INDIGENTES TORREONENSES: UN PROBLEMA CRECIENTE Y DESATENDIDO

INDIGENTES TORREONENSES: UN PROBLEMA CRECIENTE Y DESATENDIDO

Por: Grisel López Manzanares

Basta con caminar algunas cuadras por el centro de Torreón, ya sea por sus plazas públicas o entre el ruido visual descontrolado, para darse cuenta de las personas indigentes que habitan sus escalones, sus esquinas, sus sombras. Y si ese primer cuadro se recorre de noche, es fácil perder la cuenta de los cuerpos grises durmiendo contra cortinas metálicas, muros de piedra, refugiados de la indiferencia ciudadana y la apatía gubernamental.

La Zona Centro de Torreón se ve inundada por automóviles, transporte público, peatones, trabajadores, vendedores ambulantes, centenares de establecimientos y otros más puestos ambulantes, ruido automovilístico, ruido generado por las zapaterías que tienen equipos de sonido con “canciones del momento” para atraer clientes y el bullicio del mar de personas que transitan por el área. Dentro de todo esto, existen “personajes” integrados en el paisaje: los indigentes.

La evasión ante esta realidad -tanto por parte de la ciudadanía como del gobierno- ha logrado que el número de indigentes en la ciudad haya aumentado año con año sin tener un plan o propuesta prevista ante esta creciente problemática.

Cuando una persona transita regularmente por espacios altamente concurridos, es difícil que se tome el tiempo para detenerse a prestar atención al entorno. La prisa por llegar a tiempo al trabajo, el cansancio, lo abrumante que puede llegar a ser transitar en el exterior, la rutina y monotonía nos pueden privar de siquiera considerar tomar el tiempo para detenerse y observar.

También, la negación y rechazo ante cosas que nos hacen sentir incómodos hace que no queramos prestar atención a estas personas que tienen un estilo de vida muy ajeno a lo que la mayoría de la ciudadanía aspira.

En el año 2012 la representante de la Asociación Civil “Dios Es Clemente Y Misericordioso”, Lucía Barbalena Espinoza, destacó que “tan solo en la cabecera municipal podrían recorrer las calles alrededor de 50 personas en dichas condiciones”. Seis años después es visible el aumento de esta cifra aunque no hay un estudio que pueda arrojar datos exactos.

Ese mismo año, Barbalena y su esposo Marcial Aguilar, presidente de la misma organización, buscaron incentivar una ley que vea por los derechos de los indigentes, para que estos sean respetados y tratados como cualquier civil y facilitar un procedimiento para que puedan darse de alta en el Seguro Social y recibir la atención que les corresponde por derecho. No se ha vuelto a retomar el tema.

Fotografía: Ana Elena González Díaz

Existen dos albergues municipales donde las personas pueden ir y obtener tres comidas al día y lugar para pasar la noche: uno está ubicado en el Auditorio Municipal y el segundo en la Unidad Deportiva. El segundo mencionado se habilitó hace menos de un año, el 15 de noviembre del 2017, con el motivo principal de la temporada invernal. Tiene una capacidad para 100 personas y los usuarios disponen de tres días de estadía, luego se rotan los lugares.

Los encargados de estos espacios comentan que sólo brindan apoyo a un promedio de 15 personas al día (las cuales principalmente sólo van de paso por la ciudad) y la cifra puede llegar a aumentar a 22 personas en temporada de frío, que es cuando más buscan refugio nocturno.

El que no exista capacitación alguna dentro de las mismas autoridades para tratar con esta problemática se ve reflejado en la dificultad para que estas personas accedan a los albergues en temporada de verano; sólo buscan un espacio donde refugiarse cuando las bajas temperaturas golpean la ciudad. Si son pocas las personas que atienden los albergues municipales y la cantidad de indigentes es alta, probablemente lo que no está funcionando es el método.

Actualmente no hay alguna dependencia o autoridad que atienda directamente este problema social. Los albergues tanto municipales como de asociaciones civiles buscan dar refugio provisional a estas personas, mas no existe algún plan para ser auxiliados, tratados, darles el apoyo psicológico necesario y de ser posible reintegrarse a la sociedad. No se está solucionando el problema, sólo es un placebo para que puedan seguir en la misma situación.

Dentro del vasto diccionario de asociaciones civiles en La Laguna, el 70% se enfoca a los niños y jóvenes, un 20% a ancianos y el 10% restante es diverso entre refugios de animales, derechos de los ciclistas, apoyo a mujeres y centros de salud mental (rubro en el cual entran los indigentes ante estas asociaciones).

Este año Astrid Casale Zermeño, presidenta honoraria del DIF de Torreón, en conjunto con la asociación “Vida Centro de Salud Mental” iniciaron un curso con la finalidad de capacitar al equipo del DIF con información y herramientas necesarias para poder abordar a personas indigentes con problemas de salud mental de manera adecuada y positiva.

La presidenta honoraria declaró ante un medio local la importancia de conocer los protocolos de acción adecuados: “debemos participar de manera responsable, con este curso se nos capacitará para posteriormente establecer un programa de acción y en un siguiente paso, también replicar esta información a la sociedad en general”.

Todo parece indicar que comienzan a tomar cartas sobre el asunto, sin embargo es prudente resaltar que esto es un pequeño preámbulo y se busca tratar con las personas que vagan por la ciudad con dicho perfil de “problemas de salud mental”, mas está muy alejado de ser una solución al constante crecimiento en el número de indigentes.

Si las autoridades descuidan esta problemática, crecerá al punto de comenzar a notarse como lo que gravemente es: un reflejo de la alta población bajo estas condiciones de precariedad y nula atención social. Preguntémoslo desde la que parece ser la visión de nuestros gobiernos: ¿puede costear el gobierno una problemática que implique darle manutención a personas que no “retribuyen” algo a esta misma dependencia?

Aunque estas personas busquen apartarse de la sociedad, tienen un rol y se encuentran inmersos en ella, viven de ella. Aunque actualmente para unos cuantos ciudadanos compartir el espacio cercano con migrantes sólo es un breve momento el cual les puede causar incomodidad, si aumenta el número, será una breve incomodidad constante que llevará a un hartazgo.

Fotografías: Ana Elena González Díaz

ASESINO DE INDIGENTES

En la primer mitad del año, el 28 de abril, otros dos menesterosos fueron encontrados sin vida en diferentes puntos de la ciudad, uno en la colonia Ana, de Torreón, y el segundo en la colonia Ex Hacienda los Ángeles. En el segundo caso, los vecinos de la colonia reconocieron al indigente y resaltaron sus problemas de adicción.

Durante el mes de julio, se levantó la sospecha de un “asesino de indigentes”.

El 7 de julio, sobre la Avenida Juárez en la colonia Nueva California, se localizó el cuerpo de un indigente en la azotea de un puesto de comida frente a la central camionera. Se confirmó que fue asesinado por una arma punzocortante generando heridas en el pecho.

Cuatro días después, el 11 de julio en la colonia Metalúrgica cerca del bulevar Nueva Laguna y las vías del tren, fue encontrado un hombre indigente de aproximadamente 40 años en un charco de sangre. Tras la necropsia y el peritaje fue determinado con el mismo patrón: muerte causada por heridas en el pecho con arma punzo cortante.

Inevitablemente ambos eventos provocaron a las autoridades ministeriales a abrir una averiguación para dar con el responsable, sin embargo, no se ha publicado más sobre el tema.

Para este artículo se intentó abordar a menesterosos que habitan por la zona centro, principalmente cerca de la Alameda y en el mercado Alianza, sin embargo no hubo éxito alguno. Los indigentes (no se coincidió con alguna fémina en esta situación) estaban demasiado alcoholizados o drogados como para poder mantener una conversación y otro porcentaje que se negaba rotundamente siquiera a una aproximación.

No se puede dejar de lado un punto importante a aclarar: el que estas personas sean vistas como indigentes y “excluidos sociales” (lo cual los liga automáticamente a tener un problema de salud mental) está basado en algo mayor: un sistema capitalista que requiere de personas que tengan capacidad de producción y adquisición, lo cual lo convierte en una problemática social a partir de un sistema económico cuasi mundial que determina esto, por ende casi todas las ciudades y países lo tienen.

Por el momento sólo brotan preguntas más allá de soluciones ante esta situación. ¿Hacia quién es prudente voltear y pedir propuestas de solución para dilatar el crecimiento en número de personas viviendo en esta situación? ¿Es esto las consecuencias a pagar de nuestro sistema? ¿Quiénes realmente terminarán pagando por el cuidado y manutención de los indigentes? ¿Se convertirá en una problemática urbana más con la cual la ciudadanía simplemente se normalizará?

Fotografías: Ana Elena González Díaz
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