La lucha por el planeta, ecologistas e impostores

La lucha por el planeta, ecologistas e impostores

Por: Marcela Valles 

Mientras las garras empresariales y gubernamentales han vendido o destruido gran porcentaje del patrimonio natural de México, un país donde el único partido político ecológico por lo último que se preocupa es la conservación del ecosistema, el gobierno entrante promete el Tren Maya, un ambicioso proyecto turístico que podría más bien ser nocivo para el medio ambiente y tal vez innecesario.

Sentarse frente a una computadora y escribir sobre la gran preocupación que se tiene por la devastación del planeta, pronunciar discursos exhortando a cuidar el medio ambiente, escribir canciones y poesía sobre la hermosura de la naturaleza y muchas otras actividades que lo parecen no representan un verdadero compromiso con la ecología. 

No puedes ser, por ejemplo, una publicación que habla sobre sitios naturales, ecosistemas y cosas similares pero buscas la publicidad de una empresa que es un predador del medio ambiente; eso te hace contradictorio y un impostor de la lucha ecológica. 

También es una impostura denunciar la devastación de un ecosistema pero no denunciar a las empresas o gobiernos responsables de ello. 

En la opinión del ex vicepresidente estadunidense Al Gore, uno de los más importantes activistas en pro del medio ambiente a nivel mundial, la lucha por el planeta es mucho más concreta, va directa a la denuncia de las acciones y los intereses del capital y de los gobiernos que defienden y hasta promueven dichos intereses.  

Ser ecologista de forma seria implica militar, no ser un simpatizante holgazán sentado en un escritorio o tirado en su cama conectado al internet. El Partido Verde Ecologista de México, PEVM es una vergüenza y una cueva de ladrones, dirigidos por una familia que es dueña del partido, cuando los partidos ecologistas de los países desarrollados son de lo más comprometido y progresista que existe en el medio político. 

Este verano el gobierno de Querétaro tomó una decisión muy sencilla pero muy concreta en pro del medio ambiente: eliminar las bolsas de plástico en todos los establecimientos comerciales, con lo cual se dejarán de consumir millones de bolsas cada año, regresando a “las bolsas para el mandado” que utilizaron originalmente nuestros padres, cuando no existían siquiera las enormes cadenas de supermercados que hoy conocemos, sino los mercados tradicionales. 

Ésa es una medida concreta en pro del medio ambiente; una acción que deberían haber tomado hace mucho tiempo los gobiernos estatales de todo el país. 

En la comarca lagunera, por la corrupción de los empresarios coludidos con los gobiernos, no se ha podido controlar la explotación de los acuíferos y, todo indica, que lo que hoy llamamos Conagua seguirá protegiendo esos intereses hasta que los acuíferos se agoten, a menos que el nuevo gobierno federal nos dé una sorpresa en cuanto a las políticas y medidas concretas sobre el control del manejo de las reservas de agua. 

Los medios de comunicación, hay que decirlo, viven de la publicidad, principalmente de industria privada y, en menor medida, de la gubernamental. Hay una autocensura para no hablar a fondo de muchos temas, sobre todo si éstos son muy delicados en relación a la explotación del medio ambiente o al cuidado del mismo.

Los partidos ecologistas de los países desarrollados son de lo más comprometido y progresista que existe en el medio político. Y en México, uno de los países más ricos ecológicamente a nivel mundial, vergonzosamente tenemos al Partido Verde Ecologista, PVEM, un negocio familiar tan falso que internacionalmente es repudiado por los verdaderos partidos verdes. 

En el último medio siglo la serranía de Durango, considerada como la reserva boscosa más importante de todo el norte de México, ha sido devastada, pero casi nunca los medios de comunicación de Durango documentan esa sobreexplotación, con datos específicos y el nombre de las empresas que lo hacen. GIDUSA (Grupo Industrial Durango) es sencillamente intocable, mientras tanto cada año se pierden más y más hectáreas de bosque y “la fábrica de agua” pone en peligro muchos ecosistemas, pero los empresarios de Sinaloa y de La Laguna prosperan, tanto que ya no hallan en qué invertir todo el dinero que ganan. 

LA DESTRUCCIÓN DE LAS SELVAS 

En el último medio siglo el país ha perdido cientos de miles de hectáreas de selvas vírgenes, en el sur-sureste del país y en los litorales. 

El principal devastador de nuestras selvas son los ganaderos, ya sea campesinos o grandes propietarios y la aplicación de políticas agrícolas absurdas, como el plantar maíz para consumo humano y granos forrajeros para los animales en regiones que claramente tienen otra vocación, para lo cual hay que destruir la selva tropical, arrasándola literalmente. 

Tabasco, Chiapas, Campeche, Quintana Roo, Jalisco, Michoacán y Guerrero son sólo un ejemplo de ello.  

Lo que eran selvas impenetrables por su densidad vegetal, son hoy agostaderos y terrenos de sembradío y, para colmo, con un muy bajo nivel de eficiencia si se les compara, por ejemplo, a un estado norteamericano como Texas.   

Ahora llega la noticia de que el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha decidido la construcción de un tren que, en principio, será turístico y tal vez de carga, para conectar a todo lo que se conoce como el mundo maya, específicamente a las cinco metrópolis mayas que son más conocidas: Tulum, Calakmul, Chichen Itzá, Uxmal y Palenque. 

Desde el punto de vista de la arqueología y de la ecología este proyecto puede tener repercusiones delicadas si no se le maneja responsablemente, más si considera que muchas decisiones se están tomando sobre las rodillas, sin primero analizar aspectos como la arqueología, la protección del medio ambiente, la cultura de los pueblos mayas, pero sobre todo la industria turística. 

Los empresarios del turismo se muestran desconcertados, primero porque desconocen en qué consistirá este proyecto, el cual realmente no se ha elaborado todavía y, segundo, porque se utilizarán para su construcción los recursos del fondo de promoción turística a nivel internacional, que se quedaría sin un peso por 25 años. 

En la opinión de Pablo Azcárraga, presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico, se estaría “matando la gallinas de los huevos de oro. México está ubicado ahorita ya en el sexto lugar mundial como destino turístico, pero eso ha implicado mucho trabajo y una gran labor de promoción, lo que ha impedido, por ejemplo, que las advertencias preventivas que se le ponen a varias regiones de México no hayan afectado la afluencia de turistas internacionales”, comentó a El Financiero Bloomers.  

Ya Chichen Itzá, Uxmal, Palenque y Tulum tienen una afluencia turística millonaria. En el 2013 Chichen Itzá recibió 2 millones 200 mil visitantes, de acuerdo a cifras del INAH, lo que debe representar un ingreso muy considerable. 

Me tocó regresar a Chichen Itzá hace cuatro años y fue para llevarme una sorpresa sumamente desagradable. Los pasillos de la zona arqueológica estaban invadidos de vendedores de chácharas y artesanías. En el colmo, uno de los tenderetes tenía amarrada una lona de la valla de protección del observatorio. 

Anteriormente sólo había dos tabaretes grandes de lámina en uno de los pasillos y otro a tan solo unos 30 metros del cenote sagrado, lo que ya era absurdo, pero lo que me encontré hace cuatro años era insultante: un monumento a la corrupción y la ineficiencia de algunos funcionarios del INAH o alguien que tiene la capacidad de mandar sobre ellos. 

Todas las zonas arqueológicas que pretende unir el nuevo tren están ubicadas en la península de Yucatán, pero en puntos muy diferentes. Además, se debe considerar que en el 2013 las zonas arqueológicas del país recibieron 11 millones 880 mil 716 visitantes (datos oficiales del INAH); ya existe toda una infraestructura de servicios que está cubriendo las necesidades de los turistas, las cuales, por lo que se declara a los medios, ni tan siquiera han sido evaluadas previamente. 

Actualmente la afluencia de turistas a las zonas arqueológicas debe de estar sobre los 14 millones, algo que representa un negocio muy importante. 

Esa última visita que hice hace cuatro años, fue partiendo de la zona hotelera de Cancún y se trata de un servicio cómodo, pero muy malo desde el punto de vista arqueológico, no así del negocio, porque el autobús hace una serie de paradas en pueblos mayas para que el turista trate de comprar joyería, artesanías, comida, chucherías, de tal manera que habiendo salido temprano llegamos a Chichen Itzá tan solo una hora y media antes de que cerraran y, para colmo, caía una llovizna que estaba anunciada y a los encargados del tour no les importó. Hubo muchas molestias, sobre todo de los extranjeros, a quienes les vendieron un viaje a Chichen Itzá, no un recorrido de compras por los pueblos mayas. 

Esto del turismo en zonas arqueológicas es algo muy delicado, pues no se trata de ir a la playa o a un hotel de playa o de pueblo colonial, sino a zonas arqueológicas que tienen un valor incalculable y un frágil equilibrio, debido a toda la presión que comienzan a sufrir con la visita de esos millones de turistas, los cuales pueden causar daños irreversibles a las ruinas. 

México está explotando hoy uno de los tesoros arqueológicos más extraordinarios del mundo, gracias a que la selva los protegió por casi seis siglos, pero habrá que plantearse si estamos haciendo lo correcto en varios sentidos. 

Si el INAH ingresa el pago de 14 millones de turistas, no se ve en qué esté empleando tan importantes recursos. 

No han demostrado que el anunciado tren sea rentable económicamente, pero es vital plantearse la cuestión ecológica, pues atravesará la selva, pantanos, humedales, lagunas, ríos y están incluyendo a Calakmul, que es la reserva de la biósfera más importante del país, reconocida por la UNESCO, lo que es un tema muy delicado a nivel nacional e internacional. Es de lo poco que nos queda de las selvas tropicales que existían en el país todavía a principios del siglo pasado. 

CALAKMUL Y EL CUIDADO DE LA SELVA 

Me ha llevado muchos años recorrer todas las zonas arqueológicas del país. Sólo los vestigios del mundo maya requieren de varios viajes y de mucho entusiasmo porque es un área sumamente extensa que abarca toda la península de Yucatán, Chiapas y Guatemala. 

Uno de los destinos más fascinantes es Calakmul, porque es uno de los más apartados y requiere de un viaje exprofeso de al menos dos días, lo que muchos turistas no están dispuestos a realizar. 

Calakmul combina dos aspectos únicos: es la zona arqueológica de una de las más grandes ciudades estado del mundo maya pero, al mismo tiempo, se encuentra ubicada dentro de la reserva de la biosfera más importante del país, lo que hace doble su atractivo, además de estar muy cercana a otras dos zonas arqueológicas de menor importancia, pero muy interesante una de ellas. 

Existen sólo dos formas de ir hasta Calakmul: rentando un vehículo en Ciudad de Carmen, Campeche, y de ahí trasladarse por una angosta y mal equipada carretera, que pasa por Escárcega, y seguir hasta un pequeño poblado llamado Xpujil. Es la carretera 186 que va hasta Chetumal, Quintana Roo. 

La otra forma es venir desde Cancún o Playa del Carmen, bajar hasta encontrar la misma carreta 186 y recorrerla en sentido contrario hasta el mismo poblado de Xpujil. 

Xpujil es, por lo menos hace todavía seis años, un poblado donde hay sólo dos o tres hostales rústicos para hospedarse y dos o tres lugares también rústicos para comer. No se podían utilizar tarjetas de crédito, no había ningún cajero automático, mucho menos otro tipo de servicios. 

Lo más recomendable es realizar el viaje a finales de octubre, en noviembre o en diciembre, porque la mayor parte del año hay un calor y un nivel de humedad tremendos.  

Si se programa bien el viaje hasta Xpujil, se puede aprovechar la tarde para visitar Becán, una ciudad maya relativamente chica pero interesante, que tiene la particularidad de estar rodeada de un foso de protección, como ciudad medieval, además de otros elementos importantes. 

El siguiente día habrá que levantarse muy temprano, de madrugada, para emprender el viaje a Calakmul, que está cercano por la 186, pero de la carretera 186 a la zona arqueológica hay todavía 60 kilómetros; ahí comienza el disfrute de la reserva de la biósfera. 

A medida que el vehículo se adentra en la selva, la carretera se angosta porque la vegetación invade los costados, pero comienzan a aparecer unos hermosos pavos azules, pájaros de los más diversos colores y toda una fauna que ignora por completo que deambula o atraviesa una carretera. 

Con la debida precaución, se pueden hacer paradas para realizar recorridos cercanos entre la selva, que ofrece paisajes fascinantes, como pantanos y pequeñas lagunas en medio de una vegetación increíble. Es el mundo selvático original de esta parte de México. 

Nos tocó, por ejemplo, acercarnos a una hermosa aguada, pero en el breve trayecto, sin siquiera imaginarlo, de pronto estábamos debajo de una manada de monos negros, a los cuales les habíamos invadido su territorio. El macho, como debe de ser, hizo lo propio: se deslizó desde la copa de un árbol hasta las ramas más bajas y nos comenzó a aullar de manera horrible, intimidante, abandonamos de inmediato su territorio y la manada de monos, que era muy grande, desapareció entre las copas de los árboles. 

Finalmente se arriba a la zona arqueológica, que tiene instalaciones de servicio muy modestas y, salvo nosotros, los pocos visitantes eran todos extranjeros, alemanes de edad madura la mayoría de ellos.  

Calakmul, según explica la bibliografía, significa el lugar de los dos montículos y nada es más fiel a eso. La zona que se encuentra escavada y en exhibición, abarca apenas entre un diez y un quince por ciento de la metrópoli, que debió de ser enorme. 

Si el proyecto se aventura a tocar zonas selváticas y en general zonas naturales que requieren de protección, más que de un tren turístico para acarrear turistas que ya hoy tienen resueltos los servicios de traslado, habrá polémica y habrá pugna con los defensores de la conservación de los recursos naturales e históricos.

Una de las dos pirámides principales se encuentra restaurada parcialmente y la otra sólo deja ver la parte frontal, pero en ruinas; son gigantescas. En Calakmul se encuentra grandeza, más que belleza. 

Trepar a esa pirámide es un esfuerzo físico para gente joven. Desde la cima, que se reduce a un espacio no mayor de 40 metros cuadrados, se puede apreciar la inmensidad de la selva, la frontera próxima con Guatemala y las águilas que planean suavemente en los alrededores. No se puede pedir algo más espectacular de un mundo prehispánico que desapareció de una forma misteriosa y la selva tropical que recuperó todo su esplendor cuando el hombre se fue. 

Desde 1989 Calakmul fue decretada como reserva de la biosfera maya ante la UNESCO. Tiene una extensión de 723 mil 185 hectáreas, 1’500 especies de plantas (de las cuales un 10% es endémica de la zona), 358 especies de aves, 75 especies de reptiles, 18 especies de anfibios, 31 especies de peces, 380 de mariposas y 86 de mamíferos, entre ellos el jaguar, que tiene aquí lo que los biólogos consideran como una de sus últimas dos reservas. 

Comparado a zonas arqueológicas como Palenque, Cichen Itzá y Uxmal, Calakmul recibe una cantidad muy modesta de visitantes, primero por su ubicación más distante y acceso más complicado, pero además porque es una de las zonas arqueológicas que requieren mayor inversión en el trabajo de excavación y restauración. 

Ha habido descubrimientos muy interesantes sobre murales interiores en los últimos años, pero, por ejemplo, la tumba más importante que se ha descubierto, que incluye los restos de un gobernante, se encuentra en exhibición en el Fuerte de Santiago, en la ciudad de Campeche, porque en Calakmu no hay, por lo menos hace seis años, un museo de sitio, como el que existe en Palenque y en otros lugares, aunque la mayoría de los restos importantes que han sido extraídos de las ciudades mayas se los lleva el INAH. 

Por ley la reserva de la biosfera maya no se puede tocar y la zona arqueológica requiere de una gran inversión, que suponemos debe de provenir de todos esos ingresos que está dejando la explotación comercial a que están siendo sujetas las otras zonas arqueológicas mayas. Este lugar es un santuario, un tesoro natural del país. 

Es evidente que se requieren mejorar los servicios turísticos que se ofrecen hoy en el poblado de Xpujil, pero se requiere sumo cuidado en la explotación turística de la zona, pues Calakmul, aun siendo la reserva más importante, es muy pequeña si se toma en cuenta las dimensiones originales que tuvo la selva de lo que fue el mundo maya, que en las versiones más recientes de los arqueólogos aparentemente sucumbió a la explotación por parte de una población que se volvió demasiado grande para soportar todo ese impacto. 

No se sabe en qué consiste ese nuevo proyecto de construir un tren turístico que recorrerá 1,500 kilómetros de los territorios mayas, porque es un proyecto prometido por Andrés Manuel López en su campaña, sin haber realizado antes ningún tipo de estudio, ni siquiera económico, mucho menos ambiental y arqueológico. 

Si el proyecto se aventura a tocar zonas selváticas y en general zonas naturales que requieren de protección, más que de un tren turístico para acarrear turistas que ya hoy tienen resueltos los servicios de traslado, habrá polémica y habrá pugna con los defensores de la conservación de los recursos naturales e históricos. 

El tal proyecto del tren turístico, de la forma en que se ha planteado hasta hoy, no resuelve el problema de la economía de las comunidades más pobres de los estados mayas, pero sí puede meterle más presión a lo poco que queda de la selva y al patrimonio arqueológico, que no está debidamente cuidado y sufre ya de un desgaste importante.

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