que eran el brazo de ejecución de lo que se denominó como la “guerra sucia”. 

Utilizó toda la perfidia y los recursos del estado para evitar la integración de nuevos partidos políticos o del fortalecimiento de los ya existentes; por ejemplo en Coahuila el candidato Oscar Flores Tapia no tuvo contrincante a la gubernatura en 1975 y sacó los votos que él quiso. 

El ambiente político era tal que en 1976, un año después, José López Portillo no tuvo tampoco contrincante a la presidencia de la república. El PAN, lejos de crecerse con la supuesta apertura política, se deprimió como organización y la izquierda se encontraba pulverizada. El candidato del PRI obtuvo también los votos que quiso en la elección presidencial, comenzando así un gobierno de excesos económicos que fueron la prolongación del periodo de Echeverría, sólo que en su caso con todo el dinero de los nuevos ingreso petroleros. 

Cuando la prensa y los medios intelectuales creían que había una mayor libertad de expresión, aunque efectivamente hubo un periodo de mayor apertura, vendrían golpes muy agresivos de parte del Estado. En junio de 1976 Luis Echeverría expulsó a Julio Scherer García de la dirección de Excelsior, entonces el periódico más importante del país, al mismo tiempo que le daba una gran fuerza a Televisa, que se convirtió en el principal medio noticioso del país, con una muy marcada línea gubernamental. 

 

TAMALES Y AGUA DE JAMAICA 

Este mismo gobierno de Luis Echeverría promovió una política de “mexicanismo”, empleando como personaje principal a su propia esposa, Esther Zuno de Echeverría, quien vestía ropa folklórica, promovía eventos de corte nacionalista y en los eventos públicos y de alto protocolo se servía pozole, tamales, agua de Jamaica y antojitos mexicanos tradicionales. Era el caso de reuniones con mandatarios extranjeros y eventos de carácter diplomático, además el toque en sus muchas giras internacionales, que fueron parte de la actividad frenética de este presidente. 

Increíblemente prohibió el rock en español después del llamado Movimiento de Avándaro o Avarandazo, por considerarlo social y culturalmente pernicioso. Las disqueras le dieron paso al rock and roll, una versión rosa e ingenua que se basaba principalmente en remarques traducidos del inglés. 

Todos los “ídolos” musicales eran figuras “light”, como se le denomina hoy. De cualquier forma el régimen no pudo impedir el ingreso del rock en inglés, porque era un gran negocio y la mayoría de las disqueras eran empresas de origen extranjero. 

Tampoco se pudo impedir que en este periodo iniciaran los pioneros de las grandes organizaciones productoras de drogas consideradas ilícitas. El régimen de Luis Echeverría coincide con la etapa definitiva de la guerra de Vietnam y la gran demanda de estupefacientes, algunos de ellos muy duros como la heroína y el LSD, es de hecho el origen del mercado del narcotráfico en Estados Unidos y en los países abastecedores, principalmente Colombia y México. 

La mayor parte de la efervescencia juvenil del periodo no se concreta en un movimiento social de mayor fondo ni en formaciones políticas estructuradas, en este sentido el régimen echeverrista fue bastante enérgico para mimetizarlo. 

Lo anterior no impidió que en gran parte de las universidades públicas se introdujera el marxismo-leninismo y la politización de las dirigencias estudiantiles, pero esto derivó desafortunadamente hacia el deterioro de la academia y de la calidad de las instituciones, con un fuerte desorden orgánico en muchas de ellas, sin que se tradujera en la formación de una nueva generación política que le diera la vuelta o al menos se plantara como una oposición amplia y viable ante el régimen, que siguió intacto. 

Ya en el gobierno de José López Portillo el régimen se encuentra en una situación sumamente incómoda. El PAN, siguiendo su signo histórico, no lanza candidato por fuertes divisiones internas y el Partido Comunista lanza como candidato sin registro al líder Valentín Campa, quien saca un millón de votos que tienen que ser anulados, pero políticamente no pueden ser pasados por alto, porque además había evidencia de que fueron bastantes más del millón. 

 

JESÚS REYES HEROLES 

En este escenario y para comenzar el gobierno de José López Portillo, aparece la figura de Jesús Reyes Heroles, un brillante político y abogado que toma la cartera de gobernación y se convierte en el autor intelectual e instrumentador de la llamada Reforma Política, en 1977. 

Constitucionalmente el régimen tenía que ser democrático y este mandato estaba en franco riesgo, por lo que Reyes Heroles convoca al diálogo y al debate que, iniciando en Chilpancingo, Guerrero, culminan con toda una serie de cambios legales que constituyen lo que se denomina como la Reforma Política, que es una apertura y un impulso democrático propiciado por el propio régimen, por medio de uno de sus hombres más inteligentes y destacados. 

Once años después del 68 fue Reyes Heroles el que concreta cambios específicos al sistema político y, desde su posición de Secretario de Gobernación, los conduce y lleva a término. Debió ser el siguiente presidente de la república, pero fallece en 1979. 

Si en lo político hubo cambios, en lo económico y en otros aspectos de la vida gubernamental, como la corrupción, las cosas fueron a peor. La frivolidad e irresponsabilidad de José López Portillo no tuvo límites, más cuando pierde a Reyes Heroles. 

Al concluir el sexenio, López Portillo deja al país sumido en una grave crisis económica; el peso se devalúa frente al dólar en 3100%, mientras que la inflación alcanza niveles de hasta un 100% anual. 

La elección de 1982, aun con la reforma política de 1977, refleja a un PAN con la incapacidad electoral que le caracterizaba, mientras que la izquierda, que participa con varios partidos, completamente pulverizada, obtiene una votación mínima. Miguel de la Madrid Hurtado, incluso con todos los excesos de López Portillo, obtuvo un aplastante 70.99% de la votación. 

De una economía con crecimientos del 6 y hasta el 7% anual hasta el periodo de Gustavo Díaz Ordaz, el país cae en su primera crisis económica desde el periodo post revolucionario, la que se repetiría en 1994. El crecimiento de la clase media, que había sido una constante de los gobiernos anteriores al de Luis Echeverría se detiene, lo que le daría fuerza a los partidos políticos, aunado al fenómeno del terremoto de 1985, donde la tibieza y mediocridad de Miguel de la Madrid se proyecta de forma contundente, generando la movilización de la sociedad civil. 

Del movimiento de 1968 al primer gobierno de alternancia tuvieron que transcurrir 32 años, y 50 para que se diera el primer gobierno de izquierda, que como sabemos inicia el próximo 1 de diciembre y sobre el cual existen muchas y muy diversas interrogantes, fincadas en el signo que parece caracterizarle: las contradicciones.

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