CHAQUETEAR: DEL REPUDIO A LA PREMIACIÓN

CHAQUETEAR: DEL REPUDIO A LA PREMIACIÓN

Sobre la moda de cambiarse de partido
Por: Marcela Valles

De acuerdo al diccionario de la Real Academia, el verbo chaquetear tendría tres usos principales: Huir ante el enemigo; acobardarse ante una dificultad y, el más usado, cambiar de bando o partido por conveniencia personal.

En el mundo militar, especialmente en estado de guerra, chaquetear suele estar condenado con la pena de muerte.

En el ámbito privado es tenido como una traición o una falta de honor o ética personal, pero esto se ha vuelto, como la moral, algo sumamente laxo en nuestra sociedad y cultura,; aun así la lealtad sigue siendo un valor exigido y considerado como muy importante.

En el medio político, donde esta actividad se realiza a través de partidos que tienen una ideología y una doctrina que es de dominio público y los define ante la sociedad, chaquetear estaba considerado como un acto grave; una traición a los principios y a esa doctrina que se ha profesado por años y en la cual, la mayoría de las veces, se ha crecido.

Lo anterior es más contundente si el chaqueteo se da como lo define la academia: el cambiar de bando o partido por conveniencia personal, no por un conflicto de coherencia con cierta ética o la revisión de la ideología personal, algo que sucede en la adolescencia y en la temprana juventud, no en políticos maduros que ya han tenido cargos de poder, han recibido importantes beneficios y aspiran a tener más, lo que no encuentran dentro de su partido.

Para vergüenza del honor y la ética, en el proceso electoral del pasado primero de julio el chaquetear pareció convertirse en una moda, que no sólo no se condena sino que se premia; en ocasiones hasta se ostenta como un trofeo.

Para asombro de todos, AMLO incorporó, después de “perdonarlos”, a personas como Germán Martínez Cázares, dos veces diputado federal por el PAN, miembro del gabinete de Felipe Calderón Hinojosa nada menos que como Secretario de la Función Pública y presidente nacional de ese partido del 2007 al 2009.

Martínez Cázares, un abogado de 51 años de edad, chaquetea para pasarse a Morena y recibe como compensación una senaduría plurinominal, cuando considera que sus posibilidades de crecimiento político ya son muy pocas dentro del PAN.

Se le consideraba como amigo personal del ex presidente Felipe Calderón, de quien es paisano y compañero de lucha política dentro del panismo; además fue designado como presidente nacional del PAN por el propio Felipe Calderón, como aspirante único y con una votación de 341 consejeros, pero tuvo que renunciar debido a los malos resultados presentados en las elecciones de 2009.

Hoy es morenista y tendrá todos los beneficios de una senaduría, sin haber hecho siquiera una campaña para obtener el cargo, pues la perdería de modo contundente.

Como encargado que fue de la Secretaría de la Función Pública posee mucha información confidencial sobre el periodo gubernamental de Felipe Calderón, lo que seguramente utilizará como un escudo que lo proteja de las críticas de sus ex compañeros panistas.

“Le pido perdón a los mexicanos por haber llamado a votar por Vicente Fox”.
-Germán Martínez Cázares

DE NATURALEZA: CHAQUETERO

Si el caso de Germán Martínez asombró al medio político por el pragmatismo tan descarnado, la adopción de Manuel Espino Barrientos, también dos veces diputado federal y ex dirigente nacional del PAN, se considera como aberrante, por ser un personaje de un perfil aún más torvo y miembro de la ultraderecha; por cierto, originario de Durango, Durango.

Manuel Espino fue reclutado y formado por la organización conocida como El Yunque, por medio de la cual se conecta primero a Sonora y posteriormente se pasa a Ciudad Juárez.

Sucede en el cargo a Luis Felipe Bravo Mena, para dirigir al PAN del 2005 al 2007, donde obtiene resultados electorales muy importantes, no por sí sino por el partido y por la organización a la que pertenecía.

Es el dirigente del PAN en el proceso de sucesión presidencial por el cual gana Felipe Calderón Hinojosa, que le da al PAN también su más importante presencia histórica en la Cámara de Diputados y Senadores, además de muchos otros cargos en los estados.

Ambicioso, entre otras características personales poco edificantes, Espino Barrientos considera que no es debidamente recompensado políticamente por su desempeño como dirigente nacional del PAN, lo que le pone en conflicto primero con el partido y después con el propio Yunque, al cual ha negado públicamente pertenecer, pero las evidencias dejan en claro que tan lo fue que le confiaron la dirigencia nacional del PAN para un periodo de suma importancia.

Expulsado del partido y enfrentado con la organización que lo hizo políticamente, se instala en Ciudad Juárez, donde se dedica a diversas actividades privadas y públicas, ninguna de ellas de especial relevancia.

Ahora, de pronto, reaparece en el equipo de AMLO y es designado como enlace con las organizaciones de la sociedad civil, donde, dado su pasado, es muy probable que tenga muchos problemas para poder ser aceptado, porque en muchos aspectos sigue siendo un político de extrema derecha que piensa en consecuencia sobre muchos temas delicados, opiniones que además externa.

Una de sus características o defectos políticos es precisamente que se muestra arrogante y expone sus puntos de vista sin tomar en cuenta la tolerancia, algo que es muy delicado si se consideran las tendencias de la política de hoy y más, en lo que será un gobierno de izquierda, con un ala moderada pero también con un ala radical, agresiva.

No sólo cambiarse de partido es chaquetear, sino el cometer ciertos actos de venganza en contra de miembros del mismo partido, conscientes de que se puede provocar un daño a estos en beneficio de sus adversarios.

Ernesto Cordero Arroyo es un tecnócrata de muy vieja militancia panista, quien ha realizado toda una carrera dentro de la burocracia federal y alcanzado dos veces una Secretaría de Estado y una senaduría gracias a su relación con Felipe Calderón Hinojosa.

Hombre en apariencia pequeño en su estatura moral, primero busca ser candidato a la presidencia de la república, posición para la cual no tenía el perfil adecuado, pero lejos de reconocerlo ataca a Josefina Vázquez Mota, quien tampoco tenía la suficiente capacidad; Cordero ayuda a deteriorar una imagen que ya por si misma nunca alcanzó a levantar y le abrió paso al regreso del PRI a la presidencia de la república, específicamente a Enrique Peña Nieto.

En la campaña de este 2018, y, algo todavía más reprobable, como presidente del senado, le hace el trabajo sucio al equipo de Enrique Peña Nieto, primero encabezando a un grupo de senadores panistas para sumarse a la campaña de José Antonio Meade y, ya en la parte final de la campaña, solicitando que se investigara y castigara por corrupción a Ricardo Anaya Cortés, el candidato de su partido.

Ricardo Anaya nunca fue el candidato adecuado del PAN y se impuso utilizando la presidencia de su partido, por medios hasta ahora no claros, pero ante el fracaso de la campaña de José Antonio Meade, el candidato de Peña Nieto, se utiliza el aparato gubernamental y la delación de miembros de la cúpula panista para acusarle de los delitos de lavado, de dinero, tráfico de influencias, evasión fiscal, más los que le resultaran.

Esta denuncia, que fue apoyada por muchos medios importantes de comunicación, golpeo fuerte la campaña de Anaya Cortés, reforzando el crecimiento de las tendencias en favor de AMLO, que ya había resultado beneficiado con la designación de José Antonio Meade por el PRI.

La polémica estuvo un buen tiempo en los medios, pero fue bajando mucho en la parte final de la campaña, donde el PRI se fue hasta un distante tercer lugar y Anaya parecía poder crecer en su posición como segundo, de ahí la intención de Peña Nieto de invertir esa tendencia.

“El verdadero peligro para México era Felipe Calderón. Nos llevó a una guerra absurda,
sin estrategia, que ensangrentó al país.” -Manuel Espino Barrientos

 

Ernesto Cordero se prestó a reavivar la polémica en el momento más importante de la campaña.
¿Por qué utilizar a Ernesto Cordero y no proseguir a través de la PGR? La razón era bien simple: Ricardo Anaya, de alguna manera, había logrado colocar en la opinión pública la idea de que la denuncia en su contra era un uso de la PGR y el propio Peña Nieto para golpear su campaña, lo cual le quitaba eficacia al golpeo, de ahí la idea de que fuera el presidente del senado y un importante panista quien retomara la denuncia.

Es posible que Anaya Cortés haya cometido tales delitos o no, pero eso le correspondía a los órganos judiciales, en su tiempo y forma, no emplear el asunto como un instrumento de ataque político, pero Ernesto Cordero actúa por venganza política en contra del candidato de su propio partido. Chaquetea y seguramente obtuvo u obtendrá beneficio de ello.

Es imposible hacer un listado de los políticos que chaquetearon en el pasado proceso electoral, primero porque son muchísimos y, segundo, porque el chaqueteo aún no termina y se prolongará por lo menos hasta el mes de diciembre, cuando tome posesión el nuevo gobierno que encabezará AMLO.

Además de que el chaqueteo es una forma de corrupción moral, debe de ser muy riesgoso encabezar un gobierno y una nueva formación política que estará plagada de chaqueteros.

Será algo así como dormir con el enemigo, aunque López Obrador afirma que dormirá muy poco. Tal vez, aunque es posible que su equipo de médicos piense distinto.

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